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Logística del té: los tiempos y certificaciones que definen cada envío

Giselle Robles, coordinadora de comercio exterior en una empresa exportadora de té y yerba, cuenta cómo el transporte marítimo, los plazos ajustados y las certificaciones definen cada exportación

Giselle Robles es coordinadora de comercio exterior en una empresa exportadora de té y yerba (Foto: Movant Connection)

Giselle coordina la exportación de té y yerba desde Misiones hacia mercados tan distintos como Rusia, Estados Unidos o Malasia, donde cada envío depende de plazos que casi no dan margen de error. “Si el certificado está emitido después de que el avión salió, ya no es válido”, explica, y esa frase resume la tensión constante entre tiempos, certificaciones y fletes que atraviesa cada operación.

¿Qué tipo de té se exporta desde Argentina y cómo varía según el destino?

Desde Argentina se exporta té negro principalmente desde Misiones, la provincia con mayor producción. El grado del té varía según el destino: a Rusia se envía una calidad superior, mientras que a mercados como Malasia se destina un té más económico, que se usa más para dar volumen que por su sabor.

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¿Cómo es el circuito logístico completo de una exportación, desde que sale el contenedor vacío hasta que llega al cliente?

El contenedor vacío se retira en Buenos Aires y el transporte lo lleva hasta la planta en Misiones para la carga. Según la fábrica, la aduana se hace en la propia planta o en Santo Tomé, Corrientes, y después el contenedor vuelve a Buenos Aires para embarcarse.

A partir de ahí se hace el seguimiento del buque hasta destino. Cuando la condición de venta lo requiere, también se coordina el transporte en el país comprador, teniendo en cuenta normativas locales como el peso máximo de carga permitido, que varía de un país a otro.

¿Qué cuidados especiales requiere el transporte del té para que no pierda calidad?

El punto más sensible es la humedad. Hay que coordinar que el té salga del secado y pase directamente al envase a granel, porque si queda expuesto vuelve a tomar humedad y, si al llegar supera lo especificado, el cliente puede rechazar el producto.

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Con los clientes internacionales, el tipo de bolsa, el tamaño y el peso los define el comprador, y hay que evaluar si esa medida es viable según lo que ya está calculado para cargar el contenedor. El costo de cada bolsa también se revisa de cerca, porque el té es un producto de rentabilidad ajustada.

¿Cómo impactan las certificaciones internacionales en la operación logística?

Las certificaciones no se gestionan desde el área logística, pero condicionan directamente la carga. Hace poco una de las fábricas quedó deshabilitada para una certificación puntual, lo que impidió coordinar despachos con ese origen hasta que se resolviera.

"Más que por la calidad del té, la diferencia argentina pasa por la capacidad de resolución", afirma Giselle (Foto: Shutterstock)

Con la yerba orgánica, que se exporta por vía aérea, el margen es todavía más chico: la certificación de trazabilidad debe estar lista antes de que salga el vuelo, y una vez que la carga ingresa al aeropuerto quedan apenas un par de días para completarla.

Si el certificado está emitido después de que el avión salió, ya no es válido, y sin ese papel la mercadería no puede ingresar a destino. Ya pasó de tener que dar de baja una carga programada por no llegar a tiempo con esa documentación.

¿Qué hace competitivo al té argentino frente a otros países productores?

Hay mercados muy difíciles de competir, como India, que tienen un estándar de té alto y precios muy competitivos. Por eso la estrategia apunta a destinos como Estados Unidos o Rusia, mercados exigentes donde no todos los proveedores están dispuestos a trabajar.

Más que por la calidad del té, la diferencia argentina pasa por la capacidad de resolución: encontrarle la vuelta a un destino complicado y sostener cargas mensuales incluso en mercados donde otros proveedores no logran mantenerse.

¿Qué parte del proceso queda más invisible para quien compra el producto final?

Antes de exportar hay un trabajo largo que no se ve: se toman muestras en laboratorio, se prueban, se envían al cliente para su aprobación y recién ahí se coordina con la fábrica la disponibilidad de stock y con el forwarder la negociación de fletes.

Ese valor del flete es hoy muy difícil de prever, porque el mercado está dinámico y los ajustes son constantes. Cuando se anuncia un aumento, todos buscan cargar antes, los buques se llenan y después cuesta cumplir con los plazos de entrega.

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