
Hace más de cien años se estrenó en el cine de las aventuras de Tarzán, narradas en 56 películas por su creador, Edgar Rice Burroughs, quien escribió 25 novelas cuyas adaptaciones cinematográficas arrasaban en la taquilla. De los 21 actores que se calzaron el taparrabos, uno permanece aún en el recuerdo de los seguidores de la saga: Peter Johan “Johnny Weissmuller”, nombre con el cual inmortalizó al rey de la selva.
El actor supo disfrutar de las mieles del éxito, pero terminó sus días internado en un neuropsiquiátrico, vistiendo una bata blanca, mientras escupía a otros pacientes. Lo que más llamó la atención es que se paseaba por los pasillos emulando su consagrado grito con el que Tarzán se comunicaba con los monos.
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Su cuarta esposa, María Brock Mandel, casada con el actor en 1963 y quien lo acompañó hasta su último suspiro, el 20 de enero de 1984, protegía celosamente la intimidad de su marido para evitar que se lo fotografiara en ese lamentable estado de locura. Y lo consiguió con creces.
Según los testimonios de la familia y amigos, Weismuller estaba derrotado, esperando la muerte. Atendido por su esposa María, dos médicos y una enfermera, según informó la agencia EFE, la mujer accedió a conversar con el periodista Andrés Campuzano, con la condición que no se tomaran fotografías del estado del actor. “La imagen de Johnny tendremos que cuidarla, y ésa es la mejor forma”, dijo.
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El director del semanario Acapulco News, Mike Oliver, residente en Acapulco y amigo del actor, declaró que Weissmuller nunca iba a volver a hablar porque no tenía memoria. Añadió que había perdido mucho peso, “debe pesar unos 45 kilos; está completamente acabado. No tiene voz y no reconoce ni a sus familiares”.
Y agregó que el actor de Tarzán fue dueño de una gran fortuna, “que prácticamente se acabó en los divorcios de sus tres anteriores mujeres. En Estados Unidos, las mujeres lo dejan a uno sin nada”. concluyó.
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Cómo llegó a saltar de liana en liana
Sin saberlo, Clark Gable, el protagonista de Lo que el viento se llevó, fue quien le abriría las puertas a Weissmuller para acceder a la fama al conseguirle el papel más importante de su vida. “Yo quería ver a Clark Gable en la Metro Goldwyn Mayer (MGM), pero no me dejaban pasar. Un asistente se apiadó de mí y me dijo: ‘Tienen a 75 chicos en la parte de atrás que van a presentarse a una prueba para Tarzán. Si decís que venís a la prueba te van a dejar entrar al estudio’. Y tuve que hacer el casting. Me preguntaron si podía correr, trepar a un árbol y balancearme en una cuerda. ‘Claro que puedo hacer todo eso’, les dije. Me colgué de unas anillos y se los demostré. Ese día conocí a Clark Gable y a Greta Garbo, y me fui a mi casa feliz. Una semana después me llamaron para decirme: ‘Estás contratado para hacer Tarzán’”.
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Johnny no tenía la menor idea de lo que era actuar, le contrataron profesores particulares pero no hubo caso, no pudo aprender nada. La solución que encontraron en la MGM fue retomar el personaje mucho más primitivo, ya que en los libros Tarzán sabía leer y escribir, expresándose con fluidez y cultura. Johnny no podía encadenar dos oraciones seguidas. Desde la producción decidieron traer a Maureen O’Sullivan para que encarnara el papel de Jane y llevara adelante los escasos diálogos.
El famoso grito del rey de la selva despertó una disputa autoral durante décadas, varios de los actores se autoproclamaban los creadores, incluso Weissmuller aseguró hasta el último día de su vida que él lo había inventado, cuya inspiración había surgido del canto tirolés.
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Como la discusión no terminaba de cerrarse, la MGM se vio obligada a explicar que el grito fue producto de una mezcla de sonidos: “Dos tracks de la voz del actor, uno amplificado, el grito de una hiena reproducido al revés, una nota cantada por una soprano a diferente velocidad, el llanto de un camello y una nota de violín”.
En los años 30 despertar una mañana convertido en el hombre más sexy de Hollywood puede tener sus bemoles en la cuestión sentimental. Cuando se estrenó su primera película, Weissmuller estaba casado con la cantante Bobby Arnst y, como a los estudios no les servía una esposa poco conocida, le ofrecieron a la chica 10 mil dólares para que saliera de la vida del astro. El divorcio llegó 1933.
