
Diablo IV marcó el regreso de una de las franquicias más queridas del gaming. Volvió por la puerta grande, codeándose con otros lanzamientos importantes, y consiguió recuperar su merecido lugar en el corazón de los fans. El éxito del juego no fue una mera casualidad, el equipo de desarrollo trabajó incansablemente para lograr una experiencia nueva que capture la esencia de Diablo II sin perder de vista la identidad propia. En 2023, cuando publicamos el análisis de la versión original, destaqué el esfuerzo desde el apartado estético y el énfasis en lo narrativo que nunca perdió protagonismo frente a la acción. Pero a su vez me preguntaba qué se guardaba Blizzard para el futuro de esta nueva iteración de Diablo, que ostenta la campaña más extensa hasta el momento y una buena cantidad de clases personalizables. Hoy, casi tres años y dos expansiones después, puedo decir con tranquilidad que el futuro de Santuario está en buenas manos.
Diablo IV: Lord of Hatred retoma la historia luego de los eventos de la expansión anterior, Vessel of Hatred, y nos lleva a “Cuna de la Humanidad” en las islas de Skovos. Este nuevo mapa nos llevará por todo tipo de biomas, desde bosques tupidos y templos abandonados, pasando por costas repletas de “ahogados”, hasta las cuevas de las peligrosas tierras volcánicas. Cada zona tiene pequeños poblados, fortalezas y ciudades para recorrer, con enemigos reciclados y otros nuevos, pero lo más importante es que ofrece el escenario ideal para el que considero hasta ahora el mejor capítulo de la historia de Diablo IV. En este análisis no voy a spoilear nada de la historia, pero sí a dejar en claro que la historia de esta expansión me mantuvo entretenido y al borde del sillón hasta el último minuto. Los diálogos, la banda sonora, las actuaciones de voz y las cinemáticas dejan la vara altísima de cara al futuro. Los nuevos personajes, la tribu de Amazonas y algunos viejos conocidos, ostentan una sinergía fantástica que desencadena un final para alquilar balcones.

A la hora de jugar, Diablo IV: Lord of Hatred viene a patear el tablero. No sólo porque incluye dos nuevas clases, diametralmente opuestas desde lo narrativo y lo jugable, sino porque además reformula varios pilares de la jugabilidad de siempre. Es una jugada arriesgada y, a la vez, necesaria ya que la reiteración es el principal enemigo de este tipo de juegos. En especial cuando el corazón de la propuesta está puesto en los eventos de temporada y la personalización profunda. El primer cambio que notaremos es en la grilla de habilidades que se adapta al nuevo límite de nivel (70 a partir de esta expansión) y que nos invita a especializarnos desde el primer minuto. Las habilidades fueron reimaginadas, algunas fusionadas y otras transformadas en variantes opcionales. Cada una cuenta con varias especializaciones que podemos intercambiar en cualquier momento para adaptarlas mejor a nuestra build. Ahora sólo la habilidad principal se podrá mejorar, hasta 15 veces, para mejorar el daño, los cooldowns y el resto de sus particularidades.
En general, todas las clases recibieron una actualización en sus habilidades y esto responde a la lógica de armar personajes especializados. Ahora es más fácil que nunca porque cada nueva habilidad incluye etiquetas a través de las cuales vamos a poder identificar fácilmente qué modificadores impactan o funcionan mejor para cada una. Es más fácil verlo y experimentarlo que leerlo en un texto, pero el trabajo que hizo el equipo de Blizzard para ordenar y organizar el árbol de habilidades es simplemente impresionante. La sinergía entre las especializaciones de clase, que siguen comenzando a partir del nivel 15, y ciertas habilidades está más clara que nunca e invita a experimentar combinaciones de todo tipo sin la necesidad de estar buscando builds pre armados o guías. El concepto de build se va formando naturalmente a medida que vamos mejorando un personaje desde nivel 1 y, si bien la cantidad de opciones puede resultar un poco abrumadora, al no haber penalización en recursos por hacer modificaciones todo queda en manos de nuestra imaginación.

