La presencia de azúcar en la alimentación diaria se ha consolidado como una constante en hogares y comercios.
El consumo habitual de azúcar añadida representa un riesgo considerable para la salud, según advierte la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Este ingrediente, habitual en una amplia variedad de productos, suele incorporarse en la dieta sin que muchos consumidores perciban su impacto real.
Los alimentos procesados, las bebidas gaseosas, los postres y hasta ciertos panes contienen cantidades elevadas de azúcar añadida.
La facilidad de acceso, el sabor agradable y la costumbre social han incrementado su ingesta diaria. Ante este escenario, la UNAM resalta que el abuso del consumo de este compuesto está vinculado a un conjunto de problemas metabólicos y enfermedades crónicas.
Qué es el azúcar añadida y cómo llega a la mesa
La azúcar añadida se refiere a los azúcares y jarabes incorporados durante el procesamiento o preparación de alimentos y bebidas. Esta categoría excluye los azúcares presentes de forma natural en frutas y lácteos. La industria emplea azúcar refinada, extraída principalmente de la caña de azúcar y la remolacha, para potenciar sabores, mejorar la textura o alargar la vida útil de los productos.
En la actualidad, es común encontrar azúcar añadida en productos que, a simple vista, no parecen dulces, como aderezos, salsas, embutidos y alimentos precocinados. La lectura cuidadosa de las etiquetas permite identificar su presencia en la lista de ingredientes bajo nombres como glucosa, fructosa, jarabe de maíz o dextrosa.
Efectos del consumo excesivo de azúcar en el organismo
El abuso de azúcar añadida se asocia a múltiples consecuencias negativas para la salud. La UNAM advierte que su consumo elevado contribuye al desarrollo de sobrepeso y obesidad, dos condiciones que incrementan la probabilidad de padecer enfermedades metabólicas. Además, se relaciona directamente con el aumento de casos de diabetes tipo 2 y de enfermedades cardiovasculares.
Tras consumir alimentos azucarados, el pH bucal desciende, lo que favorece la aparición de caries dentales. El azúcar no aporta nutrientes esenciales, pero sí incrementa el riesgo de alteraciones metabólicas, según los estudios citados por la UNAM. La acumulación de grasa abdominal y la resistencia a la insulina figuran entre los efectos más frecuentes de su ingesta reiterada.
Estrategias para reducir la ingesta cotidiana de azúcar
Disminuir la cantidad de azúcar añadida en la dieta requiere una revisión consciente de los hábitos alimentarios. Priorizar alimentos frescos, como frutas y verduras, constituye una medida efectiva para limitar la exposición a este ingrediente. La preparación casera de comidas y la sustitución de bebidas azucaradas por agua natural o infusiones sin azúcar ayudan a controlar la ingesta.
Leer con detenimiento las etiquetas de los productos industriales permite identificar la presencia de azúcar añadida y optar por alternativas con menor contenido. El uso de edulcorantes naturales y el empleo de especias, como canela o vainilla, pueden aportar sabor sin recurrir al azúcar refinada. La educación alimentaria y la moderación en el consumo diario resultan fundamentales para reducir el impacto de este ingrediente en la salud.