Antes del futbol moderno: así se practicaba el juego de pelota en las civilizaciones mesoamericanas

Las evidencias arqueológicas han permitido reconstruir parte de sus reglas, aunque aún existen aspectos del juego que permanecen sin certeza histórica

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(chichenitza)
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Mucho antes de que el futbol se convirtiera en el deporte más popular del mundo, en Mesoamérica ya existía una práctica que reunía competencia, ritual y espectáculo: el juego de pelota.

Esta actividad fue practicada durante siglos por diversas culturas de la región y dejó huellas visibles en la arquitectura y en los registros históricos que aún se conservan.

Las canchas donde se desarrollaba este juego forman parte de las características arqueológicas que distinguen a Mesoamérica, una región que se extendía desde el actual territorio de Zacatecas, en México, hasta Costa Rica.

Además de su dimensión deportiva, el juego de pelota tuvo un papel relevante dentro de la vida ritual y social de las sociedades prehispánicas.

Un juego con significado ritual y presencia en toda Mesoamérica

(Ciencia UNAM)
(Ciencia UNAM)

De acuerdo con un artículo publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el juego de pelota no solo funcionaba como una actividad competitiva, sino que también estaba ligado a contextos religiosos. En ciertas ceremonias se escenificaban rituales e incluso se han documentado prácticas de sacrificio vinculadas con el desarrollo del juego.

Diversos estudiosos también han señalado que alrededor de esta actividad se realizaban apuestas y que, en algunos casos, el juego servía como un mecanismo para resolver conflictos.

La arquitectura de las canchas es uno de los elementos más representativos de esta tradición. La forma más conocida es la estructura en I, compuesta por un pasillo central alargado y dos cabeceras en los extremos. En algunas de estas canchas se colocaban discos de piedra con un orificio en el centro, conocidos como marcadores, que solían estar decorados con diferentes imágenes.

El doctor Jesús Galindo Trejo, del Instituto de Investigaciones Estéticas, explica en el libro El juego de pelota mesoamericano que hacer pasar la pelota de hule a través de ese marcador representaba una de las mayores hazañas dentro del juego.

En lengua náhuatl, esta práctica era conocida como tlachtli. La pelota estaba elaborada con hule extraído de árboles de caucho, lo que le permitía rebotar. De acuerdo con los registros históricos, este juego se practicaba al menos desde 1400 a. C. y se realizaba principalmente utilizando la cadera.

Reglas y simbolismo

(chichenitza)
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Con el paso del tiempo, los investigadores han logrado reconstruir solo de manera parcial las reglas del juego. Según información del sitio oficial de la Zona Arqueológica de Chichén Itzá, los conocimientos actuales provienen de representaciones pictóricas y de monumentos de piedra hallados en distintos sitios arqueológicos.

Estas evidencias indican que al inicio del juego la pelota se introducía a la cancha con la mano; después de ese momento solo podía tocarse con las caderas y los muslos. No existe información definitiva sobre el número de jugadores, el sistema de puntuación o el método para determinar al ganador.

Algunas referencias del Popol Vuh sugieren que el juego podía disputarse de distintas formas: uno contra uno, en parejas o por equipos. En varias representaciones visuales, los jugadores aparecen realizando diferentes movimientos que muestran las acciones posibles durante el encuentro.

Además del aspecto técnico del juego, algunos estudios han propuesto una posible relación simbólica con fenómenos celestes como el Sol, la Luna o el planeta Venus. En ciertos códices, como el Códice Borgia, aparecen representaciones de dos deidades (dos Tezcatlipocas) jugando, una asociada al Sol y otra a la noche.

Sin embargo, el doctor Jesús Galindo Trejo señala que, aunque desde los primeros estudios se planteó la posibilidad de una conexión entre la orientación de las canchas y los ciclos celestes o calendáricos, las variaciones existentes en su orientación no siempre coinciden con la salida o puesta del Sol.