¿Cuándo empezó a terminar la dictadura? Los protagonistas reviven el miedo, el dolor, el coraje y la esperanza

¿Malvinas fue el final? ¿Ese recital de rock? ¿Esa pregunta que no se podía hacer y se hizo? El periodista Patricio Zunini acaba de publicar “Se va a acabar. 1983, crónicas de la transición democrática argentina”. Con testimonios de Graciela Fernández Meijide, el general Martín Balza, el editor Daniel Divinsky y el periodista José Ignacio López, el ensayo cava hondo en lo que hizo posible el cambio . El libro se puede descargar gratis.

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Democracia. Si hay una palabra que se escucha con frecuencia es “democracia”. No es casual que aparezca en las conversaciones―se cumplen 40 años ininterrumpidos de su recuperación en Argentina―, pero no siempre estuvo garantizada. Banderas argentinas, papelitos, gente que lloraba agolpada en Plaza de Mayo y en las calles para festejar la asunción de Ricardo Alfonsín el 10 de diciembre de 1983. Había dado vuelta la plaza, todos miraban el Cabildo, desde donde él hablaba. Y nada era igual, finalmente.

¿Cuándo empezó la transición? ¿Cuándo se hizo evidente que llegaría un gobierno constitucional y se retiraría la dictadura militar? ¿Hay una fecha exacta que marque el rito de pasaje? Estas son algunas preguntas que guían el ensayo Se va a acabar. 1983, crónicas de la transición democrática en la Argentina, de Patricio Zunini, que se puede descargar gratis desde la plataforma Bajalibros.

En Se va a acabar, Zunini lleva adelante una investigación minuciosa, que reconstruye de manera exhaustiva aquellos años de la Argentina en que la dictadura comenzaba a tambalear, el gobierno de Alfonsín, la consolidación de la democracia hasta llegar al Juicio a las Juntas ―un hecho inédito en la Argentina y el mundo.

¿Fue en el recital de Charly García, en diciembre de 1982, cuando más de 25.000 personas en el estadio de Ferro coreaban “Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar”? También esa noche fue cuando Charly tocó por primera vez la ―ahora emblemática― canción Los dinosaurios. ¿O fue el día que la Argentina se rindió en la guerra de Malvinas? ¿O en octubre de 1980, cuando numerosas personalidades ―incluyendo a Borges― firmaron una solicitada pidiendo que se informara la lista de desaparecidos y su paradero? ¿Habrá sido cuando Mercedes Sosa regresó al país tras el exilio? ¿Durante la campaña electoral de 1983, que consolidó a Alfonsín como líder de la democracia?

La dictadura seguía ahí, aunque agónica, y las placas tectónicas que sostuvieron el horror empezaban a moverse. Ya nada era igual.

Alfonsín en el Cabildo el 10 de diciembre de 1983 (Victor Bugge)
Alfonsín en el Cabildo el 10 de diciembre de 1983 (Victor Bugge)

El libro tiene varias joyas. Una de ellas son las voces de los principales protagonistas de la Historia reciente argentina: Graciela Fernández Meijide, el general Martín Balza, el editor Daniel Divinsky, el periodista José Ignacio López, y el abogado y ex juez del Juicio a las Juntas, Ricardo Gil Lavedra. Ellos hablan sobre la guerra de Malvinas, el terrorismo de Estado, los desaparecidos, los Derechos Humanos, el rol de la cultura y su potencia, la campaña política y la emblemática figura de Alfonsín.

Se va a acabar, que se puede descargar gratis clickeando aquí, es una reconstrucción de precisión y pluma notable sobre qué sucedió durante la transición democrática. El libro hace un doble juego de recuerdos: por un lado, el de los grandes hitos y, por otro, el de los recuerdos personales y las historias mínimas. Esas voces anónimas, cotidianas, se vuelven valiosos testimonios para reconstruir desde la historia más concreta, la “Gran Historia”. Se va a acabar, entonces, es una suerte de memoria colectiva para armar. Nada era igual.

Imágenes de la guerra de Malvinas

Soldados argentinos se aprestan a entrar en combate en las Islas Malvinas. (Autor: Télam/ Román Von Eckstein )
Soldados argentinos se aprestan a entrar en combate en las Islas Malvinas. (Autor: Télam/ Román Von Eckstein )

14 de junio de 1982. Esta es la primera fecha en la que indaga Se va acabar. La rendición de la Argentina en la Guerra de Malvinas es una condición necesaria pero no suficiente para marcar la transición. Los moviemientos de las placas tectónicas habían empezado antes y, con esta situación, empezaba un camino hacia la democracia. Desde el juicio a las Juntas, la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo: “La democracia no es un estado de cosas, sino un proceso”.

Según señala Graciela Fernández Meijide en el libro, “después de Malvinas empezó el antimilitarismo, al punto que muchos dejaron de usar el uniforme en la calle”. Ya nada era igual. Y trae otra cuestión: “La situación del gobierno se debilitaba. Empezaban a moverse los sindicatos, se había armado la Multipartidaria y las marchas ya no eran solamente las de los Derechos Humanos”.

