“Cuando compro un producto quiero que me llegue a mi casa, pero no sé de dónde salió, no sé si se creó mágicamente”. Haciendo hincapié en un sentimiento generalizado, Pamela recorre lo que pasa detrás de cada entrega en ecommerce: decisiones de stock, coordinación de depósito y equipos que tienen que entender el por qué de cada tarea para que la cadena funcione de principio a fin.
¿Cómo es la operación que conducís actualmente?
Básicamente gestiono todo lo que es supply chain, desde el ingreso de la mercadería que baja en zona franca hasta que el producto llega a la puerta de tu casa. Es toda la cadena. Tengo equipos a cargo en cada etapa y actualmente también estamos armando un depósito propio, que es un proyecto grande.
Siempre estuve muy del lado del inventario, del stock, del almacén. Ver cómo las unidades y los movimientos encajan, cómo los resultados son tangibles. Eso fue lo que me enganchó desde el principio y es lo que define mi gestión hoy.
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¿Qué implica gestionar esa cadena en el contexto del ecommerce?
La dinámica del ecommerce exige un movimiento constante. El consumidor compra desde el celular y espera que el producto llegue rápido, sin ver nada de lo que pasa en el medio. Eso genera una presión operativa real: el stock tiene que estar disponible, los movimientos tienen que ser precisos y cualquier error se ve inmediatamente del otro lado.
Lo que sí cambia respecto a otras operaciones es la velocidad. No hay margen para el desorden. Por eso el inventario y el control de stock son el centro de todo. Si eso falla, falla la cadena entera.
¿Cómo se forma y se lidera un equipo operativo en ese entorno?
Con tres preguntas: qué vamos a hacer, cómo lo vamos a hacer y por qué. La más importante es la última. Si los chicos no entienden por qué se les pide algo, no lo toman como propio. Vienen, trabajan y se van, y se olvidan. Y en una operación de este tipo, eso no alcanza.
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Lo que busco es que realmente aprendan. Que entiendan que lo que hacen en el depósito tiene un efecto concreto al final de la cadena. Una vez que eso se entiende, cambia todo: el compromiso, la atención al detalle, la forma en que resuelven los problemas.
¿Cómo manejás el proceso de delegar tareas operativas?
Para poder delegar bien, primero tengo que conocer a la persona, sus capacidades y sus formas. Cuando alguien es nuevo o cuando hay que asignarle una tarea nueva, lo que hago es enseñarle directamente lo que necesito, después hago un seguimiento cercano los primeros días y recién ahí lo suelto, con la puerta abierta para dudas.
Pero hay algo que exijo: que vengan con el problema analizado. Si alguien me trae un planteo y hay preguntas básicas que no se hizo, es porque no lo analizó al cien por ciento. No lo digo de mala manera, pero sí los empujo a que le den la vuelta completa antes de venir. Eso los hace mejores operadores.
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La logística de depósito históricamente fue un rubro masculino. ¿Cómo impacta eso en la gestión cotidiana?
Me pasó de entrar a depósitos y encontrar gente que venía con otras costumbres, con resistencia de entrada. Lo que encontré fue que la forma de trabajar con eso es bajarse del rango y ser casi un par, pero sin perder la autoridad. Que me vean como alguien que también estuvo en ese lugar, que si hay que ponerse a hacer el trabajo lo hace.
Con esa base es mucho más fácil que se abran, que compartan cómo están trabajando y que se pueda conectar ese mundo con el de los más jóvenes, que tienen una dinámica completamente diferente.
¿Ves a la logística como una opción real de inserción y desarrollo para perfiles jóvenes?
Me parece que debería hacerse mucho más foco en eso. Los chicos salen de la secundaria un poco perdidos y el depósito les da algo concreto: ven cómo funciona una cadena, entienden que detrás de cada compra online hay un proceso real. Eso los sorprende y a muchos los motiva.
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Y no es solo el trabajo en sí. Tengo chicos que terminaron siendo analistas de datos o que se prepararon para servicio técnico, porque estando en el depósito descubrieron algo que les interesó más. La logística te da pie para ver más allá. Es una buena base, aunque después cada uno elija su camino.