México queda fuera de la cumbre “Escudo de las Américas” organizada por Trump en Miami

Donald Trump reunirá en Miami a líderes de doce países latinoamericanos para fortalecer un bloque aliado de Washington y limitar la influencia china en la región

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(Infobae-Itzallana)
(Infobae-Itzallana)

Una lista que habla por sí sola

Doce países latinoamericanos fueron convocados este sábado a Miami para la cumbre “Escudo de las Américas” organizada por Donald Trump. Argentina, El Salvador, Ecuador, Paraguay, Honduras… La lista es larga, pero hay un nombre que brilla por su ausencia: México. El país con quien Estados Unidos comparte más de tres mil kilómetros de frontera, el mayor socio comercial del bloque T-MEC y el vecino más cercano no recibió invitación.

El criterio de selección que dejó fuera a México

La cumbre no fue diseñada para reunir a los países más importantes de la región, sino a los más afines ideológicamente a la Casa Blanca. El perfil de los invitados lo deja claro: Javier Milei, Nayib Bukele, Daniel Noboa. Gobiernos que han abrazado públicamente la agenda de Trump, que han cooperado en deportaciones y que han tomado distancia explícita de China. Claudia Sheinbaum no encaja en ese molde. México ha mantenido una política exterior de no alineamiento, se ha negado a adoptar una postura hostil frente a Beijing y ha resistido presiones para militarizar del todo la frontera sur.

La paradoja: el socio más importante, excluido del club

La ironía es considerable. México es, por mucho, el país latinoamericano con mayor peso en la agenda estadounidense. Es el principal socio comercial de Estados Unidos, el origen de la mayor parte de la discusión migratoria y el eje del combate al fentanilo y al narcotráfico que tanto preocupa a Washington. Sin embargo, esa misma centralidad lo convierte en un interlocutor incómodo: no es un aliado dócil, sino una contraparte con poder de negociación propio.

Entre aranceles y tensiones, la relación atraviesa grandes tensiones

La exclusión llega en un contexto de tensión bilateral, pero también de una tradición diplomática que México ha defendido por décadas. La política exterior mexicana se rige por principios constitucionales que incluyen la no intervención, la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de controversias, principios forjados precisamente a partir de una historia marcada por intervenciones extranjeras, desde la ocupación estadounidense del siglo XIX hasta episodios más recientes que dejaron huella profunda en la identidad nacional.

Ante las presiones de Washington, la presidenta ha respondido con cooperación donde es posible y con firmeza donde está en juego la soberanía. México ha colaborado activamente en materia migratoria, desplegando miles de elementos de la Guardia Nacional en su frontera sur y coordinando con autoridades estadounidenses el flujo de personas. En materia de seguridad, el diálogo con Washington se ha mantenido, aunque en los términos que dicta la Constitución mexicana, sin permitir operaciones unilaterales de fuerzas extranjeras en territorio nacional, algo que Sheinbaum ha subrayado en repetidas ocasiones.