Las emociones forman parte de nuestra vida cotidiana, aunque no todas las personas las experimentan con la misma intensidad. Mientras algunas pueden ver una película dramática sin que les afecte demasiado, otras se implican tanto en la historia que llegan a sufrir con lo que les ocurre a los personajes.
Algo parecido sucede con la música, el arte o las relaciones personales, ámbitos en los que hay quienes parecen captar detalles y matices que pasan desapercibidos para los demás.
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Esta mayor capacidad para percibir determinadas sensaciones puede tener una parte positiva, pero también hacer que algunas experiencias resulten más difíciles de gestionar. Así lo explica el doctor José Carbonell, médico y psiquiatra, que pone el foco en las personas con altas capacidades emocionales y en la importancia de aprender a convivir con esta forma de experimentar el mundo.
Las personas con altas capacidades emocionales pueden percibir más matices
“Hay un perfil de personas que tienen más capacidades que los demás de percibir emociones, pero no en negativo, sino en positivo”, explica Carbonell. El especialista señala que esta capacidad puede manifestarse en distintos ámbitos, desde una mayor sensibilidad hacia la música hasta una facilidad especial para apreciar las expresiones artísticas o disfrutar de los detalles de un cuadro.
Sin embargo, percibir más matices no siempre resulta sencillo. Esa misma sensibilidad puede hacer que determinadas experiencias se vivan con mayor intensidad. Una película de terror, una historia dramática o una situación emocionalmente compleja pueden provocar un sufrimiento mayor en quienes se implican profundamente en lo que están viendo o viviendo.
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Esto no significa que exista necesariamente un problema psicológico. El psiquiatra invita a reflexionar sobre qué consideramos normal y recuerda que prestar mucha atención a los detalles, concentrarse intensamente en una actividad o experimentar ciertas sensaciones con fuerza no implica, por sí solo, que una persona tenga un trastorno.
Conviene, no obstante, distinguir estas características de un diagnóstico clínico. La sensibilidad emocional, por sí sola, no permite identificar ni descartar condiciones como el trastorno del espectro autista, el TDAH o el trastorno límite de la personalidad. Para valorar si existe algún trastorno es necesario atender al conjunto de síntomas, a su duración y a cómo afectan a la vida cotidiana.
Aprender a gestionar las emociones para evitar el sufrimiento
Para Carbonell, la clave está en aprender a manejar esa capacidad para que no se convierta en una fuente constante de malestar. Una persona puede disfrutar intensamente de la música, el arte o las relaciones con los demás y, al mismo tiempo, sentirse más expuesta ante determinadas situaciones. El objetivo no sería eliminar esa sensibilidad, sino comprenderla y encontrar herramientas para convivir con ella.
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En este proceso, la terapia psicológica puede ayudar a reconocer las propias reacciones, entender qué situaciones generan más malestar y desarrollar estrategias para regular las emociones. No todas las personas necesitan acudir a terapia por ser especialmente sensibles, pero buscar ayuda profesional puede ser útil cuando esa intensidad emocional provoca sufrimiento o interfiere en la vida diaria.
El psiquiatra también destaca la importancia de la empatía en profesiones como la psicología, la psiquiatría o la terapia. Percibir las emociones de otras personas puede facilitar la comprensión de lo que sienten, pero esa capacidad debe ir acompañada de una buena gestión emocional. De este modo, el profesional puede escuchar, comprender y acompañar sin dejarse desbordar por las experiencias ajenas.
En definitiva, experimentar las emociones con intensidad no tiene por qué ser algo negativo. Como plantea Carbonell, lo importante es reconocer cómo funciona cada persona y aprender a gestionar esa sensibilidad para aprovechar sus aspectos positivos sin que se convierta en una carga.
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