Alimentación y rendimiento en logística: cómo impacta lo que comemos

María Cecilia Ponce, licenciada en nutrición especializada en longevidad y nutrigenética, explica cómo la alimentación, el entorno y la gestión emocional influyen

María Cecilia Ponce es licenciada en nutrición especializada en longevidad y nutrigenética (Foto: Movant Connection)

Al referirse a la importancia de la alimentación, María Cecilia comenta que “el rendimiento laboral, la energía y la capacidad de concentración se ven desbalanceados cuando las decisiones alimentarias no son las adecuadas”. En esta entrevista, profundiza sobre nutrigenética, longevidad saludable y el impacto real que tienen las acciones cotidianas —especialmente en contextos laborales exigentes— sobre nuestra energía, concentración y calidad de vida.

¿Qué es la nutrigenética y por qué hoy tiene tanta relevancia?

Tiene que ver con analizar nuestro ADN, nuestras células, para entendernos mejor. No se trata solo de saber qué comemos, sino de comprender cómo dialoga lo que comemos con nuestra genética.

Hoy sabemos que no todo es genético en términos determinantes. Existe el concepto de epigenética, que implica que no todo lo que tenemos en nuestro ADN necesariamente se va a expresar. Nuestro entorno, la calidad de sueño, la gestión emocional, lo que comemos e incluso cómo es nuestra relación con la comida influyen en ese diálogo constante con nuestros genes.

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Podemos silenciar ciertas expresiones y potenciar otras. Eso es lo interesante: entender que somos parte activa en la construcción de nuestro bienestar.

¿Cómo evolucionó el concepto de nutrición en los últimos años?

Cambió muchísimo. Cuando me recibí, hace más de 25 años, la nutrición estaba asociada casi exclusivamente al sobrepeso o a ciertas patologías específicas.

Hoy entendemos que la alimentación es una herramienta central para vivir más y vivir mejor. Hablamos de nutrición en longevidad. Sabemos que podemos modular procesos biológicos vinculados al envejecimiento, aumentar la expresión de genes que nos confieren beneficios y paliar aquellos que nos predisponen a riesgos.

La alimentación dejó de ser solo control de peso para convertirse en una estrategia de salud integral.

La longevidad saludable hoy es un concepto fuerte. ¿Qué implica realmente?

La expectativa de vida aumentó muchísimo en el último siglo. Pero el punto clave es la expectativa de vida saludable. No es solo cuántos años vivimos, sino cuántos años vivimos bien. Y ahí aparecen la alimentación, el sueño, la actividad física y la gestión emocional.

Si vivimos más años en buenas condiciones, tenemos más vida económicamente activa, más tiempo de disfrute, más autonomía. La longevidad saludable es un enfoque preventivo. Es construir bienestar a largo plazo.

La nutrición ganó protagonismo en el imaginario colectivo. ¿A qué lo atribuís?

A que hoy se sabe mucho más y también a que está todo más visible. Desde distintas especialidades médicas se entiende que la nutrición atraviesa todos los tejidos. Lo que consumimos se transforma en materia prima para el cerebro, la piel, el sistema cardiovascular y el sistema inmunológico.

El desafío hoy no es el acceso a la información, sino saber filtrar y entender la bioindividualidad. No todos respondemos igual a los mismos alimentos. Existen intolerancias, sensibilidades, perfiles genéticos distintos. La nutrición funcional y la medicina personalizada crecieron justamente por eso.

¿Qué deberían tener en cuenta trabajadores con alta exigencia, como los del sector logístico?

Los trabajadores de logística, como todos los que tienen desórdenes de horarios, estrés elevado y jornadas laborales extensas, tienen que prestar atención a que el alimento no es solo materia prima para el cuerpo, sino también un medio energético.

Si queremos mantener vitalidad, concentración, lucidez y claridad mental, tenemos que entender que la alimentación está constantemente vinculada con esos procesos. Cada vez que consumimos alimentos generamos neurotransmisores como dopamina y serotonina, que influyen directamente en nuestro estado mental, en el nivel de alerta y en la motivación.

Cuando predominan los ultraprocesados, snacks o comida rápida, esos productos actúan sobre áreas cerebrales que alteran estos neurotransmisores. Pueden disminuir la capacidad de decisión, generar mayor ansiedad y afectar el funcionamiento neurocognitivo. Incluso hoy se habla de neuroinflamación asociada al consumo frecuente de ciertos productos comestibles diseñados para generar más consumo.

En consecuencia, el rendimiento laboral, la energía y la capacidad de concentración se ven desbalanceados cuando las decisiones alimentarias no son las adecuadas. En trabajos donde el nivel de exigencia es alto y los errores tienen impacto operativo, la calidad de la alimentación deja de ser un detalle y pasa a ser un factor clave del desempeño.

Para María Cecilia, "hoy entendemos que la alimentación es una herramienta central para vivir más y vivir mejor" (Foto: Shutterstock)

¿Qué cambios concretos pueden implementar en jornadas exigentes?

Primero, volver a la comida real. Frutas, verduras, proteínas, grasas de buena calidad, frutos secos. Segundo, entender los tiempos. Si estoy con niveles de cortisol muy elevados —modo alerta— la digestión se inhibe. A veces conviene esperar un momento de mayor calma para comer.

También es importante llevar opciones saludables si sabemos que la jornada va a ser extensa. Frutos secos, huevos duros, yogur natural, frutas frescas. Evitar depender del snack rápido. La hidratación es clave, especialmente en jornadas intensas o nocturnas.

¿Hay mitos sobre la alimentación que hoy deberían revisarse?

Sí. Uno muy instalado fue el de comer cada dos horas para mantener estable la glucosa. Hoy sabemos que el picoteo constante, sobre todo si es de ultraprocesados, genera más desbalance glucémico, más picos de insulina y mayor acumulación de grasa visceral. Eso aumenta inflamación sistémica y riesgo metabólico.

No se trata de comer todo el tiempo, sino de comer mejor y de reconocer si realmente tengo hambre o si estoy ansioso, aburrido o buscando placer inmediato.

¿Cómo diferenciar hambre real de búsqueda emocional?

El hambre real se satisface con comida completa: proteínas, grasas saludables y vegetales. Cuando buscamos algo dulce específico o un snack puntual, muchas veces es búsqueda de dopamina, de placer inmediato.

El problema no es el placer en sí, sino cuando se convierte en la única fuente de regulación emocional. La comida cumple funciones sociales y emocionales, pero no debería ser el único recurso.

Si alguien quiere comenzar una transición hacia una alimentación saludable, ¿por dónde empieza?

Primero, por la conciencia. Hacerse análisis de sangre, evaluar parámetros bioquímicos, composición corporal, masa muscular. El cortisol crónicamente elevado —muy común en trabajos exigentes— reduce masa muscular y favorece acumulación de grasa abdominal, que es inflamatoria.

Segundo, actuar desde la bioindividualidad. Entender intolerancias, sensibilidades, qué necesita cada cuerpo. Tercero, llevar la ciencia a la mesa: compras conscientes, menos procesados, más alimentos reales. Planificación. Meal prep si es necesario.

Además, cuidar el sueño. Sin sueño reparador no hay regulación hormonal ni metabólica adecuada. Y moverse. La actividad física es parte del equilibrio.

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