Los 90 de Guarapo añejo o Fidel Castro

Por Martín Guevara

Eusebio Leal, jefe de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, a causa, según fuentes oficiales, de una enfermedad, es relevado en el cargo y de su puesto al frente del imperio, formado por el conglomerado de empresas Habaguanex; pero no lo relevan ni vicepresidentes, ni encargados, ni ninguno de los gerentes de las diferentes ramas de la compañía, sino las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Y aunque lo preocupante en realidad sea que ni por la oficina de Leal, ni por las FAR, jamás mereció la mínima atención esa Habana Vieja habitada por vecinos reptantes entre escalones desechos, columnas a punto de desplomarse, sostenes para techos agujereados, improvisados, de madera, sinuosamente moviéndose para alcanzar la puerta desconchada de un baño pestilente, sin un solo sanitario que funcione ni una tubería que ose transportar agua por su garganta hasta los restos de grifos y duchas, La Habana de cuerpos que sortean a saltos los pozos callejeros y en rodeos las montañas de escombros de la acera, en tanto sólo se preocuparon por embellecer la parte más lucrativa de la Habana Vieja para disfrute de turistas, empresarios y famosos modistos que viven a miles de kilómetros de sus paredes. Aún así, cabe decir que es una barrabasada que uno de los escasísimos emprendimientos que se llevaron a cabo con buen gusto y criterio como el que demostró Leal y su equipo pase a ser administrado por gestores de tan escaso éxito financiero, comercial y estético como las Fuerzas Armadas.

Pero este acontecimiento puntual no fue ni remotamente lo más comentado en la isla, por una parte porque de ello no se deriva debate alguno en los medios, ni se informa de los verdaderos entresijos, y porque la atención toda estaba puesta en los noventa años que próximamente, este 13 de agosto, iba a cumplir el líder histórico y máximo dirigente de la revolución cubana, Fidel Castro.

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Una longeva vida en un deteriorado cuerpo, estirada con toda suerte de onerosos tratamientos, eminencias médicas internacionales, por supuesto de países capitalistas como España, vida de la cual bastante más de la mitad ha sido un paradigma del poder absoluto universal; permaneció en lo alto del sistema de jerarquía vertical nepótico, casi monárquico, que él mismo estableció en la isla otrora llamada la Perla del Caribe y hoy más conocida como la Bisutería Perdida.

En estos días de campaña electoral en Estados Unidos, gran parte de la opinión pública se alarma con razón con las declaraciones poco elegantes y democráticas de algún candidato, o frente a cualquier mandatario del mundo que esgrima argumentos de corte poco tolerante, decisiones no suficientemente consensuadas con la oposición y la población para llevar a cabo sus ideas o sus caprichos. Sin embargo, buena parte de esa masa crítica ni siquiera se inmuta ante el más de medio siglo de políticas de despropósitos y abusos de poder a base de "dictados" y "lineamientos" del comandante. He ahí el mayor éxito de las barbas y el verde olivo.

Las fosas sépticas no se encuentran en exclusiva en el capitalismo desprovisto de sensibilidad social, ni en el comunismo enemigo de toda diferencia, distinción, cualidad o ambición personal, sino que se halla allí donde el fuerte hedor lo evidencia.

Nueve décadas cumple quien para los adeptos que aún continúan con la voluntad secuestrada por esa suerte de Síndrome de Estocolmo colectivo es Fifo, el Caballo o el Comandante; y quien para los detractores que han tenido la fortuna de enterarse de que pasaron medio siglo padeciéndolo es Cara de Coco, Guarapo, Esteban, Bola de Churre.

El aliñao o ciruelón es una bebida de las provincias orientales de Cuba, así como el prú. El aliñao se elabora con licores y maceración de frutas no cítricas, grosellas, ciruelas, trozos de piña. Según la tradición, el aliñao se empieza a preparar cuando una mujer está encinta, se hunde bajo la tierra, y cuando la mujer da a luz, se bebe y se celebra con algunas botellas de lo enterrado; otras botellas se dejan los años que sea necesario hasta que haya una quinceañera en la familia, e incluso se deja una parte más para cuando toque el turno de casarse.

Guarapo se ha vuelto viejo como un aliñao sustancioso que hubiese pasado por nacimientos, quinces, bodas y hasta sepelios. Aunque, según la tradición, es un eficaz donante de buena suerte, por ende, aunque el comandante sea oriental, se recomienda no llamarle Aliñao sino Guarapo añejo.

Por favor, afines, afectos, secuaces, simpatizantes y obsecuentes, no pierdan la dignidad. Dejen que le canten cumpleaños feliz solamente su familia y aquellos guatacones a quienes él hizo inmensamente poderosos y hoy se hacen ricos, a cambio de la sempiterna adulación zalamera.

Y que soplen noventa velas de cera sobre la tarta, y también una inmensa vela desplegada sobre el palo mayor de una nave que ponga la proa a Lontananza, más allá de Finisterre, y que soplen fuerte, que no dejen de soplar.

@martingueva

El autor es argentino, pero se crió en Cuba. Hijo de Juan Martín, hermano menor de Ernesto "Che" Guevara. Vive en España y es un crítico de las políticas del castrismo.

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