En 2025, el Perú marcó un precedente mundial al reconocer oficialmente a las abejas sin aguijón de la Amazonía como sujetos de derecho, convirtiéndose en el primer país en otorgar protección jurídica explícita a insectos por su valor ecológico y cultural. La medida establece garantías legales orientadas a asegurar su existencia, la conservación de su hábitat y su supervivencia a largo plazo.
El reconocimiento se concretó a través de ordenanzas municipales aprobadas en territorios amazónicos como Satipo y Nauta, donde las autoridades locales establecieron un marco normativo que protege a estas especies nativas frente a amenazas derivadas de actividades humanas. Con ello, se avanzó más allá de las políticas tradicionales de conservación ambiental.
Estas normas locales no solo reconocen la importancia de las abejas sin aguijón, también las incorporan como actores jurídicos con derechos específicos, lo que implica obligaciones concretas para el Estado y para quienes desarrollan actividades productivas en sus territorios.
Importancia ecológica y amenazas a su supervivencia
A diferencia de la abeja europea introducida en América, las abejas sin aguijón (tribu Meliponini) habitan la Amazonía desde hace miles de años. No pican, no invaden otros ecosistemas y cumplen un rol central en la polinización de la flora amazónica, sosteniendo ciclos forestales esenciales para la regeneración de la selva.
Estas especies hacen posible el desarrollo de cultivos estratégicos como cacao, café y diversas frutas amazónicas, tanto en sistemas agrícolas como agroforestales. Su desaparición tendría un impacto directo en la biodiversidad y en la seguridad alimentaria de las comunidades locales.
Sin embargo, su supervivencia se encuentra amenazada por una combinación de factores que actúan de forma simultánea: deforestación acelerada, uso de pesticidas, cambio climático y la presión de especies invasoras, especialmente las abejas africanizadas, que desplazan a las especies nativas y alteran los equilibrios ecológicos.
Impulso indígena y aporte científico
El proceso que llevó al reconocimiento legal de estas abejas no se originó en instancias centrales del Estado, sino en el trabajo sostenido de comunidades indígenas, investigadores y autoridades locales. Durante años, se documentó el deterioro de las poblaciones de abejas sin aguijón y su relación directa con la pérdida de bosque.
Durante la pandemia, el uso tradicional de su miel como remedio medicinal despertó un nuevo interés científico. Investigaciones posteriores confirmaron la presencia de compuestos con propiedades antibacterianas, antiinflamatorias y antioxidantes, reforzando su valor no solo ecológico, sino también sanitario y cultural.
Este diálogo entre conocimiento ancestral y ciencia moderna permitió sustentar técnicamente la necesidad de protección jurídica, demostrando que estas abejas no son un recurso productivo más, sino una pieza clave del sistema vivo amazónico.
Cambio de enfoque legal y precedente internacional
Con el reconocimiento como sujetos de derecho, las abejas sin aguijón obtuvieron un conjunto de garantías específicas, entre ellas:
- Derecho a existir y prosperar sin ser exterminadas.
- Derecho a un hábitat sano y libre de contaminación.
- Derecho a condiciones ambientales y climáticas estables.
- Derecho a la representación legal frente a daños o amenazas.
- Derecho a medidas activas de protección y restauración de su entorno.
Este enfoque representa un cambio profundo en la concepción de la conservación, al pasar de la lógica de protección de recursos a una que reconoce derechos propios a formas de vida no humanas. Para pueblos como los Asháninka y Kukama-Kukamiria, esta decisión valida prácticas ancestrales como la meliponicultura, entendida como una convivencia respetuosa con la selva.