Estados Unidos se ha consolidado como el mayor donante humanitario en América Latina, financiando el 90% de los esfuerzos de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en países como Perú, con una inversión de 55 millones de dólares solo en 2023.
Así lo confirmó Marta Costanzo Youth, subsecretaria adjunta de la Oficina de Población, Refugiados y Migración del Departamento de Estado de EE.UU, con quien Infobae Perú conversó en exclusiva durante su reciente visita a Lima.
En ese marco, la diplomática, cuya función se centra en soluciones humanitarias para aquellos ciudadanos que se ven obligados a huir de sus países debido a factores como la violencia, la corrupción y el cambio climático, señala que uno de los grupos que más le preocupa hoy en día son los desplazados forzados.
Un grupo que alcanza una cifra mundial de 117 millones, con 21 millones de ellos ubicados en el continente latinoamericano. Según Youth, estos desplazamientos no son voluntarios; las personas no tienen otra opción más que movilizarse en busca de seguridad y dignidad.
Además, la funcionaria resalta que las causas detrás de estos movimientos son múltiples: desde la violencia y la persecución política hasta los efectos de la crisis climática.
La organización de base migrante: ¿por qué es importante?
Sin embargo, el cambio en las dinámicas migratorias no solo es visible en las zonas urbanas, sino también en la relación entre las comunidades de acogida y los migrantes.
En ese contexto, la diplomática subraya la organización de base entre ciudadanos peruanos y venezolanos en regiones fronterizas como Tumbes. En este y otros territorios, los migrantes y locales han encontrado formas de integrarse, a menudo compartiendo experiencias de vida y superación personal.
Un ejemplo que compartió fue el de un grupo de mujeres, tanto peruanas como venezolanas, que sobrevivieron a situaciones de violencia de género y encontraron en la repostería un medio para independizarse económicamente, generar ingresos y apoyar a sus familias, formando una comunidad de resistencia mutua.
En esa línea, al referirse a los migrantes, Youth menciona la importancia de visibilizarlos y evitar que se vean obligados a vivir en las sombras. Citó el caso de Colombia, que en los primeros años de la crisis migratoria venezolana implementó un sistema de protección temporal para regularizar a los migrantes y brindarles estabilidad.
“Cada persona desplazada ya ha pasado por un trauma enorme al salir de su lugar de origen”, afirma, recalcando que, por esta y otras razones, las soluciones humanitarias deben centrarse en garantizar un futuro digno para ellos y sus familias.
El impacto del clima en la migración
Finalmente, la diplomática habló acerca del impacto del cambio climático en la migración interna, un aspecto crucial en regiones como la Amazonía peruana, donde todavía muchas familias rurales se ven forzadas a abandonar sus tierras y trasladarse a las ciudades.
Esta situación refleja un fenómeno global donde el cambio climático está impactando la seguridad alimentaria y la sostenibilidad agrícola, y, al mismo tiempo, impulsando a las personas a moverse hacia centros urbanos, generando nuevos desafíos para los gobiernos locales.
En ese sentido, Youth destaca la importancia de que las ciudades se preparen para acoger a estos migrantes de manera segura, evitando que se instalen en zonas vulnerables a desastres naturales o inseguras.