Una de las palabras del día es “caballa”. El gentilicio de Ceuta ocupa cada vez más titulares, carteles de manifestaciones y muestras de apoyo. Los últimos en emplearla han sido los jugadores del Real Madrid y Elche en el partido de este martes, donde los futbolistas del Real Madrid, Vinicius, Mbappé y Konaté, decidieron ocultar el mensaje y quitarse la camiseta que lo mostraba lo antes posible. No lo hizo Abde, jugador marroquí del Real Betis, que vistió la camiseta y, tras ver cómo sus redes sociales se llenaban de insultos, no dio un paso atrás y defendió que era un apoyo a una ciudad y no un ataque a su país, Marruecos.
Esta polémica futbolística vuelve a colocar al significado de la palabra en el interés público. La palabra que hoy resume la identidad colectiva de Ceuta obtuvo respaldo académico a finales de julio de 2010. El Diccionario de la Real Academia Española (RAE) incorporó entonces “caballa” como gentilicio de la ciudad, aunque el término llevaba décadas instalado en el habla cotidiana de sus habitantes. Su origen retrocede hasta finales del siglo XIX.
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El uso del gentilicio trasciende así el ámbito lingüístico y se ha convertido en una expresión de pertenencia que acompaña debates públicos y gestos colectivos. La discusión surgida en torno a las camisetas ha devuelto al primer plano una denominación que, para los ceutíes, posee una carga histórica y emocional. Su presencia en pancartas refleja a una comunidad vinculada a sus costumbres, a su relación con el mar y a una forma compartida de entender la ciudad. La entrada académica consolidó un reconocimiento formal, pero el término ya circulaba entre generaciones como una forma habitual de identificación.
Origen del término “caballa”
La aceptación formal llegó después de un uso popular que atravesó generaciones. La expresión estaba presente en casas, aulas y calles de una ciudad marcada por su relación con el mar y por una convivencia de costumbres, comidas y tradiciones. El motivo es la abundancia de caballas en la bahía ceutí. La actividad pesquera y el contacto permanente con el mar explican que el nombre del pescado acabara asociado a la población local.
El origen del término se vincula a las páginas del periódico ceutí El África, según la explicación más extendida que apuntó el historiador José Luis Gómez Barceló. Según esta historia, en solo dos jornadas de 1899 se habrían capturado 60.000 caballas en aguas próximas a la ciudad. Con el tiempo, la denominación pasó del mar a la calle y adquirió un sentido social.
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La transformación del apodo en gentilicio no dependió de una decisión institucional inicial. Fueron los propios ceutíes quienes lo incorporaron a su vocabulario y lo transmitieron como una seña de pertenencia. La RAE recogió después esa realidad lingüística. La bandera blanca y negra, presente en numerosos actos y desplazamientos por España, se convirtió igualmente en un símbolo de esa pertenencia. Para quienes emplean el lema “todos somos caballas”, el término expresa respaldo a una ciudad y a una identidad que existían antes de la entrada académica.
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