
La Sociedad Americana para el Estudio de Enfermedades del Hígado (AASLD) ha identificado que existe una vitamina esencial capaz de proteger el hígado y revertir la fibrosis en pacientes con esteatohepatitis no alcohólica (EHNA).
Este hallazgo marca un avance relevante para quienes padecen enfermedades hepáticas asociadas a la acumulación de grasa, condición que sigue aumentando en prevalencia global.
De acuerdo con lo difundido por la Sociedad Americana para el Estudio de Enfermedades del Hígado, un estudio que incluyó a 3.746 pacientes diagnosticados con hígado graso demostró que la administración de esta vitamina, en dosis de 400 a 800 unidades internacionales (UI) al día, se asoció con una reducción significativa de la fibrosis hepática durante un seguimiento de aproximadamente dos años.
La evidencia fue recogida en el análisis de la elasticidad del órgano, indicador clave del avance de la enfermedad.

Vitamina E: El antioxidante más investigado
La principal protagonista en la prevención y tratamiento de la esteatohepatitis no alcohólica (EHNA) es la vitamina E (tocoferol). Su mecanismo de acción se basa en su capacidad antioxidante, lo que permite neutralizar radicales libres y limitar los procesos inflamatorios que dañan las células hepáticas.
La Sociedad Americana para el Estudio de Enfermedades del Hígado subraya que este nutriente ha sido el más estudiado en el contexto del hígado graso no alcohólico, también conocido como EHGNA o MASH por sus siglas en inglés.
La vitamina E se encuentra de manera natural en alimentos como frutos secos, semillas y aceite de oliva. Su uso en el ámbito clínico responde a la necesidad de limitar el avance de la fibrosis y mejorar la función hepática, según la evidencia acumulada en los últimos años.
Entre los datos destacados del estudio citado por la AASLD figura que la suplementación con vitamina E permitió revertir parte del daño estructural en el hígado en un porcentaje relevante de los pacientes analizados. Esta intervención se posiciona como una alternativa complementaria a las modificaciones en el estilo de vida, como la reducción de peso y la incorporación de una dieta balanceada.
El papel de la vitamina D en la prevención
Otra vitamina que ha captado la atención de la comunidad médica es la vitamina D. Diversas investigaciones han relacionado niveles bajos de este nutriente con un mayor riesgo de desarrollar hígado graso. De acuerdo con la Sociedad Americana para el Estudio de Enfermedades del Hígado, la vitamina D contribuye a reducir la inflamación y la formación de grasa en las células hepáticas, lo que la convierte en un elemento clave para la prevención de la progresión de la enfermedad.

El organismo obtiene vitamina D a través de la exposición solar y el consumo de alimentos fortificados, como productos lácteos y algunos tipos de pescado. La deficiencia de este compuesto se asocia a alteraciones metabólicas que favorecen la acumulación de lípidos en el hígado.
Vitaminas clave para el hígado graso
Los especialistas destacan dos nutrientes principales en la estrategia de protección hepática:
- Vitamina E (Tocoferol): Actúa como antioxidante protector y es el suplemento más estudiado en pacientes con hígado graso no alcohólico. Sus fuentes principales incluyen frutos secos, semillas y aceite de oliva.
- Vitamina D: Su deficiencia se asocia con mayor riesgo de enfermedad hepática. Participa en la regulación de la inflamación y la síntesis de grasa en el hígado. Se obtiene mediante la exposición solar y alimentos fortificados.
Resultados y perspectiva clínica
La Sociedad Americana para el Estudio de Enfermedades del Hígado enfatizó que el uso de vitamina E en dosis de 400 a 800 UI diarias demostró una reducción medible de fibrosis hepática en el grupo de pacientes evaluados. Este resultado respalda la utilidad clínica de este suplemento en el contexto del hígado graso, siempre bajo supervisión médica.
El trabajo de la AASLD refuerza la importancia de abordar la enfermedad desde un enfoque integral, donde la intervención nutricional complementa otras estrategias terapéuticas. El seguimiento de los pacientes y la evaluación periódica de los marcadores hepáticos resultan determinantes para ajustar el tratamiento y mejorar el pronóstico.

El conocimiento generado a partir de estos estudios ofrece nuevas herramientas para la prevención y manejo del hígado graso no alcohólico, una condición que impacta a millones de personas en el mundo. Los resultados publicados por la Sociedad Americana para el Estudio de Enfermedades del Hígado abren la puerta a futuras investigaciones sobre la aplicación de vitaminas en el tratamiento de patologías hepáticas.
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