
Un año y medio antes, Jimmy Page dijo en una entrevista que estaban trabajando, para el próximo álbum, en algo nuevo, en una canción muy larga, donde jugaran la guitarra y el órgano, y que desde lo acústico se fuera construyendo lo eléctrico. Aclaro que no quería dar más detalles, por si no llegaban a lograrlo. Ese track largo se convirtió en Stairway to Heaven.
La canción, en cada encuesta, es elegida entre las mejores de la historia del rock. Lo mismo sucede con el solo de Jimmy Page. Es, pese a su extensión, la canción que más veces fue emitida en las radios norteamericanas. Cincuenta años después de su aparición mantiene su vigencia, resistió el paso del tiempo. En You Tube hay una categoría de videos singular. Jóvenes se filman escuchando por primera vez clásicos del rock. En los que la escucha es de Stairway to Heaven las reacciones son contundentes. Hay sorpresa, conmoción, emoción. Es una canción atemporal, invencible pese a que cada tanto le aparezcan detractores, impulsados más por el snobismo de oponerse a lo consagrado, a lo que los demás veneran, que a razones musicales.
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En noviembre de 1971, Led Zeppelin editó su cuarto disco. El que hoy la crítica considera el mejor de su obra. Ocho canciones entre las que están Rock and Roll, Black Dog o When The Levee Breaks. Y también, claro, Stairway to Heaven.
El álbum no tiene título. Siguiendo la costumbre la gente lo llamó Led Zeppelin IV, continuando la numeración de los anteriores. También fue nombrado como “Sin título”, “El Cuarto Álbum” o “Cuatro Símbolos”. Otro nombre relacionado con el último: Zoso porque era una de las cosas que se leía en el arte. Pero en realidad esa palabra no tenía ningún significado en especial. Cada miembro de la banda eligió un símbolo para que lo representara y el de Page parecía decir Zoso.
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Esa desnudez fue una especie de desafío a la industria y al periodismo. No se sentían valorados ni reconocidos pese a las ventas y al fervor del público. Un disco sin título y sin la imagen de ellos en la portada. Una pintura del Siglo XIX que Robert Plant encontró en un mercado de viejo durante una caminata de fin de semana. El arte interno tampoco traía demasiada información. No estaban sus nombres. Sólo los símbolos y la letra de Stairway to Heaven. Como si sólo quisieran poner la música adelante.
La canción tiene varios orígenes. Estructuralmente su mayor influencia, posiblemente, sea Oh Well del Fleetwood Mac, compuesta por Peter Green, un tema complejo con varias partes y cambios de clima. La composición de Zeppelin tiene tres secciones en la que lo acústico va ascendiendo hacia lo eléctrico y alcanza la cima de intensidad al final de esos ocho minutos. Un crescendo que va envolviendo al que lo escucha.
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El solo de Jimmy Page está considerado como uno de los grandes solos de la historia (quizá el más famoso). Es una canción dentro de la canción. Lo grabó con la Fender Telecaster del 59 que le regaló Jeff Beck. Page hizo tres tomas diferentes, en las que improvisó. Se dice que las otras dos tomas sobrevivieron y que están (muy) bien guardadas en la bóveda de Led Zeppelin. Muchos fans matarían por escucharlas. De todas maneras, se hace difícil imaginar que sean mejores que la toma que escuchamos desde hace 50 años.
La letra fue objeto, al mismo tiempo, de devoción y de burla. “Si alguien odia la letra de la canción no puedo culparlo. Debo reconocer que es algo pomposa”, dijo Robert Plant hace poco. Pese a que mucho tiempo se creyó que las novelas de Tolkien habían tenido que ver en estas estrofas, no parece que haya sido así en este caso (sí en otras canciones). Parte de la los textos están inspirados en el libro The Magics Art in Celtic Britain de Lewis Spence.
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Robert Plant se sentó en el piso, contra la pared del estudio, y con un anotador en sus rodillas escribió los versos en unas horas. “Estaba triste y algo enojado”, contó. En los días siguientes sólo los retocó. Su sentido se ha discutido en estas cinco décadas y el mismo Plant ha dado varias versiones. Cuenta con las dosis necesarias de abstracción y de ambigüedad como para no erosionarse con el tiempo, para que el misterio persista. Una canción no necesariamente es un poema. Más allá de que exista o no algún ripio en esos versos, o de que el sentido se retuerza sobre sí mismo en alguna estrofa, es difícil no reconocer que es la letra perfecta para esa música, que la combinación hace creer que esa canción no pudo haber nacido con una letra distinta que la que tiene.
Mientras Page siempre se ha mostrado muy orgulloso de su tema insignia, dos años atrás, en una entrevista, Plant renegó ligeramente de la letra: “En la actualidad no me siento identificado con la letra. Hoy no escribiría nada parecido a aquella letra abstracta. Ni siquiera me convence vocalmente”, dijo a casi cinco décadas de su composición, con todo el éxito, los récords y la leyenda encima.
