Un perro que revisa una bolsa de residuos y consume restos de comida puede parecer una escena cotidiana para muchos dueños. Sin embargo, ese comportamiento puede desencadenar desde una molestia digestiva pasajera hasta problemas de salud más graves que requieren atención, según explicó la veterinaria Jane Sykes en una columna para The Washington Post.
Los vómitos y la diarrea después de ingerir objetos o alimentos encontrados en la basura suelen desaparecer en algunos casos tras uno o dos días con una alimentación adecuada.
Pero cuando los síntomas persisten, los especialistas advirtieron que puede existir una complicación como una obstrucción intestinal, enfermedad inflamatoria como la pancreatitis o intoxicación.
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La pancreatitis, uno de los principales riesgos tras comer restos grasos
El páncreas es un órgano ubicado entre el hígado y el estómago que produce enzimas necesarias para descomponer los alimentos.
En determinadas situaciones, esas sustancias pueden liberarse dentro del propio tejido pancreático y comenzar a dañarlo, lo que provoca inflamación y un proceso que puede agravarse progresivamente.
Además de participar en la digestión, el páncreas contiene células encargadas de producir insulina. Cuando esas células resultan afectadas, el organismo puede perder la capacidad de fabricar esta hormona y desarrollar diabetes, una complicación que puede ser permanente.
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La pancreatitis aparece con frecuencia en perros y puede relacionarse con el consumo de alimentos con alto contenido de grasa, aunque ese no es el único factor de riesgo.
Harry Cridge, especialista en medicina interna de pequeños animales de la Universidad Estatal de Michigan, explicó a The Washington Post que “los alimentos ricos en grasas no son la única causa de esta enfermedad”.
Según el especialista, algunas alteraciones que elevan los niveles de lípidos en sangre también pueden favorecer su aparición. Entre ellas se encuentra la hipertrigliceridemia, una condición hereditaria presente en razas como los schnauzer miniatura y los pastores de Shetland. Otros perros con mayor predisposición incluyen los dachshund miniatura, los caniches y los cocker spaniel.
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Señales que requieren atención veterinaria
Los perros con pancreatitis pueden presentar dolor abdominal, pérdida del apetito, cansancio, náuseas, babeo o movimientos repetidos de deglución. En algunos casos, el dolor puede hacer que reaccionen al ser levantados o que adopten una posición conocida como “postura de la oración”.
Cuando la enfermedad es aguda, los signos pueden aparecer de manera repentina y alcanzar mayor intensidad. Los cuadros más severos pueden incluir vómitos frecuentes, diarrea con sangre y debilidad extrema.
Si un animal no mejora después de haber comido de la basura, los veterinarios recomiendan realizar una consulta porque el problema puede estar relacionado con un objeto ingerido que bloquea el tránsito digestivo, como un juguete o una mazorca de maíz.
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También puede deberse al consumo de medicamentos descartados, alimentos en mal estado o productos contaminados con bacterias.
Para determinar la causa, los especialistas suelen evaluar la alimentación del animal, revisar posibles accesos a residuos, realizar un examen físico y solicitar estudios como análisis de sangre y radiografías abdominales. En casos más complejos pueden indicarse pruebas específicas o ecografías.
Tratamiento y medidas para reducir el riesgo
Los perros con pancreatitis aguda pueden necesitar hospitalización, administración de líquidos por vía intravenosa, medicamentos para controlar los vómitos, apoyo nutricional y tratamiento para el dolor.
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En cuadros leves o moderados, algunos animales pueden recibir atención ambulatoria con fluidos administrados por vía subcutánea y sistemas de control del dolor.
Para los casos crónicos o menos intensos, los especialistas suelen recomendar una dieta baja en grasas. Cridge señaló que también resulta importante detectar y controlar problemas asociados, como alteraciones en los lípidos o enfermedades endocrinas como la diabetes, el síndrome de Cushing o el hipotiroidismo.
La prevención incluye evitar que los perros consuman sobras con alto contenido graso, impedir el acceso a la basura y realizar controles veterinarios periódicos. Aunque algunas mascotas pueden desarrollar pancreatitis por predisposición genética u otras condiciones, una intervención temprana permite reducir el riesgo de complicaciones graves.
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