La diferencia entre problemas y fracasos

¿Es la pandemia la gran preocupación social? Afortunadamente para el gobierno, por ahora, la respuesta es no

Ex subsecretario de Economía y profesor en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA
Un grupo de personas haciendo fila para recibir comida (Reuters)
Un grupo de personas haciendo fila para recibir comida (Reuters)

El Observatorio de Psicología Social de la UBA, acaba de publicar los resultados de una encuesta con 4.998 casos destinada a identificar los principales problemas tal cual los percibe la sociedad. En punta se registran “inseguridad” y “pobreza”. Mas del 70% de la población identifica en esas dos “pandemias sociales” la mayor preocupación en la que la gestión pública, desde hace muchos muchísimos años, hace agua.

La pobreza y la inseguridad no cesan de crecer. No importa la orientación política del gobierno. Rige “los que vengan nos harán buenos” porque uno tras otro se disputan el peor lugar. Todos los colores políticos han contribuido, con su enfermizo “cortoplacismo”, a postergar las soluciones de fondo de ambos fracasos colectivos. Lo primero que hay que entender es que no son problemas, sino que son fracasos. Que no es lo mismo.

Los problemas están antes de “ser inseguridad” y “ser pobreza” que son socialmente “fracasos”. No atender los “problemas” que dieron lugar a pobreza e inseguridad, incrementa los fracasos.

(Marcelo Regalado)
(Marcelo Regalado)

Para tener claro de qué se habla, Suecia y Holanda cerraron cárceles por falta de presos y si bien la desigualdad -que es realmente otro fracaso- aumenta en todos los países, no es menos cierto que “la pobreza”, en la magnitud a que ha alcanzado en la Argentina, no es “el fracaso” que sufren esos países. O lo que es lo mismo “a otros no les pasa” y menos que menos no les pasa cada vez más. En el caso de la Argentina la inseguridad y la pobreza son los fenómenos sociales que crecen.

No atender los “problemas” que dieron lugar a pobreza e inseguridad, incrementa los fracasos

¿La dirigencia política ha manifestado vocación por atender el problema o más bien sólo se ha esmerado por disimular el fracaso? La pregunta que está detrás ¿hay una real preocupación por entender el fracaso? ¿O hay un enfermizo esperar “las consecuencias” para socorrerlas?

Nadie puede no valorar los esfuerzos personales por paliar el sufrimiento. Bien por ello. ¿Pero atendemos, identificamos, la madre del problema que da lugar a esos fracasos? No. Una tozudez profesional de la política se empeña por esperar abajo del tobogán de la inseguridad y la pobreza, en lugar de evitar que suban por las escaleras que las lleva a la pendiente negativa.

Dos aliados de hierro

Las dos preocupaciones de la opinión pública, que le siguen a inseguridad y pobreza, casi con similar intensidad, son “corrupción” e “inflación”. Nuevamente ambos males no son estrictamente hablando “problemas” sino “fracasos”.

La corrupción, la sutil y esquiva manera en que aquí se ha dado en llamar al cohecho, es la prueba del acceso a los despachos del poder, de la política, de personas con bajo compromiso moral -para decirlo de manera amable- y del bajo compromiso moral de aquellos que sobornan, o aceptan y conceden ser sobornados, para obtener un beneficio o aún lograr que se respete un derecho al que se le ha impuesto una barrera inexplicable.

¿Qué es lo que hay detrás? Primero la ausencia de toda sanción social. Es probable que la conducta del sobornado o del sobornador, no sean “socialmente sancionadas”: ¿Se cierra algún círculo de prestigio por esa razón?

Los que tenemos años y hemos visto transformaciones patrimoniales tan extraordinarias como inexplicables, convengamos, jamás hubiéramos podido imaginar la meteórica carrera de Daniel Muñoz, de secretario privado -en la modesta provincia de Santa Cruz- a titular de dominio por sí, interpósita persona humana o jurídica, de propiedades identificadas por USD 50 millones. Maravilloso. Y mucho más maravilloso el extraordinario silencio de sus compañeros, amigos, colegas, vecinos, etc. ¿Cómo se manifiesta la sanción social?