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Apenas salió el disco, la canción pasó desapercibida. En las críticas en los grandes medios no era mencionada (el disco sólo contenía ocho temas), no fue lanzada como simple, nadie lo consideró como una posibilidad cierta: era demasiado larga para los parámetros de difusión. Según contó el bajista y tecladista John Paul Jones, la primera vez que la tocaron en público, en Belfast, el público se mostró impasible, sólo esperaban que terminara la canción para escuchar una que conocieran, los éxitos de los tres discos anteriores. “Se aburrieron bastante ese día”, dijo Jones. Pero apenas unos meses después ya era una de las favoritas y la gente enloquecía cuando llegaba su turno en el recital. Tanto fue así que muy pronto debieron rever en qué lugar del set la ponían. ¿Qué tocar después de Stairway to Heaven? Decidieron que fuera la última de la lista, la que cerraría el show. Después de ella, Plant no hablaría más. Saludarían y saldrían del escenario hasta que la ovación de la multitud los hiciera volver para los bises.
Una norma que no conocía excepciones en esa época: las canciones no debían pasar los cuatro minutos de duración si los músicos pretendían que las radios las pasaran. Las largas espantaban a los oyentes y a los anunciantes. Por eso los simples eran efectivos, contundentes. Cuando estuvo terminado el disco ni siquiera consideraron editar una versión reducida de la canción para que entrara en una cara de un sencillo o para que los DJs la difundieran por la radio. No estaba en los planes de nadie. Sin embargo, Stairway to Heaven rompió con todos los antecedentes. Se convirtió en la canción que más veces se pasó por la radio en la historia. Las reglas y los preconceptos fueron pulverizados por la guitarra de Page, la voz de Plant, la entrada de Bonham y los climas de Jones.
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Ante la enorme difusión que Stairway to Heaven consiguió, la discográfica le propuso a la banda editarla como simple debido a la permanente difusión radial. Lo hizo un par de años después de su lanzamiento. Pero a través de su manager, Zeppelin se opuso. Lo mismo hicieron un año después, en 1974. Esta decisión impulsó las ventas millonarias del LP. Led Zeppelin IV lleva vendidas más de 37 millones de copias.
Como tantas otras canciones de Zeppelin, esta también fue acusada de plagio, se puso en duda su originalidad. La banda se inspiró a lo largo de su carrera en obras clásicas del blues y del rock. Muchas veces se escudó en el dominio público o en los autores anónimos pero otras debió responder ante los tribunales.
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Stairway to Heaven originó un largo juicio que se resolvió hace poco tiempo, apenas el años pasado. En 1968, Zeppelin giró por Estados Unidos junto a la banda Spirit que en su repertorio tenía el tema Taurus compuesto por Randy California. Los músicos de Spirit creen que Page compuso la música inspirándose en su interpretación de Taurus que él escuchaba mientras estaba en el backstage de la gira conjunta, esperando su turno para entrar al escenario. El pleito lo iniciaron sus sucesores, ya en este milenio, unos años después de la muerte del compositor. La acusación se centraba en la parte instrumental inicial del tema de Zeppelin. Sostenían que la progresión de acordes era similar. Los especialistas no niegan que existe cierta similitud entre las composiciones. El proceso pasó por varias instancias. Además del interés que genera Zeppelin, del morbo de publicar en letras de molde que alguien de enorme celebridad plagió, la cuestión podía involucrar decenas y hasta centenares de millones de dólares. Algunos calculan que el tema dio beneficios por alrededor de 550 millones de dólares.

Pero los jueces determinaron que no existía violación a la propiedad intelectual, que no hubo plagio. Algunos sostienen que la decisión se basó en un tecnicismo, en un detalle formal que los abogados de Page explotaron a la perfección. Según la ley inglesa lo que hay que comparar no son las grabaciones de las interpretaciones –muy similares- sino la partitura de cada tema. Y la que estaba inscripta de Taurus se diferenciaba bastante (o lo suficiente) del inicio de Stairway to Heaven.
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La canción tiene un ingrediente más. Uno mítico que fue creciendo con el paso de los años. Fue la primera que instauró lo que se convertiría en una tradición en el mundo de la música que involucraría a los más variados artistas: el arco va desde Zeppelin a Xuxa. Con el suceso del tema comenzaron a circular las versiones que sostenían que escuchada al revés se escuchaban mensajes satánicos. La cinta en reversa diría algo así como: “Oh aquí está mi dulce Satán. Aquel cuyo camino estrecho me puso triste, el poder es de Satán. Él les dará el 666. Había un granero pequeño en el que nos hacía sufrir, triste Satán”.
La obsesión de Page con Aleister Crowley, la compra de su antigua mansión, su inmersión en el ocultismo y las desgracias posteriores que se abatieron sobre las vidas personales de los miembros del grupo alimentaron la leyenda. Robert Plant se río de las versiones: “A nadie en su sano juicio se le puede ocurrir algo así. Imposible tomarse semejante trabajo. Estábamos muy orgullosos de la canción, de todo el trabajo que pusimos en ella. Es una canción positiva. Además si quisiéramos poner un mensaje subliminal en una canción, sólo pondríamos uno que dijera: ‘Comprá este disco, comprá este disco’”.
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