Salamanca, 11 feb (EFE).- Las mujeres son ya mayoría de los departamentos de investigación de muchas instituciones, pero siguen sin estar en ni un tercio de las jefaturas, una desigualdad que piden resolver con más transparencia en los procesos de selección para romper ese techo de cristal que las penaliza, especialmente cuando deben conciliar.
"En toda la época de la facultad, y en el mir, todo es baremable, no notas esa diferencia de género. Pero cuando terminas la residencia de Medicina, por ejemplo, ya los jefes e incluso las jefas distribuyen los roles en función de la situación familiar en la que estás", ha contado la cardióloga salmantina Candelas Pérez del Villar Moro, de 43 años.
Cinco investigadoras, de diferentes generaciones y orígenes, del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (Ibsal), han explicado en una mesa redonda sus experiencias personales y profesionales que, en muchos aspectos, difieren de las carreras investigadoras de sus compañeros, con motivo de la conmemoración del Día de la Mujer y la Niña en la ciencia.
La también secretaria científica de este instituto ha constatado que ese sesgo de género es una realidad, aunque cada vez se lucha para que sea menor, y ha recordado que las investigadoras y en general las mujeres científicas tienen generalmente "más responsabilidad de la que pone en el título".
La más joven de las participantes, la abulense Patricia Berlana Galán de 24 años, ha defendido que esta desigualdad se resolvería con más transparencia en los procesos de selección, en los que, a su juicio, "ayuda de gran manera que haya mujeres involucradas, porque dan una visión que los hombres pasan por alto porque no lo han vivido".
Por su parte, la más veterana de la mesa, la bióloga salmantina Ángeles Almeida Parra de 59 años, ha relatado que en su trayectoria se ha encontrado en varias situaciones en las que se ha favorecido a un hombre por delante de ella teniendo él menos méritos, y que este patrón es algo que ha visto cómo se repetía con otras mujeres.
El punto crucial que todas han destacado como el de mayor fricción para una mujer científica es la conciliación con la vida personal, sobre todo a la hora de decidir tener hijos pero también en cuanto a construir relaciones y una vida estable en un ámbito que en muchas ocasiones requiere traslados de ciudad o país e incertidumbre al depender de becas y contratos temporales.
Es el caso de la bióloga venezolana Maura Lina Rojas Pirela, de 41 años, que ha sostenido su carrera con estancias posdoctorales muy satisfactorias pero que la han ido obligando a irse mudando de país y "a pagar un precio personal a nivel familiar que muchas veces no es fácil sobrellevar".
La cardióloga Candelas Pérez, que tiene niños pequeños, ha contado que conciliar "es muy complicado" porque son dos dedicaciones, la crianza y la investigación, que requieren mucho tiempo, pero ha llamado a educar con el ejemplo: "También es enseñar el que te vean de noche con tu portátil".
La bióloga Beatriz Martín Carro, de 35 años, ha puesto palabras a un sentimiento que han compartido las cinco científicas: a ninguna se les había ocurrido ser investigadora hasta que algún profesor o profesora se lo descubrió en bachillerato.
"No me imaginé haciendo investigación porque no me habían enseñado qué era la investigación. Lo que no se ve no se puede elegir. Yo soy de Ávila, una ciudad enfocada al turismo y al mundo rural, nada que ver con Salamanca, donde cada vez se mueve más investigación", ha dicho la investigadora predoctoral Patricia Berlana.
Cuando a Martín Carro le han preguntado por su mujer científica referente, ha señalado a la cardióloga Candelas Pérez, precisamente por "cómo lleva las dos facetas de su vida", la de profesional clínica y de investigación y la de madre de niños pequeños. EFE
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