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La pena le duró poco, ya que ese mismo año el actor se casó con la actriz mexicana Lupe Vélez, pero la inestabilidad emocional de Lupe y su necesidad de exponerse todo el tiempo resultaron mortales para el matrimonio, que se separó luego de cuatro años de convivencia y de una sucesión de escándalos. Vélez terminó con su vida en 1944.
La censura no tardó en llegar
Su segunda película, Tarzán y su compañera (1934), llamó la atención de los moralistas de la época. El problema nació por la vestimenta de Jane: una pollerita diminuta con un tajo al costado. Inconcebible. Pero lo peor es que Tarzán y Jane dormían juntos sin haber pasado por el Registro Civil.
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Para colmo hay una escena donde ambos nadan desnudos. La gota que rebasó el vaso. Se sucedieron cartas, memos y gritos que iban y venían.
La pacatería pudo más y a partir de ahí, Jane empezó a usar un vestido cerrado y a vivir sola en una casa construida arriba de un árbol.
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Hubo otras restricciones. En El hijo de Tarzán (1939) se introdujo en el guión el personaje de Boy, interpretado por John Sheffield, para atraer más al mundo infantil. Desde el inicio del contrato quedó en claro que el chico no podía ser hijo de Jane porque sus padres no estaban casados. Boy era un niño sobreviviente de un accidente aéreo y que había sido encontrado por Tarzán y Jane.

Su talento para adentrarse en aguas profundas
Nacido el 2 de junio de 1904 en la hoy Rumania, hijo de inmigrantes austríacos, la familia tuvo que instalarse en el pueblo minero de Winber, en Pensilvania, porque su padre trabajaba allí. Johnny tuvo una infancia nada fácil: debió mudarse a Chicago para huir de la mina y la temprana muerte de su padre por tuberculosis. Aunque esa ciudad también le brindaría la posibilidad de abrazar lo que después fue su medio de vida y poder ganar millones de dólares: a los 14 años aprendió a nadar y fue parte de la selección local del YMCA.
En 1922 batió el récord mundial de los 300 metros libres, además de lograr ser el primer nadador en cubrir 100 metros libres en solo 58,6 segundos. Seis años después participó en las Olimpiadas de Amsterdam, donde ganó dos oros en los 100 metros. Sin embargo, ya no pudo competir en los Juegos Olímpicos de 1932 por haber modelado trajes de baño.

Tras el estreno de Tarzán en Nueva York (1942), Maureen O’ Sullivan decidió abandonar definitivamente al personaje de Jane. Nada ni nadie lograría convencerla de que desista de la decisión tomada. La salida de la actriz colaboró de alguna manera en el final de la carrera de Weissmuller en los estudios MGM, aunque seguiría en la selva por 25 películas más.
Una vez rescindido el contrato con MGM, Weissmuller fue rescatado por los estudios RKO, que lo tentaron para filmar otras seis películas de Tarzán. Pasaron sin pena ni gloria. Luego de Tarzán y las sirenas (1948), el actor renunció al estudio tras tener problemas de cartel y de salario, y aceptó la propuesta de Columbia para ser Jim de la selva, de Alex Raymond. El negocio rindió 13 películas y una serie para televisión.
En 1955, con cincuenta años y músculos menos tonificados, Weissmuller se fue de la selva y de la actuación para siempre. Sin otra profesión pero con la billetera abultada, el actor creó una empresa de piscinas y fue él mismo quien ofició de modelo en los spots publicitarios. Así y todo, el negocio no funcionó.
El ocaso de un ídolo
En abril de 1979, los fans del famoso “Tarzán” se enteraron de que el actor debió ser internado en un hospital psiquiátrico de Los Ángeles, por padecer un síndrome cerebral crónico que lo estimulaba a que asuste a la gente con el célebre grito del Rey de la selva.
Por estricta recomendación de los médicos, a los pocos meses tuvo que instalarse en Acapulco, México, para recomponerse de dos derrames cerebrales entre 1976 y 1978.
Ya instalado en la ciudad mexicana, Johnny Weismuller, de 76 años, fue sometido a una traqueotomía por su dificultad para respirar. Su vida se apagó el 20 de enero de 1984.
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