Las comunidades quechuas del distrito de Quehue, en la provincia cusqueña de Canas, están a punto de completar un nuevo capítulo en su historia ancestral. Luego de sufrir un atentado que comprometió su estructura, el histórico puente inca Q’eswachaka será entregado oficialmente este sábado 7 de junio, tras una intensa jornada de reconstrucción colectiva que mantuvo vivas las técnicas de sus ancestros.
Ubicado sobre el río Apurímac, a más de 3.700 metros de altitud, el Q’eswachaka es el último puente colgante inca en funcionamiento. Su estructura de aproximadamente 30 metros de longitud, tejida íntegramente con ichu (paja brava de la puna), se renueva cada año en una ceremonia cargada de simbolismo, espiritualidad y trabajo comunitario. Desde 2013, esta manifestación cultural forma parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad declarado por la Unesco, en reconocimiento a su valor histórico y a la pervivencia de un conocimiento ancestral único.
Atentado en Quehue: autoridades investigan el sabotaje a patrimonio nacional
El pasado 17 de mayo, en horas de la madrugada, el puente Q’eswachaka sufrió un colapso parcial que encendió las alarmas entre la población local y las autoridades culturales. Según denunció el alcalde de Quehue, Walter Orochi Quispe, personas desconocidas habrían cortado una de las sogas del puente, generando un daño considerable a la estructura.
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“Durante la noche, el guardián no se percató de lo sucedido. Creemos que lo cortaron con un cuchillo de filo”, declaró un comunero a medios locales. El incidente fue rápidamente comunicado a la Policía Nacional del Perú y al Ministerio de Cultura, que ordenó una investigación a través de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco.
El equipo técnico del Proyecto Qhapaq Ñan y de la Coordinación de Monumentos y Sitios de la provincia de Canas se desplazó hasta la zona para evaluar el alcance del daño y determinar si efectivamente se trató de un acto intencional. Aunque las investigaciones continúan, el hecho ha sido considerado un atentado contra el patrimonio cultural del país, pues no solo se afectó una infraestructura física, sino una práctica cultural viva que ha perdurado durante más de 600 años.
Reconstrucción en tiempo récord con técnicas heredadas de los incas
A pesar del impacto del atentado, las comunidades quechuas de Huinchiri, Chaupibanda, Choccayhua y Ccollana Quehue reaccionaron de inmediato, organizándose según el modelo de la minka, el tradicional sistema de trabajo comunitario heredado del Imperio Incaico. En apenas unas semanas, lograron reconstruir completamente el puente Q’eswachaka, respetando cada paso del proceso ancestral.
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El procedimiento comenzó con la recolección del ichu, que luego fue torcido y trenzado para formar las queswas (sogas). Las más resistentes, conocidas como “duros”, se colocan como base del puente, mientras que otras más livianas se usan como pasamanos. Durante cuatro días de trabajo ininterrumpido, los comuneros trabajaron hombro a hombro, guiados por expertos locales que heredaron el conocimiento de sus antepasados.
La Dirección de Cultura de Cusco acompañó el proceso a través de su Equipo de Patrimonio Inmaterial, que supervisó tanto la reconstrucción física como los componentes rituales: ofrendas a la Pachamama, plegarias a los apus, y danzas tradicionales. También se distribuyó material informativo a las comunidades portadoras, como parte de las acciones de promoción y salvaguardia del patrimonio.
Este sábado, el puente será entregado en una ceremonia que incluirá música andina, bailes típicos, alimentos tradicionales y la presencia de autoridades locales y nacionales. La actividad no solo marcará la conclusión de la reconstrucción, sino también la reafirmación del vínculo espiritual entre el pueblo andino y su historia viva.
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Un símbolo de resistencia cultural en pleno siglo XXI
El puente Q’eswachaka no es un simple medio de paso. Es una obra de ingeniería prehispánica que forma parte de la red vial del Qhapaq Ñan, el extenso sistema de caminos que conectaba el Imperio Incaico de norte a sur. Más allá de su utilidad, el puente representa una herencia inmaterial que sigue siendo transmitida oralmente y mediante la práctica colectiva.
Durante siglos, las comunidades quechuas han mantenido este conocimiento vivo, renovando la estructura cada año en junio. Esta continuidad ha sido posible gracias a su sentido de comunidad, el respeto por la cosmovisión andina y su estrecha relación con el entorno natural. A pesar de la modernidad, el Q’eswachaka sigue uniendo pueblos, generaciones y creencias.