Hay alimentos que pasan desapercibidos en la cocina y que, sin embargo, esconden un interesante perfil nutricional. Aportan pocas complicaciones a la hora de incorporarlos al menú, contienen una elevada proporción de agua y ofrecen vitaminas esenciales para el funcionamiento del organismo. Uno de ellos destaca especialmente por su contenido en folatos, una vitamina relacionada con la formación normal de las células sanguíneas, y por su aporte de fibra, importante para una alimentación equilibrada.
Aunque suele utilizarse como ingrediente de caldos, cremas y guisos, sus propiedades nutricionales van mucho más allá de su papel como acompañamiento. Y hay un dato que llama la atención: una ración de 150 gramos puede proporcionar cerca de la mitad de la cantidad diaria recomendada de vitamina B9, fundamental para el organismo.
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El secreto de este alimento está, en buena medida, en su composición. Según la información nutricional de la Fundación Española de la Nutrición (FEN), el agua es su componente mayoritario. También aporta fibra y vitaminas como los folatos, la vitamina C, la vitamina A y la vitamina B6, además de pequeñas cantidades de proteínas.
Esta combinación lo convierte en una opción interesante para diversificar la dieta y aumentar el consumo de vegetales. Su contenido en agua contribuye a la ingesta diaria de líquidos, mientras que la fibra forma parte de una alimentación saludable y variada. Hablamos del puerro, una hortaliza habitual en la cocina que, además de aportar sabor a los platos, ofrece agua, fibra y vitaminas de interés nutricional.
La vitamina que ayuda a formar las células sanguíneas
Uno de los aspectos más destacados de su composición es la presencia de folatos, también conocidos como vitamina B9. Estos nutrientes desempeñan un papel importante en el organismo, ya que contribuyen a la formación normal de las células sanguíneas.
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De acuerdo con la FEN, consumir 150 gramos de este vegetal permite cubrir aproximadamente el 48 % de las ingestas recomendadas de folatos para la población de referencia utilizada en su valoración nutricional. Se trata de una proporción relevante que ayuda a entender por qué incluir diferentes verduras en la alimentación puede contribuir a satisfacer las necesidades diarias de vitaminas.
Los folatos, además, participan en otros procesos esenciales, como la síntesis normal del ADN y el funcionamiento del sistema inmunitario. Por ello, mantener una ingesta adecuada de esta vitamina es importante para el buen funcionamiento del organismo.
Fibra y vitaminas para completar la dieta
La fibra es otro de los componentes que merece atención. Consumida habitualmente a través de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, contribuye al funcionamiento normal del aparato digestivo y ayuda a mantener una alimentación variada.
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A ella se suman las vitaminas C, A y B6. La vitamina C participa en el funcionamiento normal del sistema inmunitario y contribuye a la protección de las células frente al daño oxidativo. La vitamina A interviene en procesos como el mantenimiento de la visión normal, mientras que la B6 participa en el metabolismo energético y en el funcionamiento del sistema nervioso.
No obstante, conviene recordar que ningún alimento por sí solo garantiza estos beneficios ni sustituye una dieta equilibrada. Su valor nutricional debe entenderse dentro del conjunto de la alimentación.
Los minerales del puerro
En el apartado de los minerales, la FEN señala que el puerro no destaca por aportar cantidades significativas, aunque contiene potasio y fósforo. También es importante tener en cuenta que el calcio y el hierro presentes en los alimentos vegetales no siempre se absorben con la misma facilidad que los procedentes de determinadas fuentes animales.
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En el caso del hierro, por ejemplo, el organismo suele aprovechar mejor el hierro hemo, presente en alimentos de origen animal, que el hierro no hemo de los vegetales. La absorción del hierro vegetal también depende de otros componentes de la comida, como la vitamina C. Por tanto, aunque puede contribuir al aporte de distintos nutrientes, no debe considerarse una fuente principal de minerales como el hierro o el calcio.
Su sabor suave y sus posibilidades culinarias permiten incorporarlo a numerosas preparaciones: desde cremas y sopas hasta salteados, tortillas, arroces o platos de verduras al horno. También puede cocinarse al vapor o asarse para aprovechar su textura y su sabor sin necesidad de recurrir a elaboraciones complicadas. La clave está en utilizarlo con regularidad como parte de una dieta diversa, junto con otras verduras, frutas, legumbres y alimentos de distintos grupos.
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