Volver al ballet puede ser, para algunos adultos con antecedentes familiares de demencia, una forma concreta de estimular el cerebro y desafiar la ansiedad ante el futuro.
Un testimonio publicado en Harper’s Bazaar relata el caso de una mujer que, después de dos décadas alejada de la danza, decide regresar a las clases por el temor al Alzheimer que padeció su abuelo paterno. La autora encuentra en el estudio sensaciones de reto y posibilidad, eligiendo ponerse las zapatillas como alternativa a los ejercicios mentales tradicionales.
Bases científicas y cognitivas de la danza en la prevención del Alzheimer
La relación entre la danza y la prevención del deterioro cognitivo cuenta con respaldo científico en el ámbito de la neurología y las ciencias de la salud. Un reciente metaanálisis publicado en BMC Geriatrics por un equipo internacional de especialistas, analizó diez revisiones sistemáticas sobre intervenciones de danza en adultos mayores con deterioro cognitivo, demencia y Alzheimer.
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Los resultados demuestran que las intervenciones basadas en danza producen mejoras significativas en la cognición global, la memoria, la función ejecutiva y la flexibilidad cognitiva. El estudio también reporta efectos positivos sobre la calidad de vida, la depresión y la ansiedad, aunque advierte que la evidencia más sólida se concentra en la función ejecutiva y la memoria.
La doctora Lisa Mosconi, directora del Women’s Brain Initiative y el Alzheimer’s Prevention Program en Weill Cornell Medicine, coincide en que el movimiento novedoso no es simplemente ejercicio, sino “ejercicio más aprendizaje”, y esa combinación resulta poderosa para la salud cerebral conforme pasan los años.
La demencia es un término general para distintas enfermedades neurológicas crónicas, siendo el Alzheimer la más común. Estas patologías afectan la memoria, el lenguaje y las habilidades de coordinación. En lugar de crucigramas, muchas personas optan por la danza, que exige replicar, recordar y crear movimientos en cada clase.
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Beneficios emocionales y sociales de la práctica del ballet en adultos
Más allá de lo físico y lo cognitivo, la práctica regular del ballet aporta beneficios emocionales y sociales. El entorno estructurado del aula y la colaboración entre compañeros ofrecen soporte y motivación, aspectos especialmente valiosos para adultos con responsabilidades familiares.
Catalina Jackson-Urueña, directora del programa Dancing Through Parkinson’s en Invertigo Dance Theatre (Los Ángeles), destaca que la técnica del ballet es una de las más codificadas, lo que aporta tanto reto como comodidad a quienes la practican.
El sentido de comunidad en las clases de danza es un factor protector ante el deterioro cognitivo. Rachel McCaulsky, directora de Ailey Arts in Education & Community Programs, afirma que talleres como Active Aging crean vínculos entre los asistentes, quienes se sienten acogidos y motivados a volver.
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La médica Brenda Aiken, de 71 años, cuenta cómo la danza le devolvió el orgullo y el propósito: “Me recuerda que el movimiento sigue siendo posible, la alegría sigue siendo accesible y la expresión no tiene límite de edad”.
Importancia de la variedad, el aprendizaje y la novedad en la salud cerebral
La estimulación cerebral no reside solo en la repetición, sino en la exposición constante a lo nuevo y desafiante. Angela Trimbur subraya que las personas más activas cognitivamente nunca dejan de aprender ni de sorprenderse. Cada coreografía exige adaptarse, crear y buscar nuevas formas de moverse, interrumpiendo los patrones habituales.
Lisa Mosconi sostiene que el aprendizaje continuo y el movimiento novedoso son esenciales para la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para generar nuevas conexiones. Practicar estilos de danza poco habituales, como recomienda Jackson-Urueña, potencia estos beneficios al obligar a salir de la zona de confort motriz.
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David Leventhal, director del programa Dance for PD del Mark Morris Dance Group, indica que la danza es una actividad consciente y multisensorial que integra la conciencia física y sensorial, facilitando la adaptación cerebral y ralentizando la progresión de los síntomas neurodegenerativos.
Programas, talleres y testimonios de participantes en clases de danza para adultos mayores
El crecimiento de programas para adultos mayores evidencia el interés por la danza como herramienta de bienestar integral. En Nueva York, los talleres Active Aging de Ailey Extension reúnen a mayores de 50 años para aprender coreografías, y la participación se multiplica gracias a la recomendación boca a boca. En Los Ángeles, la demanda genera grupos de entusiastas que asisten a varias clases.
Los instructores adaptan los movimientos para quienes tienen dificultades de movilidad o equilibrio y fomentan la inclusión mediante el trabajo en parejas y el uso de etiquetas con nombres. Varias participantes mencionan logros como subir escaleras sin ayuda tras asistir a estos talleres.
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Ryan Glatt, entrenador de salud cerebral en Pacific Neuroscience Institute, advierte que la danza debe complementarse con otros ejercicios. Recomienda combinarla con entrenamiento de fuerza, yoga, tenis de mesa y actividades aeróbicas para maximizar los beneficios para el cerebro.