
Todos los años Naciones Unidas convoca a las naciones a las conferencias para cuidar la Tierra, procurando reducir las emisiones contaminantes, principalmente originadas por el consumo de energías fósiles (carbón, petróleo y gas). La primera reunión se realizó en Berlín en 1995, la última el año pasado en Dubái. Pero desde la Revolución Industrial siguen aumentando sostenidamente las emisiones anuales contaminantes, impulsadas por el crecimiento del consumo de energías fósiles y la deforestación.
Señalemos que los paneles científicos de Naciones Unidas nos han alertado, reiteradamente, que para evitar incontrolables desastres climáticos no podíamos cruzar la barrera de 450 ppm de CO2 acumulado en nuestra atmosfera. La realidad es preocupante porque, según las cifras del mes pasado, al actual ritmo cruzaríamos esa barrera gravemente crítica en apenas ocho años, y deberíamos padecer un sostenido aumento de la temperatura y desastres ambientales, hecho que ya viene ocurriendo. Recordemos que 450 ppm es un valor sumamente crítico que no debe ser superado si queremos que la temperatura mundial no aumente de una manera peligrosa para la vida en esta Tierra.
El consumo creciente de combustibles fósiles ha venido jugando un papel preponderante en el incremento de estas emisiones, que antes de la Revolución Industrial eran casi nulas. Las nuevas energías limpias no han podido aún reducir el consumo total ni de carbón, ni de petróleo, ni de gas. Según la Agencia Internacional de Energía, las emisiones anuales energéticas de CO2 del año pasado, en lugar de converger a cero, son 7,4 por ciento mayores a las del año 2013. Los cinco principales emisores son China, EE.UU., India, UE y Rusia, que actualmente emiten nada menos que 2/3 del total de las 200 naciones convocadas por Naciones Unidas.

Ya es científicamente evidente que esta externalidad negativa mundial pone en riesgo el clima, que es un bien público global, por esta razón el reconocimiento o la negación de esta importante externalidad es crucial a la hora de tratarla. El negacionismo climático de gobiernos y grupos empresariales que defienden sus intereses particulares es funcional al agravamiento de los crecientes daños climáticos, afectando grupos vulnerables del propio país y de otros países y las futuras generaciones.
La tarea a enfrentar no es fácil, ya que requiere movilizar grandes inversiones en infraestructura y en nuevas tecnologías con bajas emisiones de carbono y, al mismo tiempo, avanzar por el sendero de la conservación y la reducción del consumo de combustibles fósiles desarrollando energías “limpias” y reduciendo el consumo de energía por unidad de producción. Es decir, necesitamos avanzar por el sendero no solo de la eficiencia sino también de la conservación energética.
Cuando se enfrenta una amenaza global de la enorme magnitud propia de esta amenaza que nos afecta a todos en esta Tierra, es evidente que las soluciones políticas que deben encararse son de difícil acuerdo y ejecución. Encarar la amenaza del cambio climático requerirá un gran esfuerzo de todas las naciones.
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