Con una narración cinematográfica, Zunini moldea este período a fuerza de frases como “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”, la imagen de un soldado que lee en las islas el diario Crónica cuya portada dice: “Basta, piratas: si nos atacan, ¡van a la lona!”, o los números de mayo de la revista Gente que decían: “Estamos ganando”, “Seguimos ganando”. Pero si hay un recurso del libro que impacta es el de los testimonios anónimos.

Graciela Fernández Meijide.
Graciela Fernández Meijide.

Por ejemplo, el de Flavia, que recuerda que tenía 13 años cuando se desató la guerra. Ese día, cuando llegó al colegio, la directora las juntó a todas las alumnas y les dijo: “Chicas, estamos en guerra con Inglaterra. Vuelvan a casa. Las que crean en Dios crucen a la Catedral a rezar”. Y sigue: “Cruzamos la plaza Moreno llorando por miedo a que nos cayera una bomba ahí mismo. En casa me encontré con mi papá que había vuelto de la fábrica y gritaba que tenía miedo mientras mamá lo abrazaba y le decía: ‘Menos mal que el nonno ya no está, no soportaría otra guerra’”. La memoria construida a partir de gestos y rituales para que nada fuera igual.

“Yo no fui a Malvinas para defender a la dictadura. Fui porque juré defender la enseña patria hasta perder la vida, si fuese necesario”, dice Martín Balza en el libro, que en 1995 pidió perdón por los crímenes del Ejército. “Los jerarcas del Proceso eran criminales”, agrega Balza y sigue: “¡Criminales! Concibieron un plan macabro: un terrorismo de Estado para enfrentarse al terrorismo contra el Estado”.

Martín Balza y Raúl Mermot.
Martín Balza y Raúl Mermot.

Un relato conmueve hasta lo más profundo. Es el de María del Carmen Penon, madre de Eduardo, de 19 años, uno de los soldados de Malvinas. Un sargento gordo les había dicho que Eduardo estaba vivo y ellos se aferraban a eso para mantener la esperanza. Finalmente en octubre —cuatro meses después— un compañero les dijo que Eduardo había muerto en el Monte Longdon: una bomba en la trinchera”. En una entrevista que Zunini hizo poco después de que identificaran el cuerpo, ella dijo: “Lo único que me queda es el amor, si odio me muero”.

“Malvinas fue una bisagra importantísima”, afirma Graciela Fernández Meijide en el libro, “porque hasta los que no estaban sensibilizados con los Derechos Humanos empezaron a decir: ‘Si estos son capaces de hacer eso, lo que dicen los organismos debe ser verdad’. Empezó a rotar la visión de los militares. Y, así como cantaban ‘Que se vayan todos’ después de De la Rúa y nosotros, iban a la Casa Rosada y gritaban ‘Galtieri, compadre, la concha de tu madre’”. “En Malvinas”, dice Balza, “fue derrotada la nación argentina. ¿O en Vietnam fue derrotado el ejército de Estados Unidos?”.

Los amigos del barrio pueden desaparecer

En Se va a acabar, Zunini vuelve sobre la emblemática pregunta por los desaparecidos que le formuló el periodista José Ignacio López a Videla. Ese video se conoció hace pocos años, cuando Felipe Pigna subió el fragmento a YouTube. Según especifica el autor, dura veintidós minutos y medio y es de la conferencia de prensa del 13 de diciembre de 1979. ¿La pregunta por el terrorismo de Estado fue capaz de mover alguna placa tectónica? Seguramente.

José Ignacio López en Infobae.
José Ignacio López en Infobae.

“Hubo quienes se quejaron porque mi pregunta había quebrantado las normas de la conferencia. Se tenía que hablar solo del documento que presentaban”, recuerda López en Se va a acabar y cuenta por qué lo hizo: “Porque tenía la necesidad de mi conciencia de hacerla. Además, Videla hacía ostentación de su condición de católico. No digo que haya sido sencillo, pero yo la quería hacer”.

Las solicitadas en los diarios son otros de los recursos de los que se vale Zunini como un síntoma más de este período “liminal”. Y hace un hallazgo sorprendente. Borges fue cuestionado. Primero, almorzó con Videla y quedó como la figura intelectual afín a la dictadura. Su posterior encuentro con Pinochet profundizó esa imagen. En Se va a acabar, Zunini rastrea esta pista y descubre un dato contundente y llamativo: Borges se da vuelta y comienza a preguntarse por los desaparecidos.

 Jorge Rafael Videla con Jorge Luis Borges en una conferencia del escritor, en 1978.
Jorge Rafael Videla con Jorge Luis Borges en una conferencia del escritor, en 1978.

¿Cómo? Firmó, con muchísimas personalidades como César Luis Menotti, Alicia Moreau de Justo, Marta Lynch, Carlos Saúl Mennen (sic), Adolfo Pérez Esquivel y Hermenegildo Sabat, entre otros, que aparece en el diario Clarín el 12 de octubre de 1980, sección Interior, página 28. “Se publiquen las listas de desaparecidos. Se informe sobre el paradero de los mismos”, se leía. ¿Empezó aquí la transición con las voces alzadas en una solicitada? Nada era igual.

