La destitución de Dina Boluarte como presidente del Perú ha provocado un aluvión de reacciones en el ámbito político nacional e internacional, dejando en evidencia la profunda crisis de representatividad y polarización del país.
Anahí Durand, exministra de la Mujer durante el gobierno de Pedro Castillo, denunció la manipulación del sistema: “Como estará de pervertido el sistema político peruano que el pueblo eligió al profesor rural Pedro Castillo con 9 millones de votos y un programa de cambios ... Pero 132 congresistas lo sacan y ponen a la traidora incapaz de Dina Boluarte que gobierna con el Programa neoliberal. Y cuando ya no les sirve esos mismos 132 facinerosos colocan como presidente a José Jerí, neoliberal pseudo fujimorista y acusado de violar una trabajadora. Esta democracia ya no es democracia. Que se largue todos, vamos a refundar el Perú.”
En el plano legislativo, el excongresista y actual asesor, Yonhy Lescano, fue categórico: “No sean cara de palo. Debe irse todos. Ustedes son corresponsables de la crisis del país que sufre muertes y robos. Fuera Dina y cierre del Congreso. Ninguno de ustedes está para quedarse. Váyanse, están haciendo agua. No sigan destruyendo al Perú. Los reto a un debate público.”
PUBLICIDAD
La congresista Sigrid Bazán señaló la responsabilidad compartida del Congreso en la crisis: “Dina Boluarte finalmente fue VACADA. Pero no olvidemos que la mayoría congresal, aliada y cómplice de este gobierno, la mantuvo en el poder todo este tiempo: a pesar de los muertos, los Rolex, las mentiras, y la criminalidad desbordada. ¡La vacancia no borra su responsabilidad!”
Por su parte, el congresista y líder de Podemos Perú, José Luna Gálvez, demandó acción firme tras la destitución: “Hoy fue vacada Dina Boluarte y esperamos que esta sea la oportunidad para que un nuevo gobierno imponga mano dura, estrategia e inteligencia para derrotar a estos criminales.”
En la misma línea crítica, la congresista Margot Palacios afirmó: “Hoy, si bien es cierto se ha vacado a Dina Boluarte es porque han dejado las bancadas de derecha de estar ordenándola, ya ha sido algo inservible la señora Dina Boluarte y es por eso que todos le han bajado el dedo.”
PUBLICIDAD
Reacciones a nivel internacional
Desde fuera del país, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, planteó la vacancia como una cadena de traiciones al voto popular: “La traición se la pagaron con traición. Queda un presidente elegido popularmente preso y sin ser condenado. Es la ruptura de la Convención Americana de Derechos Humanos que se debe discutir de nuevo en todas las Américas.”
La presidenta de México Claudia Sheinbaum Pardo reiteró el respaldo de su gobierno a Pedro Castillo. “Saben que nosotros consideramos que fue un golpe de Estado el que destituyó al presidente (Pedro) Castillo, nuestra solidaridad siempre con él. Y creo que (la destitución de Dina Boluarte) fue por unanimidad, ¿verdad? Por destitución, pero nuestra insistencia en que se libere a Castillo y tenga un juicio justo”, afirmó.
Las reacciones reflejan no solo el rechazo hacia la gestión de Boluarte sino también un cuestionamiento profundo a la legitimidad de la clase política y del propio modelo de democracia peruana, en medio de un clima social convulsionado y a la espera de nuevas definiciones institucionales.
PUBLICIDAD
Dina vacada por incapacidad moral permanente
El Congreso de la República del Perú destituyó a la presidenta Dina Boluarte tras una votación sin precedentes, con 121 legisladores a favor y ningún voto en contra ni abstención. La acusación central fue la “incapacidad moral permanente” y la sucesión presidencial recayó de inmediato en el presidente del Congreso, José Jerí, en medio de una grave crisis institucional y social.
El proceso de vacancia, iniciado el 9 de octubre con cuatro mociones impulsadas por diversas bancadas y sustentadas en acusaciones de corrupción —incluido el caso “Rolexgate”— y la incapacidad para gestionar la inseguridad ciudadana, se aceleró tras un ataque armado durante un concierto de Agua Marina en Lima, que dejó cinco heridos. Este episodio reforzó el malestar social por la inseguridad y precipitó la decisión del Congreso de apartar del cargo a Boluarte.