En el mes de la educación, volver a las escuelas es la meta

Cuanto más tiempo permanecen los menores fuera de la escuela, mayor es el riesgo de rezago en los aprendizajes, y de enfrentar otras vulneraciones con impactos negativos a largo plazo sobre su bienestar y escolaridad

Este escenario requiere profundizar y reimaginar estrategias para sostener la escolaridad de los chicos y las chicas. (REUTERS/Eddie Keogh)
Este escenario requiere profundizar y reimaginar estrategias para sostener la escolaridad de los chicos y las chicas. (REUTERS/Eddie Keogh)

En Argentina, donde la mayoría de los alumnos y alumnas permanecen fuera de las aulas, UNICEF, la UNESCO y el Programa Mundial de Alimentos llaman a los gobiernos a intensificar la preparación de todas las escuelas para una eventual reapertura segura.

Si bien la duración del cierre de las escuelas todavía es incierta, experiencias pasadas (otras epidemias, conflictos y desastres naturales) indican que el cierre escolar generalizado y extendido representa un riesgo grave para el aprendizaje, la protección y bienestar de los niños, niñas y adolescentes. Cuanto más tiempo permanecen fuera de la escuela, mayor es el riesgo de rezago en los aprendizajes, y de enfrentar otras vulneraciones con impactos negativos a largo plazo sobre su bienestar y escolaridad. Para los más pequeños, está en riesgo el desarrollo de las habilidades emocionales y cognitivas a lo largo de su vida.

Las nuevas guías de orientación que UNICEF pone a disposición de los ministerios de educación, así como de los equipos de conducción de los centros educativos, contribuyen a la planificación e implementación de un proceso de reapertura segura de las instituciones educativas, de acuerdo con las normativas y protocolos elaborados por las autoridades de salud de cada país. Con estas herramientas, Naciones Unidas reafirma su convicción de que el retorno a la escuela debe darse de manera segura, planificada, consensuada, gradual e inclusiva sin discriminar a nadie ni exponer los alumnos, los maestros y al resto del personal educativo a riesgos para su salud.

En todo el país se han realizado esfuerzos significativos para garantizar la continuidad educativa a través de la educación remota, sea en línea, vía televisión y radio y/o distribución de materiales impresos. A su vez, Argentina ha elaborado protocolos acordados a nivel federal para avanzar en la reapertura segura de los establecimientos y lineamientos para la reorganización institucional y curricular. No obstante, es prioritario que las autoridades educativas, tomadores de decisiones en salud y servicios sociales básicos a nivel nacional y local, así como los equipos institucionales en las escuelas intensifiquen la planificación para el retorno a clases presenciales. Este proceso es particularmente fundamental para los y las chicas más vulnerables por razones de pobreza, discapacidad, residencia en zonas rurales distantes, pertenencia a comunidades indígenas y migrantes.

Según estimaciones recientes, en Argentina la pobreza alcanza a más de 8 millones de niños, niñas y adolescentes. La fuerte pérdida de ingresos de los hogares, los enfrentan a diversas privaciones, e impactan en las posibilidades de los adultos para asegurar el acompañamiento y recursos necesarios para sostener la escolaridad. Hoy menos de la mitad de los hogares cuenta con acceso fijo a Internet de buena calidad en la señal, y 1 de cada 2 no cuenta con una computadora disponible para usos educativos. La Evaluación Nacional sobre Continuidad Pedagógica muestra que el 13% de los estudiantes del país (cerca de 900 mil niños, niñas y adolescentes) ha tenido continuidad en sus estudios “de baja o nula intensidad”: reciben tareas escolares menos de una vez a la semana y tienen poca frecuencia de interacción con sus docentes.

La situación epidemiológica es dinámica e imprime nuevas fases a la pandemia. Este escenario requiere profundizar y reimaginar estrategias para sostener la escolaridad de los chicos y las chicas. Avanzar donde se pueda en progresivo regreso, poner en marcha sistemas de alternancia, grupos reducidos y el uso de distintos espacios públicos y escolares; ampliar y fortalecer el uso pedagógico de nuevas y viejas tecnologías; ampliar la conectividad y distribución de equipamiento; informar a las familias y comunidad educativa; acompañar y fortalecer las condiciones de trabajo y habilidades de directivos y docentes. Trabajar de modo integral con otros sectores para planificar los cuidados, asegurar movilidad segura a las escuelas y el sostenimiento de distintos servicios básicos de protección es crucial. Volver a las aulas es la meta a construir entre todos.

La autora es representan de UNICEF Argentina

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