Estados Unidos atraviesa una etapa en la que más de la mitad de sus adultos percibe un deterioro en su situación financiera, mientras la preocupación por la inflación y el aumento del costo de vida supera patrones observados en recesiones pasadas.
De acuerdo con una encuesta divulgada por la encuestadora estadounidense Gallup, el 55% de los ciudadanos consultados entre el 1 y el 15 de abril expresó una visión negativa respecto a sus finanzas personales, constituyendo el valor máximo registrado desde que la empresa realiza esta medición en 2001.
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Este resultado supera incluso los niveles de pesimismo detectados durante episodios como la pandemia de COVID-19 y la Gran Recesión de 2008.
El informe de Gallup atribuye la preocupación económica generalizada a la persistente inflación y al aumento sostenido de precios en bienes y servicios esenciales, factores que han erosionado el poder adquisitivo de los hogares estadounidenses.
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Este malestar se agudizó al cierre del relevamiento debido al encarecimiento de la gasolina. Según la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA), el precio promedio nacional alcanzó los 1,10 dólares estadounidenses por litro (USD 4,18 por galón) tras un aumento de siete centavos en una sola noche, el valor más alto desde el inicio del conflicto con Irán, que impactó la oferta petrolera internacional.
El informe de Gallup destaca: “Las menciones combinadas de inflación, energía, vivienda y costos de atención médica, junto con los gastos universitarios, costos de transporte y cuidado infantil, superan ampliamente cualquier otra inquietud económica”.
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El 55% de los encuestados reportó dificultades por “los aumentos en los precios al consumidor”, mientras que el 13% identificó el alza de petróleo y gas como su principal preocupación, diez puntos porcentuales más que el año anterior.
El estudio señala que “la asequibilidad domina la lista” de inquietudes, reflejando la persistencia de problemas estructurales en la economía doméstica.
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La crisis del costo de vida golpea con mayor fuerza a la población hispana en Estados Unidos. Datos de el centro de estudios Pew Research Center (con sede en Washington) revelan que el 61% de los adultos latinos considera que la inflación ha tenido un efecto negativo “muy importante” en sus hogares, una cifra que supera al promedio nacional.
Según la organización nacional de defensa UnidosUS, el encarecimiento de la canasta básica y de los precios de la vivienda está generando “niveles alarmantes de inseguridad alimentaria y habitacional” en comunidades hispanas, cuyo ingreso medio es inferior al de la población blanca no hispana.
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La directora de política económica de UnidosUS, Clarissa Martínez-De-Castro, indicó que las familias latinas enfrentan un doble desafío: por un lado, sus ingresos crecen a un ritmo más lento que el promedio nacional, y por otro, destinan una mayor proporción de su salario a gastos básicos que han subido considerablemente, como la alimentación y el transporte.
Martínez-De-Castro puntualizó que el 40% de los hogares latinos recurrió a ahorros o créditos para cubrir gastos corrientes durante los últimos seis meses, según un relevamiento propio realizado en marzo de 2026.
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La consultora nacional de opinión pública Latino Decisions reportó que un 68% de los latinos mostró preocupación por su capacidad de afrontar pagos de renta o hipoteca en los próximos meses.
Esa cifra asciende al 74% entre inmigrantes de primera generación. Adicionalmente, el 33% de los encuestados manifestó haber postergado gastos médicos o en medicamentos debido a la suba de precios, mientras que el 19% presentó retrasos en el pago de servicios públicos.
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Preocupación por el futuro financiero entre estadounidenses
La ansiedad en torno al bienestar financiero a largo plazo sigue creciendo entre los estadounidenses. Según Gallup, el 62% de los participantes manifestó preocupación por la posibilidad de no contar con ingresos suficientes al momento de la jubilación, marcando un incremento de tres puntos porcentuales respecto al año previo.
Un estudio reciente de el Centro Allianz para el Futuro de la Jubilación, dependiente de la aseguradora Allianz Life, sitúa este temor en perspectiva: el 67% de los estadounidenses está más preocupado por quedarse sin dinero en la vejez que por la muerte misma, una suba de diez puntos porcentuales frente a los datos de 2025.
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El relevamiento de Gallup también expone riesgos inmediatos: el 28% de los entrevistados reconoció inquietud por solo poder efectuar el pago mínimo de sus tarjetas de crédito cada mes, dos puntos porcentuales más que el año pasado y once respecto a 2021.
Elizabeth Renter, economista sénior de el portal financiero NerdWallet, señaló a CBS News: “Los estadounidenses experimentan estos aumentos de precios con mucha intensidad; interactuamos con ellos frecuentemente y, en gran medida, son ineludibles. Es difícil evadir el actual período de inflación, y la incertidumbre sobre cuánto tiempo persistirá este fenómeno contribuye a un ánimo negativo entre los consumidores”.
Factores estructurales y perspectivas para los próximos meses
La persistencia de esta percepción negativa responde a factores estructurales del mercado estadounidense. Si bien el encarecimiento reciente de la gasolina —motivado por el conflicto con Irán y la consecuente restricción de oferta— profundizó el malestar, la encuestadora estadounidense Gallup sostiene que la inquietud por la asequibilidad es resultado de varios años de subas de costos en salud y educación superior.
Esta situación se refleja en la advertencia de Renter: “Un presupuesto restringido puede volverse inmanejable con rapidez cuando productos como la gasolina y los alimentos se encarecen”.
El efecto combinado de la inflación, el incremento del costo de servicios básicos y la incertidumbre ante una recuperación económica sostenida se traduce en la mayor prevalencia de dificultades financieras medida por Gallup desde que se inició la serie en 2001.
En este contexto, UnidosUS y Latino Decisions demandan políticas específicas para atender a la población hispana, incluyendo subsidios enfocados en alimentos y vivienda, así como programas de educación financiera adaptados a comunidades latinas.