Sicarios: la sangrienta historia de otra forma de terror

Son niños y adolescentes. Los manejan redes diabólicas de El Salvador. Misión: matar por dinero. Se expanden como tentáculos por media América latina. Hasta ahora, toda represión ha fracasado.

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Las maras, una pandilla criminal
Las maras, una pandilla criminal que nació en Los Ángeles y, desde El Salavador, se expandieron por América. (AP)

"A menudo los hijos se nos parecen", cantó y aun canta Joan Manuel Serrat. Una idílica elegía a esos locos bajitos, más allá del destino que les espera: pobreza, opulencia, desdicha, felicidad. Pero en todo caso su camino no está escrito. Serán lo que deban (o puedan) ser, y hasta es posible que alguno tome el camino equivocado: el delito.

Pero el mundo de Serrat ha cambiado violenta y diabólicamente. En El Salvador y en otros países de América, los locos bajitos, en cuanto crecen, se convierten en perfectas máquinas de matar, adiestrados y regidos por cerebros criminales. Y tienen ya un nombre universal: sicarios.

El método no es nuevo: la mafia inventó las bandas de protección: "Pague, y nada le pasará a su negocio. No pague, y su negocio volará en pedazos". Pero los ejecutores eran hombres. De bomba y metralla, pero hombres.

El nuevo espanto, el sicario, muchas veces es un niño o un adolescente. ¿Quién, a priori, puede desconfiar de él, más allá de sus tatuajes y sus duras miradas, acaso producto de la miseria, la vida en la calle, etcétera? En todo caso, despiertan piedad entre las buenas almas…

Y he ahí el terrible secreto. La trampa mortal. Porque el sicario es una especie de robot elegido y formado para matar por dinero, y jamás actúa por su cuenta: depende de una o más maras (jefas), que los reclutan, los adiestran y los convierten en robots con un solo mandato: matar.

Y bien se sabe que la muerte por encargo es una profesión de alto lucro desde la noche de los tiempos…

La pandilla Mara Salvatrucha (sigla MS 13), ha logrado una estructura tentacular: cientos de sicarios que producen, a muerte por cabeza, hasta 80 mil dólares diarios, dentro y fuera del Salvador. Y con absoluta impunidad de doble comando: el criminal menor de edad, y un entrenamiento y apoyo superior que le permite al mayor esfumarse en segundos: pasaje en el bolsillo, aeropuerto, y hasta el próximo blanco. Una de las reglas centrales en la MS 13 es repartir los beneficios que se consiguen, como lo haría cualquier familia…

(AP)
(AP)

Los miembros de esta pandilla criminal se reconocen por sus tatuajes en todo el cuerpo, la extrema violencia, y una excesiva crueldad en sus actos que los llevó a ser contratados por el cartel de Sinaloa -dirigido en ese entonces por Joaquín "El Chapo" Guzmán-, para entrenarlos en el manejo de armas y contrarrestar la fuerza de la poderosa Organización del Golfo (Los Zetas) en la guerra narco que azota México.

Pero en el mundo económico y financiero siglo XXI hay una verdad indiscutible: el éxito casi seguro es la diversificación. Y Mara Salvatrucha y su más fuerte competidora, Barrio 18, han establecido amplísimas e inasibles redes conectadas con el narcotráfico, y también, por izquierda, con negocios legales: empresas de transporte, concesionarias de automóviles, hoteles, restaurantes, bancos…

A más grande la red, más profusa la pesca. A más grande la red, más corrupción entre los obligados a quebrarla: grandes sectores de la policía. Pregunta sin respuesta posible: ¿Cuántos sicarios pululan por el mundo? Se habla, sin precisión, de unos 40 mil. Pero con el constante alimento de nuevos acólitos, inmigrantes desesperados, y algunos miembros capturados por sectas pseudoreligiosas. Una de ellas se hacía llamar "Cuerpo místico de Cristo"…

El sociólogo mexicano Raphael Theodoro, notorio criminalista, dice que desde siempre, El Salvador, Honduras, Guatemala y México han sido tierra fértil para las maras. Y que la franja sur de México está "gravemente lacerada y abandonada: no se ejerce un control, ni políticas pensadas sin violencia y/o muerte para esas bandas". Insiste, además, en que esos cuatro países son caminos de migrantes y delincuentes, todos usados por el gobierno como carne de cañón. "Porque si ya el narcotráfico ha causado un daño incalculable e irreparable, todavía no se ha roto el tejido social mexicano. Pero ese peligro pende sobre nosotros, inexorable".

Hasta ahora, y quizá nunca suceda, ha sido posible neutralizar a las maras y sus sicarios. Ni convenios entre países fronterizos ni controles presuntamente más estrictos. Presuntamente, porque con tanto dinero en juego… ¿quién controla, quién le pone el cascabel al gato?

No hace mucho, en El Salvador, aparecieron 637 menores asesinados. Mucho más que un aviso: el sicario lo es para toda la vida…

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"Acá pasó lo de siempre:/ han muerto cuatro romanos / y cinco cartagineses", escribió en un poema Federico García Lorca, aludiendo a la eterna y remota guerra entre Roma y Cartago.

Y acá nomás, en nuestra América Latina, seguirá pasando lo de siempre: los sicarios seguirán matando.

Y lo peor, con una lógica sin matices: matar por dinero. Algo que supera la despreciable pero diferente lógica del narcotráfico: ocupar espacios en todo el mundo comprando voluntades de todo tipo (políticas, policiales, empresarias), lavar dinero negro e integrarlo al circuito legal, como claramente lo exhibe la saga fílmica El Padrino), y matar como última instancia: el dominio territorial.

Lo que realmente espanta es que estas notas (una, cien, mil, y cuantas más se escriban), no tienen más remedio que exponer el caso y actualizar las negras estadísticas.

"Lasciate ogni speranza voi che entrate", escribió Dante Alighieri en su inmortal Divina Comedia, frente a las puertas del Infierno.

Dolorosamente, también es el fin de esta nota.

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