Cerca del 74 % de los adultos mayores en Canadá alcanzan una salud mental plena, según un estudio nacional realizado por la Universidad de Toronto y la Agencia de Salud Pública de Canadá, citado por el portal especializado StudyFinds. Este concepto implica no solo la ausencia de trastornos, sino la vivencia diaria de felicidad, propósito y relaciones sociales estables.
El informe revela que los adultos mayores que gozan de buena salud mental comparten ciertos factores: acceso a una red de apoyo confiable, relaciones de pareja estables, hábitos saludables, creencias religiosas o espirituales valoradas y ausencia de antecedentes de ansiedad, depresión o adicciones. Estos elementos resultaron más determinantes para el bienestar que la situación económica o el entorno urbano.
El análisis de la Universidad de Toronto y la Agencia de Salud Pública de Canadá muestra que el bienestar mental en la vejez depende en mayor medida de factores personales y cotidianos que de variables estructurales como el ingreso o la residencia.
Así, los adultos mayores que cuentan con apoyo social, hábitos físicos saludables y valores espirituales sólidos presentan los niveles más altos de salud mental plena.
Factores claves de bienestar en la vejez
El apoyo social es el factor con mayor peso. Según StudyFinds, quienes disponen de una red confiable para enfrentar el estrés duplican sus posibilidades de disfrutar una salud mental plena en comparación con quienes carecen de este respaldo.
Tener pareja o estar casado incrementa en 33 % la probabilidad de prosperar en la tercera edad. Las creencias religiosas o espirituales también tienen una influencia significativa: quienes consideran estos aspectos como “muy importantes” presentan el doble de posibilidades de bienestar frente a quienes no les otorgan relevancia.
Percibir la salud física como excelente tiene un impacto directo en la calidad de vida. Los adultos mayores que la valoran de ese modo presentan más del triple de probabilidades de sentirse plenamente satisfechos en comparación con quienes la consideran deficiente.
La ausencia de dolor crónico, la capacidad para realizar tareas cotidianas de manera independiente y un descanso adecuado también se asocian a mejores indicadores de salud mental. Practicar actividad física moderada de forma regular incrementa en 24 % las posibilidades de prosperar mentalmente.
Por otro lado, quienes no sufrieron experiencias adversas durante la infancia, como violencia o abuso, muestran mejores resultados en bienestar. Nunca haber padecido trastornos de ansiedad, depresión o problemas de adicción eleva considerablemente la probabilidad de alcanzar una salud mental plena en la vejez.
Influencia del entorno y variables socioeconómicas en la salud mental
El lugar de residencia introduce diferencias relevantes. Según StudyFinds, vivir en áreas rurales se asocia con mayores probabilidades de bienestar pleno, mientras que residir en grandes ciudades implica una reducción del 38 % en la probabilidad de alcanzar este estado. Los investigadores atribuyen esta diferencia a factores como el aislamiento social, el ruido ambiental y la contaminación urbana.
En cuanto al dinero, los resultados son mixtos. El análisis no identificó una relación directa entre ingresos altos o bajos y el bienestar mental.
Incluso, personas con menores ingresos reportan frecuentemente la ausencia de trastornos mentales, lo que contradice teorías previas sobre la relación entre nivel socioeconómico y salud mental. Los autores subrayan que estas conclusiones no son definitivas y requieren investigaciones adicionales.
Políticas públicas y las claves del bienestar mental en la vejez en Norteamérica
El estudio realizado por la Universidad de Toronto y la Agencia de Salud Pública de Canadá identifica que fortalecer las redes de apoyo social, facilitar el acceso a comunidades religiosas, mejorar la atención al dolor crónico, abordar los problemas de sueño y fomentar la actividad física son estrategias efectivas para optimizar el bienestar mental en la vejez.
Un hallazgo relevante, citado por StudyFinds, es que un grupo considerable de adultos mayores, aunque no presenta enfermedades mentales, no logra alcanzar un bienestar pleno.
Para este segmento, los especialistas recomiendan intervenciones centradas en factores cotidianos y modificables, más allá de la atención clínica tradicional, priorizando la conexión social, el sentido de propósito y la satisfacción personal.
El bienestar en la vejez depende menos de los recursos económicos o el contexto urbano y más de la calidad de las relaciones sociales, la estabilidad emocional y la posibilidad de mantener rutinas y valores significativos. Aunque las políticas públicas pueden incidir sobre factores estructurales, el mayor impacto se logra al fortalecer las redes de apoyo, promover estilos de vida activos y facilitar la integración en comunidades de apoyo.
En consecuencia, la capacidad de mantener vínculos personales sólidos y adoptar hábitos saludables resulta fundamental para explicar los altos niveles de salud mental observados en la población adulta mayor de la región.