Durante un paseo, es posible que un perro se detenga frente a una planta, la olfatee o incluso muerda alguna de sus partes. Aunque se trata de una conducta frecuente en muchos animales, puede representar un riesgo si el ejemplar pertenece a una especie tóxica.
Mientras algunas plantas apenas provocan irritaciones o malestares transitorios, otras pueden desencadenar cuadros clínicos de gravedad e incluso causar la muerte.
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De acuerdo con la guía de clasificación de toxicidad elaborada por la Universidad de California, existen distintas categorías para evaluar el riesgo que determinadas especies vegetales representan para los animales.
La escala abarca desde plantas capaces de provocar cuadros graves hasta aquellas que generan irritación cutánea o en la cavidad bucal.
Además, una misma especie puede aparecer incluida en más de una categoría al mismo tiempo, ya que la clasificación contempla distintos tipos de efectos tóxicos posibles y no un único nivel de riesgo por planta.
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Cómo se clasifican las plantas según su toxicidad
La clase 1 corresponde al nivel de mayor peligrosidad y comprende especies que pueden provocar enfermedades graves o la muerte. La clase 2 reúne plantas de toxicidad menor, asociadas principalmente con síntomas como vómitos.
En la clase 3 aparecen aquellas que contienen cristales de oxalato, capaces de irritar la boca, la lengua y la garganta. La clase 4 está vinculada con la dermatitis, que puede manifestarse mediante erupciones o irritación cutánea. Dentro de este esquema aparecen ocho plantas señaladas por su potencial riesgo para los perros.
1. Rhododendron o azalea
El Rhododendron, conocido también como azalea, figura entre las especies de clase 1. La información compartida por la Universidad de California señala que incluso una pequeña cantidad ingerida puede llevar a un perro a necesitar atención veterinaria de emergencia. El riesgo adquiere especial relevancia en animales de menor tamaño.
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2. Taxus baccata
El Taxus baccata también aparece asociado con una toxicidad capaz de resultar mortal. Sus agujas y las semillas presentes en sus frutos rojos constituyen las partes señaladas como especialmente peligrosas. La información de la Universidad indica que un pequeño puñado de agujas puede ser fatal para un animal.
3. Hortensias
Las hortensias están incluidas en las categorías 1 y 4 de la clasificación, por lo que su ingesta puede provocar irritaciones y malestares, y en casos de consumo abundante, derivar en cuadros graves.
Si un perro mastica o traga alguna de sus partes, puede presentar vómitos, diarrea, letargo o debilidad, dolor abdominal y salivación excesiva.
4. Narcisos
Según la clasificación de toxicidad, los narcisos se encuentran en las categorías 2 y 4, lo que significa que la ingesta de sus partes o del agua en la que permanecen puede causar malestar o irritación. Por su frecuente uso ornamental, constituyen una especie que merece especial atención en hogares con mascotas.
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5. Tulipa
La tulipa también está incluida en las categorías 2 y 4. Si bien se la considera una planta de toxicidad menor, sus compuestos tóxicos se concentran principalmente en los bulbos. Su ingesta puede causar trastornos gastrointestinales e irritación, por lo que en algunos casos es recomendable consultar al veterinario.
6. Ruibarbo
El ruibarbo corresponde a la categoría 3, vinculada con la presencia de cristales de oxalato. Su ingesta puede provocar irritación en la boca, la lengua y la garganta, además de reducir de manera significativa los niveles de calcio en sangre.
En los casos más graves, estas sustancias pueden causar daño renal. Las hojas concentran la mayor cantidad de toxinas, por lo que resultan especialmente peligrosas.
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7. Hiedra
La hiedra figura en las categorías 2 y 4 de la clasificación, lo que indica que puede provocar efectos de toxicidad menor, además de irritación o dermatitis por exposición. Si la planta roza la piel del animal, se recomienda lavar la zona con agua y jabón suave para retirar los aceites irritantes.
8. Plantas de cebolla y ajo
Las plantas de cebolla y ajo están incluidas en la categoría 2, por lo que su ingesta puede ocasionar trastornos de toxicidad menor en los animales.
Aunque forman parte de la vida cotidiana por su uso alimentario, también pueden resultar perjudiciales para los perros si los consumen en determinadas cantidades.
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