Segundo, la ausencia de Justicia. La demora, la eternidad de los trámites y finalmente la ligereza, cuando no la venalidad, de quienes aplican la ley convierte al “acto de justicia” en una norma menor o desprestigiada de tal manera en que muchos realmente inocentes pagan culpas que rara vez tocan a los culpables.

La demora, la eternidad de los trámites y finalmente la ligereza, cuando no la venalidad, de quienes aplican la ley convierte al “acto de justicia” en una norma menor o desprestigiada
La demora, la eternidad de los trámites y finalmente la ligereza, cuando no la venalidad, de quienes aplican la ley convierte al “acto de justicia” en una norma menor o desprestigiada

La corrupción es la medida del fracaso de la conciencia de sanción social y del aparato judicial. Se trata de apuntar a las causas y no sólo atender a las consecuencias. ¿Y la ejemplaridad? ¿Se puede olvidar que el ejemplo es de arriba hacia abajo y la primera pedagogía de la vida?

La inflación acompaña a los argentinos desde hace muchos años. Su peso, el índice de molestia que provoca, se hace más notorio cuando la economía va en pendiente negativa.

La inflación acompaña a los argentinos desde hace muchos años. Su peso se hace más notorio cuando la economía va en pendiente negativa

Sin duda, si se traza una línea que una el mismo nivel del PBI por habitante de 2020 con el del año más lejano en el pasado, se encontrará en 1974. Es decir, en 46 años “la productividad media” no ha cambiado y eso explica, aunque no es todo, la causa de los fracasos previos de la “inseguridad y pobreza” que se multiplican a causa de la corrupción.

Pero en el interregno de 46 años de “estancamiento largo” ha habido años de crecimiento y años de caída, un zigzag agitado para, finalmente, volver al mismo lugar. En los años en los que la economía crece la inflación “importa” menos, aunque sigue siendo el reflejo del mismo mal.

Es cierto que durante la convertibilidad la inflación adelgazó hasta convertirse en “deflación”, pero fue la consecuencia de un sistema de anfetaminas que destrozó las neuronas cerebrales de la economía, el aparato productivo, y generó una tormenta de desempleo que nos llevó de la “hiperinflación” -que justificó la convertibilidad- a la híper desocupación que nos instaló en el “capitalismo sin salarios” en el que los “consumidores” se sostienen con subsidios. Recuerdo “la inflación” es el fracaso, no “el problema”.

¿Cuál es el problema o qué es lo que está detrás de esta inflación unida al estancamiento, o lo que es lo mismo el estado de “estanflación” de largo plazo?

El rol de la inversión productiva

Sin un proceso sostenido de inversión la economía es inflacionaria. Las razones son muchas. Pero se entiende. Mantener la productividad media sin inversión, implica generar desempleo productivo o lo que es lo mismo empleo de rendimiento cero. Allí nos encontramos con el empleo público redundante, con la multitud de subsidios destinados a paliar la falta de empleo, etc., todo lo que es -finalmente- presión de demanda sin contrapartida de oferta, excepto la que provenga de importaciones y en ese caso se suscita la presión cambiaria y nuevamente presión sobre el sistema de precios.

Y a partir de allí nuevas presiones de recuperación de ingresos entre trabajo y capital, entre estado y privado, entre sectores productivos: la lucha por la distribución en un escenario inflacionario. ¿El problema? La ausencia de inversión, sobre lo que volveré.

La encuesta de la UBA lista a continuación, como problema, la falta de trabajo, el desempleo. Tibor Scitovsky en “Bienestar y Competencia” mencionaba que el desempleo era, al sistema económico, el equivalente a una elección en el sistema político. Es decir, allí donde el desempleo pasaba a ser “un problema” el sistema económico en cuestión estaba en real problema porque el desempleo exhibía el tamaño del fracaso de la economía.