Otra voz anónima se suma con una anécdota que indaga en lo que, en apariencia, es un detalle menor. En el capítulo sobre el los desaparecidos y los Derechos Humanos, resuena el testimonio de Salomé, que dice: “Y mirá qué otra cosa ridícula que me acuerdo. Donde ahora está el edificio Bellini, en Malabia y Cabello, había un lugar que era de la Marina. Cada vez que pasábamos para ir a la escuela, que los chicos iban a la mañana, siempre estaban lavando la vereda y limpiando y poniendo todo prolijo, como hacen los milicos. Y cuando subió Alfonsín, que, en lo personal, fue una de las alegrías más plenas de mi vida, nunca más vi a un milico limpiar la vereda. Mira qué detalle tonto”.

Zunini es contundente y le pregunta a Balza: ¿Ustedes no se preguntaban por los desaparecidos? “No”, contesta. “¿De verdad?”, insiste.

Todo empezó con la cultura

Tal vez la transición democrática no haya comenzado con la rendición en las Malvinas, ni el día que el escritor más importante del país firmó una solicitada en contra del régimen que había apoyado abiertamente”, escribe Zunini en uno de los capítulos de Se va a acabar. Entonces, una vez más, volvemos a la pregunta que guía este ensayo: ¿cuándo empezó?

Mercedes Sosa en el Teatro Ópera (Fabián Matus y Fundación Mercedes Sosa)
Mercedes Sosa en el Teatro Ópera (Fabián Matus y Fundación Mercedes Sosa)

Zunini esboza una hipótesis posible: “Tal vez la transición comenzó la noche del 18 de febrero de 1982, cuando una cantante que estaba proscripta volvió al país, salió a escena en el Teatro Ópera y dijo: ‘Me llamo Mercedes Sosa. Soy argentina’. Tal vez el camino hacia la democracia comenzó con el cambio cultural”.

Sus 13 shows agotados junto a figuras como Piero, León Gieco o Charly García no sólo marcaron el retorno real de “La Negra” sino también un punto de inflexión y un símbolo de la esperanza democrática. “La música era el mascarón de proa de una reacción más grande que incluía a todas las disciplinas artísticas”, dice Zunini en el libro y da cuenta de cómo la literatura, el cine y los medios de comunicación fueron dejando la censura para dar paso a nuevas voces: las voces de la transición.

La refundación

Raúl Alfonsín y su esposa, María Lorenza Barreneche, el día de su asunción en 1983.
Raúl Alfonsín y su esposa, María Lorenza Barreneche, el día de su asunción en 1983.

Entre el 14 de junio de 1982 y el 10 de diciembre del año siguiente pasaron 544 días. 544 días —18 meses— en los que la Argentina cambió de piel”, escribe Zunini. 544 días de placas tectónicas moviéndose que decantan en una idea: Alfonsín como metáfora de la democracia.

¿Cómo fue esa campaña electoral? ¿Cuáles fueron los cambios para reestablecer las instituciones democráticas? “La Multipartidaria fue un actor de presión que horadó a los militares con una práctica que aquellos, acostumbrados al verticalismo, no conseguían dominar”, explica Zunini en Se va a acabar y se va un poco más atrás en el tiempo, a 1981.

El libro marca otro hito de la transición a la democracia durante la campaña: “Alfonsín habló de libertad, de institucionalidad, de compromiso, del involucramiento de la juventud. Lo que dijo fue importante, pero lo más importante fue el gesto”, señala. “Rodeado de correligionarios, sindicalistas y Madres de Plaza de Mayo, había marcado el principio del fin”. Nada era igual y el escenario un poco más claro.

“El comienzo de cien años de democracia”, definió el radical tras ganar las elecciones para caracterizar la etapa que comenzó hace 40 años. En palabras de Zunini: “[Alfonsín] asumió la presidencia pensando nada menos que en refundar la Nación”.

“Que Yrigoyen y Alfonsín —el primer derrocado y el que le puso fin a la serie— hayan sido del mismo partido es una coincidencia más poética que política, pero que no puede dejar de señalarse. Alfonsín, además, le habló a la multitud, no desde el balcón de la Casa Rosada, sino desde el Cabildo: todo un símbolo de renacimiento, de refundación”, dice Zunini. Y la democracia como una tarea que nunca termina. “¿Cómo se va a recordar el gobierno de Alfonsín: por sus problemas económicos o por el Juicio y la CONADEP?”, se pregunta Fernández Meijide.

Democracia. Esa palabra que tanto decimos y que tanto volveremos a decir por estos días. Algunos meses antes del recital de Charly García en Ferro, a pocos días de finalizada la guerra de Malvinas, Raúl Alfonsín dijo: “Es hora de escuchar la voz del pueblo”. Y el pueblo, hace 40 años, dice: “democracia”.