Bicarbonato y vinagre blanco eliminan lo quemado de la base de los sartenes sin productos químicos agresivos, usando una reacción que cualquier cocina mexicana puede reproducir con lo que ya tiene en casa.
El bicarbonato de sodio actúa sobre la grasa carbonizada mediante alcalinidad: su pH de entre 8.0 y 8.3 rompe los enlaces de proteínas y aceites quemados.
El vinagre blanco disuelve los depósitos minerales y azúcares caramelizados adheridos al metal.
La cocina es una de las zonas del hogar con mayor acumulación de residuos grasos, sobre todo alrededor de la estufa.
Cómo aplicar el método según el tipo de sartén
Para sartenes de acero inoxidable o enamel, el procedimiento es el siguiente, según la Extensión de la Universidad de Illinois.
Se voltea el sartén y se deja enfriar por completo —agregar agua fría a metal caliente puede deformarlo—.
Se cubre la base quemada con bicarbonato, se agrega suficiente vinagre blanco para humedecerlo y se deja reposar entre 15 y 20 minutos.
El burbujeo que se produce es CO₂: el gas despega mecánicamente los residuos que la alcalinidad ya ablandó. Se talla con esponja de nylon.
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Para bases de sartenes antiadherentes, el vinagre en caliente puede degradar el recubrimiento, advierte el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés).
La alternativa es una pasta de tres partes de bicarbonato por una de agua, que se extiende sobre el área quemada, se deja actuar 15 minutos y se retira con esponja suave. Sin sal, sin estropajos abrasivos.
Qué usar según el tipo de quemado
No todo lo que se pega al sartén responde igual. Si el quemado además de estar en la base, está por dentro, el bicarbonato funciona mejor sobre grasa quemada y residuos de proteína —frijoles, carne, huevo— porque su alcalinidad rompe esos enlaces.
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El vinagre, en cambio, es más eficaz cuando lo que se pegó fue un líquido azucarado o con almidón —salsas, arroz, mermelada— porque el ácido acético disuelve los depósitos caramelizados.
Para quemados mixtos o capas gruesas, las fuentes consultadas coinciden en usar primero el calor con bicarbonato y agregar el vinagre fuera del fuego, sin mezclarlos en ebullición, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), que documenta el uso combinado de ambos ingredientes como limpiadores de uso general en superficies de cocina.
Lo que no se debe hacer, según la Universidad de Illinois
La Extensión de la Universidad de Illinois advierte que no se deben usar limpiadores abrasivos, lana de acero ni cloro en sartenes de metal: el blanqueador oscurece el acero y puede corroerlo.
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El USDA añade que cualquier limpiador debe retirarse completamente de la superficie antes de que el utensilio vuelva a estar en contacto con alimentos, condición que el enjuague con agua corriente cumple sin dificultad.
Para sartenes de hierro fundido, el vinagre en remojo prolongado elimina el sazonado del metal y aumenta el riesgo de oxidación.
En ese caso, la sal gruesa funciona como abrasivo mecánico: se esparce sobre el fondo tibio, se frota con papel de cocina doblado, se enjuaga con agua caliente —sin jabón— y se seca de inmediato sobre la estufa a fuego bajo antes de aplicar unas gotas de aceite.
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La importancia de la limpieza en la cocina
Según el Manual de Saneamiento Básico de la Agencia de Protección Sanitaria del Gobierno de la Ciudad de México (AGEPSA), la correcta limpieza del hogar tiene como propósito identificar y atender prácticas de riesgo a nivel familiar.
La misma agencia advierte que un ambiente sucio favorece enfermedades gastrointestinales como diarreas, fiebre tifoidea y hepatitis. Limpiar con el producto adecuado, señala la AGEPSA, forma parte de las medidas de higiene que cualquier hogar debe seguir.
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