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La industria española encara nuevas oportunidades en farmacia, defensa y energía

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Madrid, 24 ago (EFE).- La economía española ha conseguido estabilizar el peso de su industria en los últimos años tras varias décadas de retroceso y encara nuevas oportunidades para crecer vinculadas a la transición energética, la industria farmacéutica y el aumento del gasto en defensa en la Unión Europea (UE).

Así lo han explicado varios expertos consultados por EFE, que destacan el mejor comportamiento de actividades de mayor valor añadido desde la pandemia y también la ventaja energética de España, aunque advierten de retos importantes como la red eléctrica, el tamaño de las empresas o la actualización de la ley de industria.

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Así, la industria en sentido amplio representa alrededor del 16 % del valor añadido bruto (VAB) español, lejos de los datos de 1975, cuando suponía el 21,92 % del VAB real, o de 1980, cuando alcanzó su máximo histórico en el entorno del 23 %, mientras que el empleo en este sector ha pasado de 3,24 millones de empleos en 1975 a 2,43 millones, unos 810.000 puestos menos.

Sobre esta evolución, el director del Servicio de Estudios del Consejo General de Economistas (CGE), Salvador Marín, aclara que la pérdida de peso de la industria española "es aritmética" y "no tanto destrucción", ya que "ha crecido casi cada año, solo que a menos de la mitad del ritmo de los servicios".

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De hecho, ese crecimiento fue del 1,17 % anual de media entre 1975 y 2023, muy inferior al 2,65 % de los servicios, y esta es la razón principal de que la industria haya perdido peso relativo, aunque su producción haya seguido creciendo.

Otros de los factores que explican la pérdida de peso son el aumento de la productividad industrial, que permite producir más con menos trabajadores; la externalización de actividades que antes se contabilizaban dentro de la industria y ahora aparecen como servicios; o el peso de las pymes.

"El tejido industrial está formado en un 99,4 % por pymes y, dentro de ese conjunto, el 84 % son microempresas", indica Marín, que considera que "esa fragmentación limita la inversión sostenida, dificulta la internacionalización de estas empresas y reduce la capacidad de absorber tecnología".

Por su parte, el economista jefe para España de BBVA Research, Miguel Cardoso, insiste en que la desindustrialización es un "fenómeno global" y recuerda que la disminución de las barreras comerciales durante el período posterior a 1990 "permitió la externalización de productos hacia países con menores costes salariales, de operación o regulatorios".

Otros de los "fuertes cambios observados" son el incremento en el coste del combustible; la mayor competencia china -particularmente relacionada con el vehículo eléctrico-; los mayores aranceles en ciertos mercados; o los cambios demográficos y de preferencias.

A pesar de ello, Cardoso remarca que España ha podido mantener su producción industrial, a diferencia de lo que ha sucedido en países como Alemania, donde ha caído significativamente. De hecho, el crecimiento del valor añadido manufacturero español entre el cuarto trimestre de 2019 y el segundo de 2025 fue del 9,4 % frente al retroceso del 3,2 % alemán.

Detrás de esta situación en España está, entre otros factores, el energético, ya que la menor exposición al gas ruso y el peso de la solar y la eólica han situado el precio de la electricidad para los consumidores industriales medianos españoles algo por debajo de la media de la eurozona desde 2023.

Y además el auge de las renovables ha favorecido el impulso de empresas competitivas en molinos de viento o motores eléctricos, señala Cardoso.

Un segundo factor, a juicio de Marín, es de composición, ya que las ramas de mayor valor añadido por empleado han crecido en España un 4,4 % respecto a 2019, frente a una caída del 5,9 % en Alemania, Francia e Italia.

"La farmacéutica española produce hoy un 36,3 % más que en 2019 frente al 18,2 % de sus competidores europeos; la química española ha aguantado en positivo mientras la de las tres grandes economías caían", ha detallado el experto del Consejo General de Economistas.

Finalmente, Cardoso hace referencia al crecimiento del gasto en defensa en España y en Europa en general, que sin duda supone una oportunidad para las empresas españolas situadas en sectores estratégicos en la provisión de servicios digitales, producción de vehículos de transporte o químicos, entre otros.

Ambos expertos coinciden en las señales de cautela: la cifra de negocio industrial cayó un 0,8 % en 2024 y el número de empresas descendió un 1,75 %, mientras el indice de clima industrial cerró diciembre de 2025 en -3,5 puntos y acumula 42 meses en negativo.

Por ello, el sector debe afrontar varios retos, como la red eléctrica, ya que "de poco sirve tener el megavatio hora más barato de Europa occidental" si el proyecto no consigue punto de conexión, advierte Marín, así como el talento, ya que la falta de perfiles técnicos es un problema relevante.

Un segundo reto sería el normativo, ya que la ley que regula la actividad industrial data de 1992 y no ha tenido una revisión de fondo en más de treinta años.

Sobre ello, Marín recuerda que la Ley de Industria y Autonomía Estratégica está todavía en negociación parlamentaria, remitida a las Cortes en diciembre de 2024, pero insiste en que "su aprobación ya no admite más demoras", ya que "ese retraso tiene un coste medible". EFE

(Recursos de archivo en EFEServicios 8023356933)

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