
Número nueve se necesita urgente. Título de El Gráfico en la edición del 29 de enero de 1974 por la falta de gol en Boca durante los amistosos de verano. Cinco días más tarde, ese aviso clasificado obtenía una respuesta.
La tarde del domingo 3 de febrero fue soñada para la hinchada xeneize y para Carlos García Cambón, autor de cuatro goles a River en la bombonera, en el estruendoso 5-2 de la primera fecha del Metropolitano.
El desafío de Boca para esa temporada era darle mayor equilibrio a su voracidad ofensiva y tratar de suplantar a Hugo Curioni, goleador que había marchado al exilio francés, llevándose una marca para la añoranza: 68 tantos en 168 partidos.
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El elegido fue Carlos María García Cambón, fino delantero de Chacarita, que había demostrado su calidad en el campeón del Metropolitano 1969. Llegaba con un buen registro de conquistas, pero no era el clásico goleador de área como Hugo Curioni, sino de tirarse unos metros atrás para asociarse en el armado de juego.

Sesenta segundos pueden alcanzar para dibujar los primeros trazos de una leyenda: un pelotazo largo de Alberto Tarantini no pudo ser dominado por los defensores centrales por un pique engañoso del resbaloso césped. García Cambón se la llevó y ante la salida de Ubaldo Fillol, la colocó contra el poste izquierdo.
River llegó rápido al empate con tanto de Jorge Ghiso, pero fue el único sol millonario de la tarde, un resplandor en medio del nublado cielo. Boca volvió a hacerse dueño y sobre el final del primer tiempo, otra vez el héroe de la jornada puso su nombre (y sus dos apellidos) en la garganta de los relatores, al aprovechar con un cabezazo una mala salida del Pato.
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El tercero fue el único que no hizo García Cambón. Fue de Enzo Ferrero de penal, engañando con calidad el movimiento de Fillol al iniciarse el complemento. Pocos minutos después descontó River, al convertir Enrique Wolff un penal que le había cometido Vicente Pernía a Norberto Alonso. Los visitantes estaban a un paso en los números, pero a kilómetros en juego y llegadas.
A los 66 llegó el cuarto, marcado por García Cambón, en una jugada que sería clásica de aquel Boca dirigido por Rogelio Domínguez, con varios futbolistas llegando a posición de gol. También quedó en el recuerdo la particular indumentaria del bienio 73-74, con pantalones amarillos adelante y azules detrás, que lució en aquella tarde.
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Jornada fundacional en la sociedad García Cambón–Potente. Esa magia que tiene el fútbol de hacer sentir a dos personas que se conocen desde siempre, al momento de levantar la primera pared. Osvaldo Potente era el ídolo de Boca. Un número 10 sagaz, habilidoso, de fuerte carácter. Capaz de hacer de una maniobra intrascendente, una puñalada en el corazón adversario. De ésos que en cualquier momento ponen la pelota justa en la zona de la defensa rival donde se encienden todas las alarmas y se desata un alerta rojo.
Así fue el quinto. Una hermosa pared, que inició García Cambón. Potente se la devolvió con un tacazo para que el delantero enfrente con ventaja a Fillol. La definición fue con gambeta larga y toque corto, para quedar de cara a la hinchada, que vivía el mismo sueño que él.
En los vestuarios, concluido el partido, el habitualmente excéntrico presidente de Boca, Alberto J. Armando expresaba pletórico: "Año en 4, año de Boca", remitiéndose a los títulos conseguidos en 1934, 1944, 1954 y 1964. La realidad fue otra, porque no hubo consagración en 1974. Pero el número 4 de esa tarde aún retumba 45 años más tarde, por el récord de García Cambón: el único futbolista en la historia en marcar esa cantidad de goles en un superclásico.
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En qué anda García Cambón: dejó Boca Juniors a fines de 1976, tras consagrarse campeón Metropolitano y Nacional. Prosiguió su carrera en Unión de Santa Fe y regresó a Chacarita en 1978. Una vez retirado trabajó como entrenador, básicamente en divisiones inferiores. En mayo de 1998, tras el fin del ciclo del Bambino Veira, asumió en forma interina como técnico del primer equipo. Estuvo cinco partidos sin perder y ésos fueron el inicio de la racha que, ya con Carlos Bianchi en el banco, llevó al club xeneize a alcanzar el record de 40 encuentros invicto en el fútbol argentino.Tras su paso por las inferiores de Boca, estuvo dirigiendo al Blooming de Bolivia y en 2004 partió a Indonesia, primero como entrenador y luego como consultor de equipos de ese país. Tras un problema de salud que lo tuvo dos años fuera de la actividad, regresó a Argentina y continuó como asesor de diversos clubes asiáticos. En 2018 trabajó en la divisiones menores de Almirante Brown.
* Autor del libro Inolvidables Partidos Olvidados
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