El otro déficit: la realidad laboral de las mujeres en Argentina

Si se considera el total de horas por día que se dedican al trabajo remunerado y no remunerado, las mujeres tienen una carga horaria promedio de 9:20 horas, por encima de las 8:38 horas de los varones

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Las mujeres están sobrerrepresentadas en sectores con altos niveles de informalidad y remuneraciones más bajas que el promedio (Imagen ilustrativa Infobae)
Las mujeres están sobrerrepresentadas en sectores con altos niveles de informalidad y remuneraciones más bajas que el promedio (Imagen ilustrativa Infobae)

Es usual escuchar que los varones “trabajan” más que las mujeres. Esta percepción parte de una realidad que se observa en el mercado laboral, dado que ellos presentan mayores tasas de actividad (82% vs 66%), mayores niveles de empleo (77% vs 61%) y menores tasas de desempleo (5.7% vs 6.6%).

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Sin embargo, las estadísticas mencionadas no tienen en cuenta al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado: hacer compras, limpiar la casa, cuidar niñas/os, ayudarlas/os con la tarea, entre otras actividades. La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) muestra que las mujeres dedican en promedio 6 horas y media por día a estas tareas, mientras que los varones sólo 3 horas y media. Esta desigual distribución del trabajo al interior del hogar es una de las principales causas -sino la más importante- de las brechas de género en el mercado de trabajo.

Entonces, ¿quiénes trabajan más: los varones o las mujeres? Afortunadamente, la ENUT nos permite responder con datos. Si se considera el total de horas por día que se dedican al trabajo remunerado y no remunerado, las mujeres tienen una carga horaria promedio de 9:20 horas, por encima de las 8:38 horas de los varones.

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Fuera del hogar, ¿dónde trabajan las mujeres?

Si bien hay menos mujeres en el mercado de trabajo, están sobrerrepresentadas en sectores con altos niveles de informalidad y remuneraciones más bajas que el promedio. Detrás del sector de comercio que emplea a la mayor cantidad de personas de ambos géneros (19% de las mujeres y 21% de los varones), las ramas de actividad con mayor cantidad de mujeres son educación (14% del total de mujeres empleadas), servicio doméstico (13%) y salud (10%).

El servicio doméstico es el sector más feminizado (97%), con los niveles más altos de informalidad (73%) y con una de las remuneraciones más bajas de todo el mercado laboral. A su vez, en salud y educación, las mujeres presentan mayores niveles de informalidad que los varones (4 p.p. y 1 p.p., respectivamente).

La contracara de las dificultades que enfrentan las mujeres en el mercado laboral formal es su sobrerrepresentación en las actividades que se desarrollan en la economía popular. Del total de personas inscriptas en el Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (ReNaTEP), el 58% son mujeres.

Estas mujeres tienen una importante participación en rubros no calificados, históricamente no remunerados y fuertemente feminizados. En algunas actividades, como las de cuidado sociocomunitario, 8 o más de cada 10 personas inscriptas son mujeres. Por el contrario, en las ocupaciones vinculadas a la construcción, el transporte y la reparación el 90% de las personas inscriptas son varones.

Además, quienes se ocupan de tareas sociocomunitarias suelen enfrentar una triple jornada laboral: en adición a su trabajo en espacios comunitarios, tienen otros empleos - ya sea formales o informales - y realizan tareas domésticas y de cuidado en sus hogares. Del total de inscripciones en el ReNaTEP, la rama de servicios sociocomunitarios ocupa el segundo lugar de importancia y totaliza casi un tercio de estas, con predominio de comedores y merenderos comunitarios, donde la mayoría de las trabajadoras son mujeres.

La invisibilización del aporte de las tareas de cuidado dentro de los hogares tiene su correlato en el no reconocimiento de la importancia de la resolución comunitaria de los cuidados. Por ello, es necesario valorar su capacidad para fortalecer el entramado social de los territorios y contribuir al desarrollo de las personas.

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Los cuidados en el centro: políticas públicas para la igualdad

Para abordar estos desafíos, desde CIPPEC proponemos avanzar hacia un Sistema Integral de Cuidados que contemple tres pilares. El primero consiste en brindar a las familias el tiempo necesario para cuidar, con la implementación de un esquema de licencias que tienda hacia la universalidad, que promueva la corresponsabilidad y que responda a las necesidades de cada hogar. El segundo está vinculado a asegurar los recursos monetarios necesarios para cuidar, apuntalando el esquema de transferencias a la niñez y adolescencia para que sea universal y progresivo. Por último, un tercer pilar orientado a ampliar y fortalecer la oferta de espacios de crianza, enseñanza y cuidado para la primera infancia.

Además, el Sistema Integral de Cuidados debe ser afianzado a nivel local, promoviendo la participación de este nivel de gobierno en el diseño e implementación de políticas de cuidado; y a nivel comunitario, reconociendo los aportes que realizan las trabajadoras de la economía popular al desarrollo de la sociedad. En esta línea, es necesario continuar robusteciendo los sistemas de registro y estadísticas que permitan cuantificar, reconocer y dimensionar su trabajo. A la vez, es importante jerarquizar las tareas que realizan mediante programas de formación y acreditación de saberes o habilidades, de acuerdo con los requerimientos de cada territorio.

Promover políticas públicas que reconozcan el cuidado es fundamental para reducir las brechas de género, apuntalar la participación de las mujeres en el mercado de trabajo, consolidar su autonomía y fortalecer la perspectiva del cuidado como herramienta esencial para el desarrollo de las sociedades.