Nélida Piñón tiene ojos achinados, que se le achinan todavía más cuando sonríe. Y sonríe todo el tiempo. João Guimarães Rosa le decía, por eso, eurasiana: "Mi querida eurasiana". Tuvieron un trato breve a principios de los años sesenta. Piñón estrenaba la ropa de escritora con la novela Guía-mapa de Gabriel Arcanjo y Guimarães la celebraba con efusión.
Desde aquel entonces han pasado más de 55 años. Piñón publicó 18 títulos, entre ellos: La fuerza del destino (1977), El pan de cada día (1994), Voces del desierto (2005, Premio Jabuti), Aprendiz de Homero (2008, Premio Casa de las Américas). En 1995 obtuvo el Premio Juan Rulfo, en 2003 el Premio Internacional Menéndez Pelayo y en 2005 fue distinguida con el Premio Príncipe de Asturias por su "incitante obra narrativa, artísticamente sustentada en la realidad y la memoria, y también en la fantasía y los sueños". Este 3 de mayo cumplió 83 años.
Por todo esto, uno podría asumir que su nuevo libro, La camisa del marido (Alfaguara), es un texto crepuscular. Nada más lejos: los nueve cuentos que lo componen vibran con una energía que está lejos de agotarse. "La literatura es apasionante", dice Piñón, que vino a Buenos Aires para participar de los Diálogos Latinoamericanos en la Feria del Libro. "Me encantó la idea de hacer algo crepuscular, pero cuando escribo tengo arrebatos como si tuviera 15 o 20 años. Me emociona hablar de la perennidad de la literatura".
El cuento que abre el volumen y da título al libro es de una crudeza desoladora. En él ya están dispuestos los temas que van a marcar al resto de los relatos: la familia, el poder, el sexo. Escrito con la estructura del teatro griego, narra la historia de una familia que se desmiembra tras la muerte del padre. Un hacendado es apuñalado por un sicario, y la viuda y los hijos se debaten en rencores y peleas sordas. Y la camisa del marido, todavía manchada de sangre, se vuelve a la vez un símbolo de autoridad y locura.
"La literatura me alimenta", dice Piñón, y en cada cuento rinde un tributo especial: a los griegos, a Machado de Assis —a quien le dedica el libro—, también a Cervantes. "Soy parte de un juego interminable", sigue. Y así como Borges continúa el Martín Fierro con "El fin" y "Biografía de Tadeo Isidoro Cruz", ella retoma el Quijote desde la voz de Dulcinea. "Don Quijote es una obsesión", dice. "Él y Sancho componen una familia extravagante y singular, pero que tiene los mismos vínculos dramáticos de cualquier familia".
¿Por qué la familia es un tema recurrente en los cuentos? "Porque pueden ser los vínculos más descarnados, pero a la vez son los más perdurables. La familia mata, pero también regenera. Es como la cola de las lagartijas. Abre heridas y cura. Cuando vuelves a casa lacerado, la familia pone un bálsamo en tu herida."
Cada cuento propone una versión de familia: un abuelo que amonesta al nieto, alguien dice no quiero ser como papá, alguien debe hacerse cargo de la herencia de una tía. También los cuentos proponen distintas versiones del amor: la relación clandestina entre tío y sobrina, el amor imposible entre un joven y su madrastra —que remite a la tragedia de Fedra e Hipólito—, el infierno del paraíso de una pareja locamente enamorada. "El amor es maravilloso y es un tormento", dice Piñón, "el amor quiere un territorio único con dos habitantes, pero ¡ay de nosotros sin esa persecución!"
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Borges y las Malvinas
Fui a ver a Nélida Piñón al Hotel Alvear. La encontré en el lobby hablando con la escritora Josefina Delgado, que actualmente se desempeña como subsecretaria de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Son amigas desde hace años. Piñón recordó una de las primeras veces que estuvieron juntas en Buenos Aires, el 2 de abril de 1982:
"Desde mi hotel veía cómo la gente iba a Plaza de Mayo, parecía 'La noche de cristal'. Habíamos quedado en ir a visitar a Borges a su casa en la calle Maipú. Yo ya lo había conocido en Nueva York, tuve ese privilegio. Me reconoció por la voz y empezó a hablar horrores de los militares. 'Tenga cuidado con lo que dice', le pedí, porque me pareció que había un terreno muy beligerante afuera. Lo que nos dejó tranquilas fue que nos dijo que esa noche viajaba a Europa. Pero fuimos testigos de su horror."
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