“La logística hoy es el alma del negocio, es la promesa; no podés fallarle a tus clientes”. Con esa convicción, Sheila traza un mapa claro de los errores más comunes entre quienes emprenden: enfocarse solo en el producto y perder de vista la estructura que lo sostiene. En esta nota repasa el rol de la logística, el impacto de las redes y la importancia de emprender desde la autenticidad.
¿Qué errores ves con más frecuencia en las mujeres que empiezan a emprender?
El principal es no valorizar la capacitación. Tener un negocio es mucho más que el producto que ofrecemos. Muchas mujeres no saben cuál es la solución que ofrecen, saben que venden algo pero no identifican qué problema resuelven. Y peor aún, no segmentan el mercado. Dicen “le voy a vender a cualquiera que me quiera comprar”, y ese es uno de los peores errores, porque es como encontrar una aguja en un pajar.
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Lo que trabajamos desde la comunidad son distintas capacitaciones para que vayan adquiriendo las habilidades que necesita una emprendedora para lograr los resultados que busca. No se trata de hacer más, se trata de hacer lo que hay que hacer. Y lo que no pueden dejar de hacer es invertir tiempo en capacitación y en autoconocimiento.
¿Cómo ves la relación entre las emprendedoras y la logística?
Hay muchas emprendedoras que le tienen miedo a la logística. Antes era común quedarse dentro de un radio acotado, no salir de ciertas cuadras. Hoy eso ya no existe. Hay que ampliar.
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Y no se trata solo de que el producto llegue: tiene que llegar en condiciones y en el tiempo estipulado. Eso es lo que le da credibilidad al negocio. ¿Cuántas veces comprás algo para que te llegue en 48 horas y si no llega ya descreés de la marca? La logística hoy es el alma del negocio, es la promesa; no podés fallarle a tus clientes.
Yo lo aprendí de primera mano. Trabajé muchos años en negocios en La Plata y fuimos de los primeros en operar en el mundo online, hace más de quince años, cuando todavía no se tenía conciencia del poder del canal digital. Gestionar esa logística era muy difícil en ese momento, y entender los costos fue un gran desafío. Hoy está todo más aceitado, pero las emprendedoras todavía tienen un gran camino por recorrer en ese sentido.
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¿Qué lugar ocupan hoy las redes sociales en un emprendimiento?
Tener redes sociales ya no es tener una vidriera al mundo. Hoy las redes sociales son el negocio. Vendas productos o servicios, la red social es la puerta al mundo laboral. Podés expandirte muy rápido, en un día podés cambiar tu vida.
Hay muchas personas que dicen “lo mío no son las redes” o “tengo vergüenza de mostrarme”. Esas personas están diez años atrás. Ya no se trata de hacerlo o no: si no lo estás haciendo, estás perdiendo el tiempo. Hoy gana quien tiene redes sociales y quien las monetiza.
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Se habla mucho de autenticidad en las redes, ¿qué significa eso en la práctica?
La gente valora lo real. Cuando ve una superproducción, lo percibe como algo lejano, como alguien que ya está en otro nivel, y no conecta tanto. Pero cuando ve a una persona que lo hace con lo que tiene, eso se siente auténtico. Una persona se identifica y dice “puedo ser yo”.
Lo más lindo de las redes hoy es que literalmente cualquier persona puede vivir de lo que ama hacer. Se empieza de a poco, haciendo también. Cuando el público es claro y uno se posiciona dentro de un nicho, todo pasa rápido. Y eso no tiene precio: cuánta gente trabaja en lugares donde no quiere estar, soñando con estar en otro lado. Hoy pueden estarlo. Tienen esa oportunidad en la palma de la mano.
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¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando?
Que se involucre, que se capacite. Hoy es muy fácil acceder a la información: no se necesitan certificaciones ni posgrados, se necesita saber de lo que uno está haciendo. Y eso se puede encontrar en tutoriales, en inteligencia artificial, en muchos recursos disponibles.
Pero no para hacerlo por arriba, que es lo que veo mucho: usar las herramientas para sacarse el problema de encima. Hay que involucrarse, buscar la solución, resolverla. Porque nadie se olvida de algo que tuvo que solucionar.
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