La explicación cómoda dice que la inteligencia artificial destruyó los empleos de inicio de carrera. Es una narrativa que circula sin fricción. También es, en buena parte, una trampa.
Un análisis publicado esta semana por Bloomberg, con datos de la firma de mercado laboral Lightcast, revela que el problema tiene raíces más profundas. Entre 2004 y 2024, las graduaciones universitarias en Estados Unidos crecieron un 54%. Los empleos de nivel inicial adecuados para esos graduados crecieron un 42%. La brecha no la abrió ChatGPT. La brecha lleva 20 años abriéndose.
El camino roto
Casi el 43% de los graduados estadounidenses de entre 22 y 27 años estaba subempleado en diciembre de 2025, el nivel más alto desde la pandemia, según el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, citado por Bloomberg. Hay investigaciones de Stanford y Harvard que documentan caídas en empleo junior en software, marketing y atención al cliente desde la adopción masiva de IA. Esos datos existen. Pero son, a lo sumo, un agravante.
“Esta es la primera vez en que el camino educativo hacia los empleos está, de alguna manera, roto”, le dijo a Bloomberg Elena Magrini, directora global de investigación de Lightcast. No dijo que la IA rompió ese camino. La diferencia importa.
En 22 de los 35 campos de estudio analizados por Bloomberg y Lightcast, la relación entre empleos disponibles por graduado cayó en las últimas dos décadas. El caso más brutal es informática: los empleos de nivel inicial crecieron un 6% entre 2014 y 2024. Los graduados en esa disciplina crecieron un 110%. Nadie ajustó el rumbo cuando el mercado empezó a saturarse.
La IA como coartada
Hay algo más incómodo en este panorama. Buena parte de los despidos que empresas como Amazon, Atlassian y Block atribuyeron públicamente a la automatización no tenía a la IA como causa real. Un informe de Forrester publicado en enero de 2025 documentó lo que llamó “AI washing”: recortes motivados por presiones financieras que se anunciaron como consecuencia del avance tecnológico. La tecnología como excusa. El ajuste de costos como razón verdadera.
El resultado práctico es el mismo para quien busca empleo: la puerta cerrada. Pero el diagnóstico importa. Si la causa es la IA, la solución sería tecnológica. Si la causa es un sistema educativo que sobreprodujo graduados para mercados que ya no existían, y empresas que usan la narrativa de la automatización para justificar decisiones financieras, entonces la solución es otra.
Y es más difícil.
Un mercado que no rota
La IA actúa sobre un mercado ya comprimido por tasas altas, aranceles impredecibles y una contratación corporativa que frenó en seco. “En un mercado laboral ajustado, los empleadores pueden encontrar candidatos más experimentados para cubrir puestos junior”, dijo a Bloomberg Shawn VanDerziel, de la Asociación Nacional de Universidades y Empleadores. La IA, agregó, hizo que muchos tomaran una pausa en la contratación.
Una pausa. No una eliminación.
La historia tiene precedentes. En 1992 y entre 2012 y 2015, la mitad de los graduados recientes en EE.UU. estaba en la misma situación. La mayoría encontró empleo acorde a su formación dentro de los cinco años siguientes, según un estudio de la Reserva Federal de Nueva York citado por Bloomberg.
El ciclo se repite. Lo que cambia es la velocidad.
El verdadero riesgo no es que la tecnología elimine empleos. Es que las universidades sigan formando para el mercado de ayer mientras el mercado de hoy ya cambió de forma, y que las empresas sigan usando a la IA como pantalla para decisiones que tomaron por otras razones. Ese problema no lo resuelve ningún modelo de lenguaje.
Lo resuelven instituciones que coordinan, y empresas que dejen de esconderse detrás de un algoritmo.