El desempleo es al sistema económico, el equivalente a una elección en el sistema político (Tibor Scitovsky)

Ahora bien, en el tercer trimestre de 2020 el Indec informó una tasa de desocupación de 11,7% que equivale a 2.250.000 desempleados buscando trabajo. Pero, hay 2,1 millones de personas que antes de la pandemia tenían trabajo y como consecuencia de la cuarentena no lo tienen y que no lo pueden buscar. Así resulta en una tasa de desempleo de 22,7% de la Población Económicamente Activa, muy superior al 18,5% de 2003 consecuencia de la implosión de la convertibilidad.

El funcionamiento de la Justica, los bajos salarios, la recesión y el endeudamiento, ocupan las cinco preocupaciones posteriores. La primera preocupa a 63% y la última a 40 por ciento.

En el undécimo lugar de las preocupaciones viene la “pandemia sanitaria” que concita a 37% de la opinión (EFE)
En el undécimo lugar de las preocupaciones viene la “pandemia sanitaria” que concita a 37% de la opinión (EFE)

En el undécimo lugar de las preocupaciones viene la “pandemia sanitaria” que concita a 37% de la opinión. Le siguen la preocupación política de “la grieta” y el “narcotráfico”.

En función de estos datos, y al olfato de los analistas políticos, para volver a ganar el apoyo o confirmar el que le dispensan los que lo votaron, el presidente Alberto Fernández necesita resolver el problema económico. Los que lo votaron están muy preocupados por el desempleo y la pobreza, les preocupa la recesión y la inflación, y en quinto lugar la pandemia.

La cuestión económica vinculada esencialmente al empleo también aqueja a esos votantes que manifiestan, como tercera preocupación, un enorme enojo con la “dirigencia política”. A toda esta problemática le sucede la recesión y la inflación. Para estos votantes la “pandemia” está al final de la lista.

¿Qué depara a la fecha la economía de 2021?

Todo indica que la tendencia de la inflación se ubicará en el orden de 3% mensual lo que obligará a un crecimiento de la cotización del dólar oficial del mismo orden. El peor error -con propósito electoral- sería atrasar el tipo de cambio. Lo que, sin que baje el “riesgo país”, es una fuente menos de ruido en la instalación. El mérito de Martín Guzmán es importante.

En orden a las tarifas, la vicepresidente ha revelado su intención de sostener el atraso, o, lo que es lo mismo, congelar la política de reducción del déficit fiscal tal como se venía anunciando. Cabe aclarar que el Estado ignora los costos reales de todas las concesiones y la política tarifaria es “a demanda de los concesionarios de los servicios” contrapuesta con la “demanda de la política en la más absoluta obscuridad que se niega a clarificar hace años.

El Estado ignora los costos reales de todas las concesiones y la política tarifaria

Otra vez “problema” y “fracaso”. La confusión es perturbadora. El fracaso es el de un Estado sin autoridad o un Estado colonizado a pesar de la retórica “progre”.

La buena noticia para 2021 es la de los precios internacionales de las materias primas que exporta la Argentina, cuyo fundamento más que una generalizada expansión real de la demanda, es la debilidad del dólar y la liquidez abundante. Cualquiera sea la razón, los precios serán la madre de mantener el superávit comercial y poder impedir el acceso temprano a la restricción externa, si es que avanza la recuperación interna, generadora históricamente de una demanda de importaciones superior al crecimiento de la economía.

Si la negociación con el FMI prospera, lo que implica que las cuestiones fiscales estarán resueltas o en camino de resolución, 2021 será un año de un nivel de actividad en recuperación que no es lo mismo que entusiasmo para empujar un viento favorable de la política.

La gran pregunta es si la clase política, los que disputan por ejercer el poder del Estado, estará dispuesta a indagar el origen de los fracasos, condición necesaria para poder resolver los problemas y así diseñar la Agenda del Desarrollo, ¿o la pandemia se convertirá en la excusa de la incapacidad?

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