1.Algunos episodios de la arena política tienen la cualidad de ser ricos en su polisemia, potentes en la posibilidad de extraer significados y enseñanzas. Tal es el caso de la enorme lucha triunfante contra los despidos en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), que, primero, mostró de modo abierto las maneras del ajuste en la Argentina; luego, las continuidades entre el anterior Gobierno kirchnerista y el actual Gobierno macrista a través de la acción del kirchneromacrista Lino Barañao, ministro de Ciencia y Tecnología de los dos Gobiernos. Además, el desconocimiento de una parte importante de la sociedad y la prensa acerca de la investigación y hasta el pensamiento científico. Y, last but not least, las enormes energías de lucha y la disposición a derrotar el ajuste que anidan en vastos sectores de la población. Sobre todo un método para lograrlo: el método histórico de lucha de la clase obrera. Veamos.
2.Uno de los caballitos de batalla del kirchnerismo, y que la oposición tradicional aceptaba grácilmente, era que la figura de Lino Barañao, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, ostentaba un valor incuestionable: era una prenda de unidad y supuesto orgullo nacional. Barañao, destacado investigador científico en el área química, había sido designado ministro en 2007 por la ex presidente Cristina Fernández y desde esa función propició políticas caracterizadas como de avanzada por el Estado y los medios. Sin embargo, su gestión nacía mientras la comunidad científica en su eslabón más débil —los jóvenes que ingresaban a la carrera científica en el país— comenzaba a reclamar por sus derechos. En 2005 se creó el agrupamiento Jóvenes Científicos Precarizados, que, como su nombre indica, denunciaba las prácticas laborales desleales en el área, que consistían en la falta de reconocimiento a su actividad como un trabajo. La investigación científica se planteaba como una beca y no como un salario, con las carencias que ello implicaba. A lo largo de casi toda la "década ganada K", los jóvenes científicos (que habían logrado, para obtener las becas, un doctorado, es decir, años de estudios y producción en la actividad académica) demandaron que se les pague por dar clases en la universidad —la mayoría se dedica a la docencia ad honorem—, que se reconozcan derechos salariales y laborales a la actividad investigativa, derecho a aportes jubilatorios, aguinaldo, cargas sociales, representación sindical frente a los empleadores, veeduría gremial en concursos, obra social para el trabajador y su grupo familiar, régimen de licencias para maternidad y paternidad, derecho a vacaciones. Su principal denuncia indicaba, e indica: "El régimen actual de becas doctorales y posdoctorales encubre un trabajo en relación de dependencia". (Si se profundiza un poco sobre el punto, la cuestión de los investigadores revela la tendencia a la proletarización de las condiciones de existencia de las capas medias de la sociedad). Un régimen sostenido durante todo el kirchnerismo por Barañao que se convirtió en el pívot principal del Gobierno de Mauricio Macri para ejercer el ajuste en el área de la ciencia y la tecnología. Barañao, el precarizador bajo el Gobierno de Cristina Fernández, se convirtió en Barañao, el ajustador de Macri que quiso barrer con la mitad de los becarios del Conicet unos días antes de que se celebre la Navidad. Con corte de calle, piquete, toma de edificios en todo el país, el Gobierno tuvo que retroceder.
3.Antes, una insólita campaña de desprestigio sobre la investigación científica en área humanística cobró una virulencia inusitada con el fin de crear un ánimo social proclive al ajuste en el Conicet. Una campaña sostenida en la ignorancia, el prejuicio y en las nociones más atrasadas y vulgares de la sociedad. Basados en los títulos de papers, investigaciones y libros, un cúmulo de tuiteros —y algunos periodistas de raigambre reaccionaria— sostuvo que el Conicet era un antro de ñoquis y desperdicio de fondos estatales. Una total confusión. En principio, habría que señalar que el 78% de las investigaciones que financia el Conicet forma parte del campo de las disciplinas duras y técnicas. Es decir, una minoría muy inferior del presupuesto se dedica a las áreas humanísticas. Sin embargo, se podría obviar este dato y señalar que las investigaciones del campo humanístico también desenvuelven la posibilidad de conocer el mundo y el universo que nos rodea, que está construido también por signos y producciones culturales humanas. Es por eso que Armand Mattelart y Ariel Dorfman escribieron el influyente Para leer al Pato Donald en los setenta, basados en las historietas de Disney; Clifford Gertz aportó a la antropología al estudiar las riñas de gallos en Bali; Émile Durkheim investigó las tasas de suicidio e inauguró la sociología, y así. La campaña ideológica de desprestigio a la investigación en áreas humanísticas, ligada a instalar que en el Conicet se estudia cualquier cosa "con la plata de mis impuestos" y que así se mantiene a vagos y malentretenidos, habría condenado cada uno de estos ejemplos, hitos para sus disciplinas. La victoria en el Conicet es también un triunfo en el campo de la lucha ideológica.
4.A diferencia de las burocracias sindicales de todo tipo, y en particular de la Confederación General del Trabajo (CGT), los investigadores precarizados lucharon por sus derechos apelando al método de la clase obrera y a la acción directa. El lunes 19 por la mañana, una manifestación de los despedidos del Conicet cortó el tránsito en Santa Fe y Godoy Cruz, en la zona neurálgica de Pacífico. Luego se dirigieron movilizados al Polo Científico de Palermo, al lado de un coqueto shopping de grandes marcas al aire libre, donde exigieron respuestas a sus reclamos. El directorio del Conicet, donde revisten destacados kirchneristas como el funcionario Alejandro Ceccatto, segundo de Barañao durante el anterior Gobierno, o la intelectual Dora Barrancos, quien se negó a dar ningún tipo de respuesta. Entonces comenzó la ocupación. Que se profundizaría día a día. (Hay que hacer notar que las organizaciones K abandonaron la toma por un día y medio, se fueron, en función de los compromisos que tenían con los miembros kirchneristas del directorio del Conicet). El movimiento se extendió a nivel nacional, de modo que para el quinto día de ocupación masiva del Ministerio de Ciencia y Tecnología también estaban ocupados los Conicet de San Luis, Córdoba, La Plata, Rosario, Tucumán, Mendoza y Mar del Plata. Las asambleas en la Ciudad de Buenos Aires eran masivas y el viernes eran transmitidas por la televisión abierta y los canales de noticias. Mientras los "gordos" de la CGT se reunían a brindar con Macri, los trabajadores precarizados del Conicet demostraban que la lucha con piquete, corte de calle, ocupación de edificios y asamblea era el camino de acción directa para enfrentar el ajuste. El Gobierno tuvo que recular y los 500 despedidos hoy están adentro. Los matices en la discusión sobre las mejores condiciones que se podrían haber obtenido cobran un lugar secundario en el panorama general del significado del triunfo de esta lucha: se puede derrotar al ajuste macrista, y se puede lograr con los métodos de lucha de la clase obrera. Se trata de un mojón importante para las futuras luchas con un Gobierno que intentará profundizar el ajuste. Un triunfo cuyas características exceden al conflicto mismo del Conicet. Los investigadores habían previsto pasar el 25 en el playón ocupado del Ministerio de Ciencia y Tecnología. No fue necesario debido a la victoria. Fue una feliz navidad.