
Las consolas llevan adelante una guerra sin sentido desde hace décadas. Los grandes anuncios y las promesas son herramientas básicas para tratar de cautivar al público, en especial al inicio de una nueva generación, y después cuesta mucho estar a la altura de las circunstancias. Hoy, con el diario del lunes, podemos decir con certeza que el negocio de Xbox no está solo en el hardware sino en captar la mayor cantidad posible de suscriptores a Game Pass. No importa en qué plataforma juegues mientras le estés pagando a Microsoft una módica suma todos los meses pero, por el otro lado, hay que honrar las promesas de campaña sin importar cuántas Xbox Series X y Xbox Series S se hayan vendido.
En su momento Xbox Series X se promocionó como la consola más poderosa, superando a PlayStation 5 en una ridícula batalla de términos como teraflops que a los veteranos nos trajo recuerdos del legendario “blast processing” de Sega. Pero no contentos con esa movida, Microsoft presentó una consola “next-gen” para aquellos que no necesitaban jugar en 4K y con todos los chiches. El plan era ofrecer una consola accesible, $200 dólares más barata que su hermana mayor, como puerta de entrada a la nueva generación de consolas. Al ser retrocompatible podían retirar la Xbox One S y Xbox One X de la venta, reemplazarla por la Xbox Series S y poder vender tanto los juegos viejos como los más nuevos.

El problema fue prometer experiencias equivalentes cuando no estaban cien por ciento seguros de poder cumplirlo en el mediano plazo. Esto ya había pasado en la generación saliente con Xbox One X y PlayStation 4 Pro que, si bien no dejaron a los usuarios de las versiones básicas afuera, sí se notaba que las versiones regulares anclaban el potencial de estas consolas más poderosas. ¿Qué iba a prevenir que esto vuelva a suceder? El tiempo termina acomodando las cosas y, como era de esperar, la Xbox Series S comenzó a ser un lastre pesado de arrastrar para el desarrollo. Era lógico que los juegos no tengan las mismas opciones técnicas en la consola más barata, por lo general no incluyen el famoso “modo rendimiento” y rara vez alcanzan los 60 fotogramas por segundo, pero el problema viene cuando de repente ni siquiera la Xbox Series X alcanza los “estándares next-gen” que la propia marca estableció.
Lo que en un momento pareció una fantástica estrategia de marketing, rápidamente se volvió una pesadilla para los equipos de desarrollo. No solo debían preocuparse por sacar sus juegos en tiempo y forma, sino que para publicarse en la plataforma de Microsoft debían ofrecer una versión funcional y digna para Xbox Series S. Distinto hubiera sido el panorama si solo se tratara de ports para consolas equivalentes como PlayStation 5 y Xbox Series X, pero es difícil ignorar la idea de que las limitaciones de hardware pueden estar limitando el desarrollo para las consolas más potentes. Sin ir más lejos, Baldur’s Gate 3 se publicó más tarde de lo esperado en Xbox porque Larian Studios no podía hacer funcionar el modo cooperativa a pantalla dividida en la consola menor. Microsoft necesitaba que las dos versiones tengan funcionalidades equivalentes y, hasta que no dio el brazo a torcer, los jugadores de su plataforma estuvieron excluidos de jugar el mejor juego del 2023.

Es comprensible que los estudios third party tengan estos problemas, después de todo están desarrollando versiones para PC, Nintendo Switch, PlayStation 5 y dos consolas Xbox. Sin embargo, que los propios estudios de Microsoft sufran estas complicaciones es una complicación inesperada. Que Redfall no haya salido con un modo rendimiento hizo ruido en toda la comunidad, pero dentro de todo era de esperar porque el juego de Arkane Austin no fue un desarrollo original para Xbox sino una exclusividad artificial post adquisición de su compañía madre. Lo de Starfield sorprendió un poco más, llevaba más años en desarrollo y tardó más en salir, pero Bethesda no se destaca por publicar juegos que funcionen perfecto ni mucho menos a 60 FPS. Raro hubiera sido que Forza Motorsport defraude técnicamente, pero eso no sucedió ni creo que vaya a pasar a futuro. Pero, ¿qué pasa cuando un juego desarrollado íntegramente para Xbox como Senua’s Saga: Hellblade II anuncia de entrada una limitación técnica exclusiva para consolas?
La verdad es que no soy un experto en desarrollo y no puedo venir a decir que la Xbox Series X puede correr Senua’s Saga: Hellblade II a 60 FPS cómodamente. Lo que sí me animo a decir es que, si Ninja Theory no hubiera tenido que hacerlo correr en Xbox Series S tal vez habría sido posible que la versión de consolas estuviera a la par de la de PC. Según el director de efectos visuales de Senua’s Saga: Hellblade II, Mark Slater-Tunstill, el bloqueo a 30 fotogramas con resolución dinámica en ambas consolas Xbox es una decisión artística para mantener la “sensación cinematográfica”, pero ¿saben qué? Al parecer en PC no habrá restricción alguna. Entonces, la “versión oficial” sería: Xbox tendrá una experiencia más cinematográfica mientras que PC tendrá una experiencia… ¿más libre? ¿más fluida? La explicación no hace más que subestimar a la propia comunidad de Microsoft.

Desde lo personal no podría importarme menos la cantidad de fotogramas a los que corre Senua’s Saga: Hellblade II en mi Xbox Series X. Si la experiencia anterior se mantiene, va a ser un juego en el que el combate tomará un rol secundario para hacer hincapié en la narrativa. Además, si no hay caídas de frames, 30 FPS es más que suficiente para cualquier juego. Sin embargo, las promesas de next-gen nos hablaban de resoluciones y tasas de fotogramas altísimas, 4K nativos se convirtieron en reescalados, 120 FPS pasaron a ser 60 con resolución dinámica o 30 con “gráficos next-gen”. Así, poco a poco, nos van preparando para la inevitable llegada de las consolas intermedias que intentarán volver a vendernos con las mismas promesas que hace casi cuatro años: “¡Esta vez sí, se vienen los juegos en 4K a 120 FPS!” mientras tanto, la PlayStation 5 y la Xbox Series X serán el ancla que limite a estas nuevas consolas. Pero, si se da ese escenario, ¿a qué lugar quedará relegada la Xbox Series S?
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