Margarita Robles suma una medalla en la historia de la política española. Este martes se convierte en la ministra de Defensa más longeva desde que terminó la Dictadura, superando a Narcís Serra. Es uno de los pocos ministros que permanece en el Ejecutivo desde la primera legislatura de Pedro Sánchez. Sus disputas con el propio Gobierno, la última y una de las más sonadas por su versión opuesta sobre los avisos de Inteligencia sobre la entrada masiva en Ceuta, hacen este récord todavía más sorprendente.
En los ocho años al frente de Defensa, Robles ha atravesado todo tipo de situaciones. La inversión militar ha vivido un crecimiento internacional por los conflictos abiertos en Oriente Medio o Ucrania. En este contexto, España ha adoptado una compleja posición en la que se ha opuesto al acuerdo de la OTAN de dedicar un 5% del PIB. Esta decisión impulsó críticas constantes de Donald Trump que crecieron cuando el Gobierno no permitió usar las bases de Rota y Morón para sus ataques a Irán. El caso Pegasus, en el que Robles fue uno de políticos espiados, los mensajes filtrados de Pedro Sánchez o las críticas dentro del Ejército son otras de las controversias que marcan su trayectoria.
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Desde el 30 de julio, la relación de Margarita Robles y el resto del Gobierno ha dejado declaraciones cruzadas y evidencias de no estar en la misma posición. Todo comenzó por la actuación del CNI antes de la entrada masiva de migrantes en Ceuta. La ministra de Defensa sostuvo que los 25 agentes desplegados en la ciudad habían cumplido su labor, trasladando información sobre el riesgo de una avalancha y sobre convocatorias para cruzar la frontera.
Interior, en cambio, negó haber recibido un informe que anticipara una operación de esa dimensión. La discrepancia no era menor. Determinaba si el Ejecutivo tuvo avisos previos, si reaccionó adecuadamente y si Marruecos pudo haber permitido el paso. Las versiones enfrentadas abrieron una crisis de credibilidad interna y dieron munición a la oposición. El Gobierno anunció entonces la desclasificación de estos avisos para cortar de raíz las especulaciones. Para gran parte de la opinión pública, esta publicación dio la razón a Robles, pues se desvelaron mensajes del CNI advirtiendo de las convocatorias en grupos de hasta 180.000 personas. Otras voces mantienen que no era una alerta suficiente.
Ocho años de decisiones y controversias
En 2018, comenzó su andadura en Defensa tras su carrera como jueza o su paso por la Secretaría de Estado de Interior con Felipe González. Los mensajes filtrados entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos, adelantados por El Mundo, provocaron el momento de mayor ruido en torno a Robles. En una conversación privada entre ambos, el presidente llega a decir que “yo creo que se acuesta con el uniforme”, en referencia a que defendía antes a las Fuerzas Armadas que al Gobierno, y cierra con un “es una pájara”. Aquello quedó en una serie de preguntas incómodas a la ministra. Otras tensiones sí se han traducido en consecuencias importantes.
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Robles ha dado la cara ante la presión internacional por el gasto en defensa y la no contribución en Oriente Medio. En diversas ocasiones, Donald Trump ha tratado a España de “socio terrible” y ha reflexionado sobre su futuro en la OTAN. El Ministerio afrontó la decisión de impedir la compra de armamento procedente de Israel, aunque aquella ley mantuvo una puerta abierta a proyectos de “seguridad nacional” sin alternativa.
El caso Pegasus, ahora tan comentado por su supuesto vínculo con Marruecos, salpicó a Robles, pues su teléfono, junto a los de los ministros Marlaska y Planas y el de Sánchez, fueron los espiados. A nivel interno, Robles ha sufrido críticas desde asociaciones de militares que exigieron durante años que se les declarase de “alto riesgo”, mejoras salariales o de recursos. La última en Ceuta, donde piden más capacidad de actuación.
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