Melissa Leo y Jacob Scipio enfrentan a una entidad imparable en ‘El pasajero del diablo’

El estreno exclusivo en cines promete una nueva experiencia de terror atmosférico

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Tras presenciar un terrible accidente en la autopista, una joven pareja pronto se da cuenta de que no salieron ilesos del lugar del siniestro, pues una presencia demoníaca llamada el Pasajero, que no se detendrá hasta atraparlos a ambos, convierte su aventura en la carretera en una pesadilla.

El pasajero del diablo, dirigida por el noruego André Øvredal y producida por Paramount Pictures, se estrena exclusivamente en cines el 21 de mayo de 2026 como la principal propuesta de terror sobrenatural del año. El filme reúne a un elenco destacado conformado por Melissa Leo, Jacob Scipio y Lou Llobell, ampliando las posibilidades de interpretar el horror en carretera, aunque ha generado un intenso debate entre quienes esperan innovación y quienes reconocen fórmulas recurrentes.

Surgen preguntas sobre qué distingue a esta película y cuál es su impacto en los aficionados al género y en el público en general. Las primeras críticas dibujan una imagen compleja de una película que deja más interrogantes que respuestas.

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Una pesadilla en carretera: desarrollo de la trama y del terror

La película narra la historia de Maddie (Lou Llobell) y Tyler (Jacob Scipio), una joven pareja que disfruta de la vida nómada por las carreteras de Estados Unidos. Todo cambia una noche cuando presencian un accidente en medio de la nada y deciden ayudar a la víctima. Este gesto desata la aparición de una entidad demoníaca llamada El Pasajero, que logra introducirse en su vehículo. El viaje que debía ser de aventura se transforma en una persecución sin escapatoria. El guion utiliza tanto la carretera como el propio acto de viajar para convertirlos en amenazas, focalizando el terror en la angustiosa persecución y en el misterio de una presencia que, según la campaña promocional, “nadie puede dejar atrás”.

A pesar de una premisa que podría augurar tensión y profundidad psicológica, las primeras críticas señalan que la película recurre sobre todo a sobresaltos y apariciones inesperadas en lugar de construir un suspenso sostenido. Elementos clásicos del género, como iglesias incendiadas, cuerpos que atraviesan parabrisas y figuras encapuchadas, forman parte de la puesta en escena, pero no siempre resultan suficientes para mantener la intensidad prometida.

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Apuesta de Paramount: proyección en cines y campaña de alto impacto

Paramount ha presentado El pasajero del diablo como una experiencia reservada para la pantalla grande, apostando a que la reacción colectiva es parte esencial del terror. El marketing enfatiza la importancia de lo sensorial y de una atmósfera opresiva, intentando distinguir el filme de la actual saturación de secuelas y franquicias en el género. Imágenes de gran tensión y la promesa de “miedos que requieren oscuridad total” manifiestan un interés por el horror atmosférico antes que por los sobresaltos directos.

Sin embargo, los espectadores más experimentados han señalado contradicciones: aunque el diseño visual y la atención a los detalles en la dirección artística son notables, la reiteración de escenas de sobresalto pierde efectividad con el transcurso del filme. El guion deja varios aspectos sin esclarecer, lo cual puede desconcertar a quienes esperan un terror más elaborado o historias sólidas. Por ejemplo, las reglas que rigen al ente demoníaco y la lógica de sus poderes permanecen poco claras. Algunas líneas, como “si todavía no los mató es porque se está divirtiendo con ustedes”, pretenden ofrecer una coherencia a lo inexplicable, aunque evidencian un guion que tiende a circular sobre sí mismo.

La decisión de estrenar la película solo en cines representa un riesgo: puede favorecer la experiencia para los seguidores del género, pero también limitar su alcance, ya que solo quienes asistan a las salas podrán descubrir las respuestas -o la falta de ellas- que ofrece la historia.

El Pasajero del Diablo
El Pasajero del Diablo

Renovación diluida y repetición de fórmulas: balance de la dirección de André Øvredal

André Øvredal fue seleccionado para liderar el proyecto gracias a su reputación internacional en el terror, con títulos como La autopsia de Jane Doe e Historias de miedo para contar en la oscuridad. El estudio promovió su incorporación y la del equipo creativo (con música de Christopher Young y fotografía de Federico Verardi) como el pilar para una “renovación del género”, pero la obra termina recurriendo a recursos ya conocidos. Las interpretaciones de Leo, Scipio y Llobell son sólidas, sin embargo, la construcción de los protagonistas deja cuestiones sin resolver sobre sus motivaciones y sobre la verdadera naturaleza del mal que enfrentan.

La distancia entre la promesa de materiales promocionales que anuncian una experiencia radicalmente distinta y el producto final influye tanto en las expectativas de los aficionados al género como en la recepción por parte de nuevos espectadores. El filme parece requerir que el público acepte la suspensión de toda lógica y se deje llevar por la atmósfera, aunque la indefinición de las reglas y la falta de una sólida construcción del suspenso pueden dejar insatisfechos a quienes buscan algo más que una sucesión de sobresaltos.

El pasajero del diablo exhibe tanto el potencial como los riesgos de intentar innovar en un género saturado, en el que la verdadera novedad no siempre se plasma en pantalla. El resultado interpela a quienes buscan experiencias intensas en la oscuridad del cine y expone la dificultad de renovar el miedo con fórmulas diferentes.

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