
Francisco Cúneo es una figura olvidada por la historia. Aunque se lo ha llamado “el primer diputado obrero” argentino, son pocos los que podrían hablar de su accionar político y, muchos menos, de su producción legislativa, aunque hoy, más de un siglo después de su gestión como diputado nacional, seguimos gozando de algunas de las ideas que él impulsó en la Cámara baja.
La historia tiende a focalizarse en Alfredo Palacios, quien en 1904 se convirtió en el primer diputado socialista de América, pero no estaba solo en su cometido puesto que muchos camaradas transitaban la misma senda. Y en ella hubo uno que se destacó: Francisco Cúneo.
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Cúneo fue electo como diputado nacional por el Partido Socialista en 1914, junto a Antonio Zaccagnini, fueron los primeros legisladores nacionales que provenían, sin dudas, de la clase obrera. De hecho Cúneo, que era mecánico electricista, y a diferencia de la época actual en que los representantes de los obreros viven de los obreros, mientras fue legislador siguió trabajando en la fábrica de papel donde trabajaba antes de ser electo y donaba su sueldo como Diputado al Partido Socialista. Y sus cuatro años como diputado fueron un fiel reflejo de su vida, hacer mucho en favor de sus camaradas en poco tiempo, falleció a los 45 años. Cúneo sostenía “que otros obreros apliquen sus aptitudes a algo que, honrándose a sí mismos, honren también al país”, y él lo hizo así con su ejemplo cotidiano.
Compartió lista con, además de Zaccagnini, con Nicolás Repetto, Mario Bravo, Antonio De Tomasso, Ángel M. Giménez, Enrique Dickmann, quienes gracias al triunfo del Partido Socialista en las elecciones del 5 de abril de 194 accedieron a la Cámara de Diputados y relegando a dirigentes como Carlos Rodríguez Larreta, José F. Uriburu, Rosendo M. Fraga, Horacio Beccar Varela, Manuel Ugarte, Belisario Roldán, José Ingenieros o Leopoldo Lugones.
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A poco de asumir presentó un proyecto de ley para reformar el Reglamento Interno de la Cámara y establecer una Comisión de Legislación del Trabajo que tuviera competencia en “el estudio y dictamen de las peticiones que los trabajadores hagan y de los proyectos que tiendan a legislar las cuestiones del trabajo, su higiene, seguridad, etc.; donde quiera que él se efectúa”. Y si bien su proyecto no vio la luz mientras él estuvo en el Congreso Nacional, esto no lo amedrentó y siguió adelante en pos de legislar en favor de la clase proletaria. E incluso cuando el proyecto perdió estado parlamentario, insistió en su idea y lo reprodujo con los mismo argumentos.

Sin embargo, las principales propuestas que impulsó Cúneo debieron esperar a que maduraran en la sociedad argentina. El cierre de comercios a las 20 horas, presentado el 2 de agosto de 1917, se hizo ley recién en 1934, la declaración de feriado el primero de mayo, presentado el 29 de abril de 1916, se oficializó en 1925.
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Esto se debía fundamentalmente a la minoría del bloque socialista en la Cámara baja, por lo que para ganar fuerza en sus propuestas, recurrían al apoyo de entidades intermedias y asociaciones profesionales, que enviaban cartas a las autoridades parlamentarias para apoyar las propuestas presentadas. No obstante la movilización ciudadana, los proyectos no recibían el apoyo necesario para convertirse en ley.
Otro de los ejes centrales de su accionar se refirió a las jubilaciones y pensiones, donde Cúneo procuró sanear el accionar de la Caja respectiva, pidiendo informes sobre su funcionamiento e incluso interpelando al ministro de Hacienda para que diera las explicaciones del caso ante los legisladores.
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Cúneo tenía en claro que era un representante de clase, y así obró en cada uno de sus acciones parlamentarias. En 1917 presentó un proyecto sencillo pero contundente en favor de las clases trabajadoras y en desmedro de los terratenientes que buscaban engordar sus bolsillos teniendo un mercado interno cautivo. El expediente 47 del 15 de junio de 1917 estipulaba en su artículo 1 “Declárase libre de derecho la importación de carne fresca”, a lo que Cúneo agregó en manuscrito “y ganado en pie”, y en su artículo 2 se le comunicaba esto al Ejecutivo.
El objetivo era claro: desbaratar el accionar de los oligopolios locales que encarecían los alimentos para evitar comercializarlos en el mercado local dado que era más conveniente exportarlo. El proyecto tuvo un rápido tratamiento y tres meses y medio después de su presentación, con la firma de Pelagio Luna, vicepresidente de la República, se sancionaba el 30 de septiembre de aquel año.
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Su accionar en el recinto hizo que trascendiera su figura y en 1918 acompañó a Nicolás Repetto en la fórmula del socialismo a la Gobernación bonaerense, aunque en dicha elección los socialistas quedaron en tercer lugar.
Sin embargo, en octubre del mismo año fue elegido como concejal de la Ciudad de Buenos Aires, donde se centró en proyectos para la construcción de obras de saneamiento, higiene y trabajo como así también la provisión de ropas para alumnos de la ciudad.
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Murió muy joven, tan rápidamente como vivió, el 14 de noviembre de 1920, a los 45 años, y aunque su nombre no es conocido para la enorme mayoría del país, sus ideas tienen una vigencia absoluta más de un siglo después. Cúneo fue la realización fáctica de aquella premisa que el Partido Socialista llevara en su carta orgánica desde su fundación, que “es ante todo el partido de los trabajadores, de los proletarios, de los que no tienen más que la fuerza de su trabajo”.
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