La llegada masiva de la inteligencia artificial (IA) a las redacciones implica una transformación directa para el periodismo tradicional. El caso de Nick Lichtenberg, editor de Fortune y pionero en el uso sistemático de IA para la generación de noticias, ilustra cómo la tecnología afecta tanto los procesos de producción informativa como los desafíos éticos, económicos y profesionales del sector.
El propio medio reconoció que casi el 20% del tráfico web de Fortune durante el segundo semestre de 2025 correspondió a artículos asistidos por IA, en su mayoría firmados por Lichtenberg. Este proceso afronta la crítica de colegas y líderes sindicales, pero ya modifica los modelos de productividad y relevancia en la industria mediática.
El auge de la IA en redacciones y el ejemplo de Fortune
Para comprender la magnitud de este cambio basta observar una cifra: Lichtenberg escribió más de 600 artículos desde que reingresó a Fortune en julio de 2025. Según informó el propio medio, en una sola jornada de febrero publicó siete piezas informativas.
Su método se aparta del reporterismo clásico basado en la búsqueda de fuentes y la construcción de vínculos de confianza; Lichtenberg suele cargar comunicados de prensa y apuntes de analistas en aplicaciones de IA, edita el material resultante y lo publica en cuestión de minutos.
Esta metodología le permite liberar tiempo para redactar reportajes y perfiles originales, como el de un joven electricista de 23 años en lo que él denominó “la revolución blue-collar de la Generación Z”. Mientras la inteligencia artificial facilitó el esquema del artículo, el desarrollo fue de su autoría.
La dependencia de Fortune en los textos generados con ayuda de IA responde a presiones económicas y desafíos de modelo de negocio. Con una plantilla de alrededor de 60 periodistas y bajo la propiedad de Chatchaval Jiaravanon, Fortune combina suscripciones, eventos y publicidad.
El director ejecutivo abandonó el cargo abruptamente a finales de 2025 tras menos de dos años, lo que forzó a explorar nuevas estrategias para sostener la producción de contenidos y captar suscriptores. Según la directora editorial Alyson Shontell, “la IA obliga a ser únicos o desaparecer”.
Cambios en los hábitos de consumo y la producción de noticias
La introducción de los chatbots y asistentes generativos logró transformar el modo en que el público busca información. Muchos prefieren ahora dialogar con herramientas que sintetizan respuestas desde múltiples fuentes, en lugar de navegar por sitios tradicionales.
El auge de videos breves en plataformas como TikTok, Instagram y YouTube también reduce la centralidad de los medios clásicos. En este contexto, la rapidez y el volumen adquieren nuevo valor.
El ejemplo de Lichtenberg da cuenta de cómo un periodista puede multiplicar la productividad: él mismo gestiona un equipo de seis reporteros y, en ocasiones, recurre a varios sistemas de IA, como Perplexity y NotebookLM, para obtener borradores y análisis iniciales sobre noticias empresariales o reportes de mercado.
El propio medio Fortune afirma que “las historias asistidas por inteligencia artificial han contribuido al crecimiento de suscriptores”.
A nivel global, la automatización ya ha alcanzado proporciones notorias. Un estudio de la Universidad pública de Maryland de 2025 estimó que el 9% de los artículos publicados por la prensa mundial son generados total o parcialmente con IA.
De acuerdo con la consultora tecnológica Graphite, la cantidad de textos creados por inteligencia artificial superó a los elaborados por humanos en la web hacia finales de 2024.
Reacciones en la industria y las implicancias éticas
La adopción de IA genera debates y resistencias tanto entre editores de grandes medios como entre sindicatos de periodistas. El presidente de New York Times, A.G. Sulzberger, alertó sobre un “torrent de basura” alimentado por la IA y citó los deepfakes como ejemplo de los riesgos que enfrenta la profesión.
Desde el sindicato NewsGuild of New York, la presidenta Susan DeCarava afirmó: “No se pueden replicar las experiencias vividas, el juicio humano y la experiencia”.
Otros directores han optado por abordar la IA desde una perspectiva pragmática. Chris Quinn, editor de Cleveland.com y The Plain Dealer, relató a Fortune que las herramientas automáticas permitieron cubrir condados de Ohio tradicionalmente desatendidos, extrayendo información de sitios web locales y enviando “pistas” a los reporteros.
Además, detalló que la IA agiliza la edición y la redacción de borradores, lo que permite que los periodistas se concentren en la investigación original.
Según Quinn, la IA puede “arreglar un borrador malo casi al instante”, así como ofrecer una atención ilimitada, aunque reconoció que nada de lo que hacen en la redacción está exento del uso de la tecnología.
Algunos conglomerados internacionales optaron por integrarse activamente a esta nueva realidad. El director general de Axel Springer, Mathias Döpfner, sostuvo en noviembre de 2025 que “luchar contra la IA no es una opción” y que es necesario “comprenderla y utilizarla en beneficio de nuestro producto para garantizar la confianza y no destruirla”.
Por su parte, Business Insider (propiedad de Axel Springer) lanzó un programa piloto para la generación automática de noticias breves bajo una firma designada.
Empresas como Perplexity han suscrito acuerdos de compensación por contenido con editores como Fortune, aunque dos filiales de News Corp –la compañía detrás del Wall Street Journal– ya emprendieron acciones legales por el uso comercial de sus materiales. El grupo mantiene, además, un convenio de distribución de contenido con la empresa creadora de ChatGPT, OpenAI.
Los riesgos y límites de la automatización periodística
La precisión y la transparencia en el uso de la IA continúan siendo motivo de auditoría. El propio Lichtenberg reconoce las limitaciones del proceso: si bien revisa los documentos originales y busca la opinión de fuentes, admite que sus estándares no alcanzan el nivel de verificación de un fact-checker profesional como los de The New Yorker: “No hago comprobación de datos al estilo New Yorker”.
Una investigación conjunta de la unión de radiodifusores públicos European Broadcasting Union y la BBC realizada en octubre de 2025 encontró que casi la mitad de las respuestas de IA analizadas presentaban al menos un error significativo.
La proliferación de “alucinaciones”, es decir, información inventada por el sistema, representa un riesgo para la credibilidad, la relación con las fuentes y la exposición a litigios. Por ello, algunas redacciones advierten en los propios artículos sobre el empleo de IA como herramienta de apoyo.
Lichtenberg, que ahora firma la mayoría de sus artículos en solitario tras una primera etapa acompañado por la mención “Fortune Intelligence”, indica que, si bien “más del 50% del trabajo es suyo”, la capacidad de la IA para ampliar su alcance tiene beneficios mensurables. La directora editorial Shontell describió la posibilidad de contar con “10 Nicks” gracias a este proceso.
Adaptación personal y transformación cultural
Frente a las críticas, Lichtenberg sostiene que su producción combina documentos verificables y transcripciones, lo que aporta rastreabilidad a la información publicada. Desde que comenzó a compartir su método con la sala de redacción, señala haber percibido un cambio en la percepción interna sobre la integración de la IA.
Como expresó a Fortune: “El verano pasado había mucho miedo y aversión respecto de la inteligencia artificial, y siento que ese ambiente está cambiando”.
Lichtenberg no considera su trabajo contrario a los valores tradicionales y prefiere definirse como “un don nadie que encontró soluciones a los problemas”, aunque reconoce que su enfoque no siempre coincide con la visión convencional del periodismo.