Hezbollah sigue operando en nuestras fronteras

Agustín Romero

El reciente diálogo entre el canciller argentino Jorge Faurie y su colega norteamericano Rex Tillerson pone de manifiesto que Hezbollah sigue activo en nuestra región. En efecto, ambos ministros reconocieron los peligros que esa organización terrorista puede tener en la zona de la Triple Frontera (Argentina, Brasil y Paraguay), y acordaron acciones conjuntas para evitar sus fuentes y sus redes de financiamiento.

Desde la guerra con Israel, en 2006, Hezbollah recibió la autorización de su liderazgo religioso para encontrar "nuevos recursos" para luchar contra su principal enemigo. Esta organización amplió sus fuentes de financiación profundizando sus vínculos con organizaciones narcocriminales en África y Asia a través del contrabando de narcóticos, armas, diamantes, madera, entre otros.

En nuestra región, países como Bolivia, Perú y Colombia explican en gran parte la producción y la venta de la cocaína al mundo. Esto revela la presencia de Hezbollah en la Triple Frontera, de donde salen más de cien millones de dólares por año para sus cuentas. El grupo libanés ha entrado y se ha asociado con las cadenas de logística y abastecimiento que manejan las organizaciones criminales.

¿Cómo se puede explicar que, pasados más de 20 años de los brutales ataques contra la Embajada de Israel y la AMIA, esa zona sigue siendo fuente de financiamiento del terrorismo? ¿Y la tan mentada cooperación internacional en la lucha contra ese fenómeno internacional? Las autoridades de la región no reconocen esa trágica situación bajo el pretexto de que sus territorios pueden ser plataformas de financiamiento y logística de organizaciones terroristas, pero no así blancos de sus ataques. Es decir, prefieren el mal menor.

En cuanto a la lucha contra el financiamiento de las organizaciones terroristas, los Estados son maquinarias muy lentas y con escasas capacidades de respuestas rápidas frente a las dinámicas transacciones financieras internacionales. Los Estados gastan enormes cantidades de recursos humanos y materiales con escasos o nulos resultados en el combate a las arcas económicas de las organizaciones terroristas.

Cuando a las organizaciones terroristas se les dificulta el movimiento de divisas por los carriles financieros internacionales, vuelven al mecanismo rudimentario, legal y flexible, como, por ejemplo, la Hawala, que permite el flujo de grandes remesas de dinero sin que quede ningún registro.

Desde 1997 Hezbollah es parte de la lista de organizaciones terroristas elaborada parte de los Estados Unidos. Sin embargo, y a pesar de que dicha agrupación y su brazo en el exterior, Yihad Islámica, fue sindicada como la responsable de los ataques contra la Embajada de Israel, en 1992 y la sede de la AMIA, en 1994, nuestro país no tomó ninguna medida similar. Sería una importante actitud que el Gobierno argentino actual comenzara con esa tarea para que nuestra región acompañe los esfuerzos que, en 2013, encabezó la Unión Europea (integrada por 28 países) cuando, un año antes, se le adjudicó a Hezbollah la autoría de un atentado que acabó con la vida de seis personas en Bulgaria y se comprobaron los planes que tenía para atentar en Chipre. En 2016, la siguió el Consejo de Cooperación del Golfo, bloque de países árabes ribereños del Golfo Pérsico compuesto por Arabia Saudí, Bahréin, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Omán y Kuwait; y un tiempo después fue la Liga Árabe, integrada por 22 países de Medio Oriente y el norte de África.

El autor es candidato a doctor en Ciencia Política. Asesor político. Profesor en las carreras de Ciencia Política y Relaciones Internacionales.

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