Un selecto grupo de personas mayores de 80 años ha despertado el interés de la ciencia por mantener una memoria excepcional a edades avanzadas. La investigación, encabezada por Emily Rogalski, neurocientífica de la Universidad de Chicago, explora las claves que permiten a los llamados superenvejecientes conservar habilidades cognitivas poco comunes en su grupo etario. En su entrevista con New Scientist, Rogalski abordó tanto los factores biológicos como la importancia de la vida social activa en el proceso de envejecer conservando la agudeza mental.
Algunas personas mayores de 80 años conservan una memoria tan eficaz como la de adultos mucho más jóvenes. Estudios recientes, según New Scientist, muestran que en estos casos intervienen factores biológicos, sociales y de resiliencia. Más allá de los genes, la interacción con otros y la actitud ante las dificultades parecen fundamentales para mantener la vitalidad mental en la vejez.
Rogalski explicó a New Scientist: “Un superenvejeciente es una persona mayor de 80 cuya memoria está al menos al nivel de las de personas de 50 o 60”. Además de la memoria excepcional, se exige un rendimiento promedio o superior en otras áreas como el lenguaje y la atención. La científica subrayó: “Casi todos pueden pensar en alguien en su vida —una tía, un vecino, un amigo— que parece tener 50, aunque en realidad tiene 90”.
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La preocupación de la población mayor por la pérdida de memoria llevó al enfoque del estudio. “La pérdida de memoria es la principal queja de las personas que envejecen y el síntoma cardinal de la enfermedad de Alzheimer”, apuntó Rogalski en New Scientist. El equipo identificó participantes comunicándose en comunidades, mercados y a través de referencias personales. “Comenzamos en Chicago, pero ahora estudiamos en cinco centros de Estados Unidos y Canadá”, añadió la experta.
Los voluntarios pasan pruebas neuropsicológicas, análisis genéticos y resonancias cerebrales. También se les invita a donar su cerebro tras la muerte para examinar características celulares únicas. Rogalski mencionó que muchos no eran conscientes de su memoria fuera de lo común, pero después se sienten satisfechos al descubrirlo.
Qué hace especial a la memoria de los superenvejecientes
El equipo científico halló que estos individuos cuentan con una corteza cerebral y un hipocampo de mayor tamaño para su edad. Las imágenes por resonancia magnética evidencian que la corteza cingulada anterior, esencial para la atención, presenta mayor espesor incluso si se compara con personas de 50 o 60 años. “Esta región es realmente importante para la atención, y la atención es esencial para la memoria”, explicó Rogalski en la entrevista a New Scientist.
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Los resultados tras las autopsias de cerebros donados muestran menos proteína tau asociada con la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, algunos casos presentan abundantes signos patológicos típicos, aunque sin deterioro evidente en vida. “Hay casos con mucha menos patología de la esperada para alguien de 95 años”, concretó Rogalski.
El papel de la genética y los marcadores neuronales
La genética, detalló la experta, no ofrece una explicación sencilla para el fenómeno. “Cuando empezamos el proyecto, se pensaba que el grupo tenía un riesgo muy bajo de Alzheimer, pero eso no es lo que observamos”, puntualizó Rogalski según New Scientist. Al comparar perfiles genéticos con los de personas cognitivamente promedio, los datos no muestran diferencias relevantes. Incluso algunos superenvejecientes presentan riesgos genéticos elevados.
No hay una “receta mágica”, aunque se han detectado marcadores celulares peculiares: las neuronas Von Economo. Estas células existen principalmente en la corteza cingulada anterior y la corteza insular frontal, donde su presencia puede ser hasta cuatro o cinco veces mayor en los superenvejecientes que en adultos de mediana edad. Estas regiones están asociadas con la toma de decisiones y la atención.
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Rogalski enfatizó: “Solíamos pensar que la genética definía nuestro destino, pero ahora sabemos que es mucho más compleja”. Resaltó que, si bien la carga hereditaria influye, es posible modificar ciertos aspectos a lo largo de la vida.
La importancia de la conexión social y la resiliencia
El denominador común entre superenvejecientes parece ser la vida social activa. “Lo que más une a los superenvejecientes es que son socialmente activos”, afirmó Rogalski en las páginas de New Scientist. Alcanzar edades avanzadas puede suponer perder a los contemporáneos, por lo que conectar con generaciones más jóvenes resulta central para prevenir el aislamiento.
Otra constante es la resiliencia. “Encontramos personas que han atravesado enormes adversidades y que, aun así, siguen adelante”, relató Rogalski. Entre los participantes hay supervivientes del Holocausto, personas que han perdido familiares siendo jóvenes y que destacan por su capacidad de adaptarse y compartir historias incluso a los 90 años.
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Desde la perspectiva científica, la interacción social supone un potente estímulo cerebral. Rogalski lo comparó con el ejercicio físico: afrontar conversaciones, incluso con desconocidos, desafía al cerebro y fomenta la actividad mental. Aunque queda la duda de si la sociabilidad es causa o consecuencia de la buena memoria, los indicios muestran que quienes se mantienen conectados experimentan menos deterioro incluso con signos de Alzheimer.
Estilo de vida, hábitos y consejos de la neurocientífica
El estilo de vida de los superenvejecientes es muy variado. “Algunos dicen que su dieta no puede ser la razón, porque comieron demasiados alimentos precocinados”, contó Rogalski. Las rutinas de ejercicio van desde estiramientos en silla hasta quienes recorren más de 100 kilómetros en bicicleta.
Incluso hay quienes vinculan su longevidad cognitiva al hábito diario de tomar un cóctel con amigos. Rogalski aclaró que no se trata de recomendar el consumo de alcohol, sino de entender cómo estos momentos permiten conexiones significativas y tranquilidad.
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La experta reiteró que el factor modificable clave es la conexión social. “Esa es la clave modificable”, sentenció en New Scientist. Animó a aprovechar cualquier oportunidad para reforzar los vínculos y evitar el aislamiento.
Así, los hallazgos de Rogalski y su equipo apuntan a que priorizar las relaciones y la compañía diaria puede ser un camino realista hacia una mente más activa y longeva en la vejez.