
Este es el título de una nota del Washington Post publicada tras el triunfo de Argentina sobre Holanda en el Campeonato Mundial de Fútbol de Qatar: “¿Por qué Argentina no tiene jugadores negros en la Copa del Mundo?” (Why doesn’t Argentina have more Black players in the World Cup?). Quizás haya sido el elevado porcentaje de jugadores de origen africano en los equipos europeos el que, por proyección, despertó el interrogante del diario, que apeló a una experta. Una académica estadounidense, especializada en el tema de la población afro argentina, planteó así diversas hipótesis, algunas de orden histórico, otras, sociológico.
Pero elude lo que es obvio y en mi opinión es la verdadera causa de la composición étnica de nuestro país: Argentina es la nación del mundo que recibió más población europea en proporción a sus habitantes. Entre el 75% y el 80% de de ese aporte migratorio provino de dos países: Italia y España.
Es decir que el aspecto mayoritario de la actual población argentina, se asemeja al de dichos países: predominan los blancos no rubios, que en algunos casos tienen una tez algo más oscura, como dejó la influencia mora en el sur de Italia y de España y la indígena en Argentina. Son esos “morochos”, a los que sí alude la nota (así, en castellano), esos a los que con frecuencia llamamos “negros”, sin la menor connotación despectiva, al contrario.
El artículo sostiene que, pese a la tez blanca de la selección argentina, también tiene “morochos” y cita como ejemplo al más famosos de todos, la estrella de nuestro fútbol, recientemente fallecido, Diego Maradona. Pero su imagen es exactamente la de un italiano del sur, como son los habitantes de Nápoles, ciudad del club italiano que lo proyectó al mundo a partir de su popularidad inicial por su actuación en la selección argentina. ¿Y de qué origen es el apellido Maradona? Obviamente italiano.

Además, la presencia de jugadores afro y de otras etnias no europeas en seleccionados de fútbol europeos, como los de Holanda, Francia y el Reino Unido, se debe a las secuelas del colonialismo, que Argentina no ejerció.
El artículo del Washington Post contiene también interpretaciones correctas sobre las causas por las cuales meguó fuertemente la población africana que existía a comienzos del siglo XIX, como es el caso de atribuir la desaparición de esos grupos a la mortalidad causada por las guerras o por las epidemias. En cambio resulta discutible cuando la atribuye a una política deliberada con el propósito de “blanquear” a la sociedad argentina; algo que en mi opinión no se corresponde con la realidad.
La comunidad afro-argentina tuvo mayor presencia que la recordada en general, eso es cierto. Transcurrida la primera mitad del siglo XIX, había cuatro coroneles y tres legisladores en la provincia de Buenos Aires que eran de origen afro. El personal de servicio de la Casa Rosada estaba integrado por afro-argentinos, en torno al año 1910, Bicentenario de la Revolución de Mayo.
Fue la masiva inmigración del sur de Europa, entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, lo que diluyó la presencia afro que se registraba al momento de la Independencia (1816) y es el mismo factor el que explica la tez de los integrantes de la selección argentina.

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