
Las vacaciones son uno de los momentos más esperados a lo largo del año y, por suerte, España es uno de los países con mejores destinos turísticos del mundo. Este es uno de los motivos por los que fue el segundo país con más turismo del mundo, tan solo por detrás de Francia.
Uno de esos pequeños paraísos ocultos es Torreblanca, un pueblo costero que se encuentra en Castellón. Según los datos del Instituto Nacional de Estadísitica (INE), tiene 5.813 habitantes, por lo que se trata de una localidad pequeña.
Qué ofrece Torreblanca
Es un destino ideal en el caso de que estés buscando playas bonitas sin una gran masificación turística. Mientras que la mayoría de personas deciden visitar lugares como Peñíscola, Torreblanca no está en el radar del gran público. Sin duda se trata de la gran olvidada de la Costa Azahar.
Su singularidad es uno de los principales atractivos de la ciudad. Su casco urbano está separado del mar por un paseo de nueve minutos en coche. Además, sus calles brillan por los murales y los grafitis, predominando el conocido street art y transformando las paredes en pequeños museos al aire libre.
Por otra parte, Torreblanca cuenta con edificios históricos. Los que más destacan están en el recinto del Calvario, en el que brilla la Ermita fortificada de Sant Francesc del siglo XIII. Es uno de los puntos más elevados y tiene unas vistas preciosas. Esta se construyó sobre los restos de una antigua fortificación musulmana tras la Reconquista y fue el primer templo cristiano de la localidad.
En el mismo recinto se encuentra la Primitiva Iglesia del siglo XV, que comenzó a desempeñar funciones parroquiales en sustitución de la ermita original hasta la construcción, siglos después, de la iglesia de San Bartolomé.
Sus playas
Aunque los puntos que se han destacado anteriormente son grandes reclamos turísticos, Torreblanca tiene como insignia sus playas. Una de ellas es la Playa de Torrenostra, que se caracteriza por su arena fina y las aguas tranquilas.
Cuenta con el distintivo de Bandera Azul, que se entrega cuando la calidad de la seguridad y la gestión medioambiental es excelente. Como curiosidad cabe destacar que recibe su nombre de la Torre Nostra, una edificación que se usaba para la vigilancia y que ahora está integrada entre las casas de primera fila.
Si lo que buscas es una conexión más pura con la naturaleza, muy cerca se encuentra la Playa del Nord. Este enorme arenal de cinco kilómetros está compuesto por aguas cristalinas, dunas y zonas con vegetación. Tiene caminos hechos de madera para no dañar el entorno natural.
Aunque sus entornos naturales sean espectaculares, tampoco hay que dejar de lado su gastronomía. Su cocina combina productos del mar y de la huerta, con el arroz como protagonista. Destacan platos típicos como la olla torreblanquina, la torrà de cordero y el empedrado de judías. Entre los dulces locales resaltan los pastissets y los pasteles de San Antonio.
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