Además de los cambios en el árbol de habilidades, Diablo IV: Lord of Hatred incluye actualizaciones que impactarán en todos los jugadores de forma gratuita. El “Filtro de Botín” es una herramienta vital para el endgame profundo que nos ayudará a recoger sólo los objetos de interés según los criterios de búsqueda que hayamos configurado. Las opciones son casi infinitas, podemos filtrar por categoría, tipo de estadística, si lo tenemos o no desbloqueado en el códex y muchísimos parámetros más. Sólo es cuestión de sentarse a configurar un par de filtros y nos mejorará exponencialmente la calidad de vida a la hora de lootear. También hace su regreso triunfal el mapa superpuesto para poder explorar cada rincón de Santuario sin tener que detener la acción. Esta vez se puede configurar cuán translúcido es y algunos detalles más para adaptarse a cada estilo de jugador. Por último, el “Buscador de caminos” es una mecánica simple que transporta a los jugadores al punto de interés de la misión que tengan activa. No es revolucionario pero dado el tamaño del mapa, pensando especialmente en los nuevos jugadores, no viene mal agilizar un poco el desplazamiento entre objetivos.
Más allá de la historia, las nuevas clases serán las que se roben el protagonismo en esta expansión. El Paladín, una de las clases más solicitadas por la base de usuarios, hace su regreso triunfal con una versión renovada de su propuesta clásica. El guerrero sagrado hace uso de la Luz a través de cuatro juramentos que marcan diferentes estilos de build. Es la clase ideal para jugar de soporte en equipo gracias a sus buffs y efectos curativos, también se adapta perfectamente en el rol de tanque o directamente como una máquina de matar enemigos. Tiene habilidades para todos los gustos, puede sobrevolar el campo de batalla y caer con toda la fuerza de la Luz o simplemente embestir con espada y escudo a cuanto grupo de enemigos se le cruce. A la hora de jugar se siente sólido y poderoso, pero especialmente resiliente.

La otra cara de la moneda es el Conjurador. Una clase que combate fuego con fuego, infierno con más infierno. Con un estilo gótico y oscuro, utiliza rituales prohibidos y todo tipo de magia oscura para controlar las hordas infernales y volverlas una herramienta clave para liberar a Santuaio. A la hora de jugar se siente como una combinación entre el Nigromante y un Hechicero, con magias de zona como erupciones y paredes de demonios que no sólo bloquean el paso de los enemigos sino que atacan y hasta pueden romper su formación para perseguirlos. Podremos invocar demonios de todo tipo para asistirnos en combate y sus especializaciones modifican las habilidades para potenciar sus efectos, modificarlos o simplemente conjurar docenas de demonios para que arrasen el campo de batalla. Si bien no se destaca por su resistencia física, podemos abrumar a los enemigos con tantos esbirros propios que será difícil que nos toquen. Algunas invocaciones, en especial las últimas, pueden eliminar élites y jefes como si fueran enemigos comunes. Se transformó rápidamente en una de mis clases favoritas de todo el juego.
Diablo IV: Lord of Hatred es una expansión repleta de cambios importantes, mejoras a la calidad de vida y contenido de sobra. Funciona bien y cumple su función con creces no sólo por la calidad de su campaña, las clases nuevas y el reajuste general del sistema de progresión, habilidades y crafteo, sino porque le da nueva vida a todo el contenido anterior. También hay adiciones bienvenidas como el minijuego de pesca, que es simple pero efectivo o el regreso del Cubo Horádrico que nos permite forjar o perfeccionar nuestro equipamiento cambian para bien la progresión de nuestro personaje. Al finalizar la campaña habilitamos los Planes de Guerra que es una forma de organizar las actividades de endgame y conseguir recompensas especiales, llámese equipamiento, recursos o grandes cantidades de experiencia. Además, al completar misiones en este modo iremos desbloqueando actividades en un árbol exclusivo con recompensas aparte. Otra novedad es el Talismán, un accesorio con slots que se van desbloqueando de a poco y nos permite añadir una nueva capa de personalización al build. Si a todo esto le sumamos las actualizaciones al Foso y los 12 Niveles de Tormento el endgame se vuelve más divertido y accesible que nunca.

Diablo IV: Lord of Hatred se siente como un punto de inflexión para esta entrega. Por un lado la historia, que llega al clímax en el mejor momento posible y puede derivar en cambios sustanciales para el futuro de la saga. Por el otro, la jugabilidad y el sistema de progresión se encuentran balanceados perfectamente entre la diversión y la posibilidad de personalizar nuestro personaje. La única contra es que, a pesar de todas las novedades, la propuesta de base sigue siendo la misma y ya está mostrando sus limitaciones; no parece haber forma de incorporar mecánicas realmente novedosas. Sin embargo, así pulido como está, Diablo IV sigue siendo un gran hack ‘n slash para jugar solo o con amigos. Es más de lo mismo pero todo funciona mejor, desde el apartado narrativo hasta el ritmo de juego, y eso denota un gran trabajo detrás del equipo de desarrollo.

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