El Sindicato Médico de Sevilla (SMS) ha hecho pública una agresión que ha tenido lugar esta mañana en el Centro de Salud de Amante Laffon en Sevilla hacia uno de los médicos. Como relata en un comunicado, una paciente ha esparcido sus propias heces en la consulta tras ser informada de que su situación no requería atención de urgencia, ya que no presentaba
La mujer reclamaba de forma imperativa la realización de pruebas diagnósticas, entre ellas un análisis para el cual debía aportar una muestra de heces que no había entregado en su momento. No obstante, al valorar que no existía una urgencia real, el personal la orientó para que acudiera a su médico de cabecera en una consulta ordinaria.
Concretamente, “en presencia del profesional sanitario, ha abierto el bote donde contenía las heces para la prueba y ha comenzado a esparcirlas en la mesa de trabajo de la consulta, interrumpiendo en sí la dinámica del día a día de la misma y teniendo que recurrir a los equipos de limpieza y desinfección del Centro de Salud”, ha expresado el sindicato.
PUBLICIDAD
Debido a la gravedad de los hechos, el agredido ha asegurado que impondrá una denuncia “por los cauces oficiales”. Asimismo, desde el Sindicato Médico de Sevilla han activado el P13 (protocolo oficial del Servicio Andaluz de Salud para la comunicación de riesgos laborales y propuestas de mejora) “aludiendo a los riesgos biológicos que conlleva el esparcimiento de las heces en la consulta”.
La tercera agresión a personal médico en menos de 10 días
Los hechos que han ocurrido esta mañana en el centro de Amante Laffon se suman a otras dos denuncias previas en la misma provincia. Y es que, apenas 24 horas antes de informar sobre este suceso, el sindicato condenaba públicamente dos graves incidentes violentos. El primero tuvo lugar el pasado miércoles 5 de agosto en el Centro de Salud Príncipe de Asturias de Utrera. Una médica de familia, al regresar a su consulta tras atender una urgencia —en un centro que carece de servicio específico para urgencias, obligando a los profesionales a compaginar una doble agenda de consultas y emergencias—, se encontró a una paciente en el interior exigiendo atención inmediata.
La mujer, que contaba con antecedentes violentos, demandaba agresivamente la prescripción de psicofármacos no pautados. Al no existir vigilantes de seguridad en el centro, la agresora comenzó a golpear la mesa y la puerta, profiriendo amenazas e insultos. La facultativa logró que se marchara al avisar a un compañero para llamar a la Guardia Civil, ante la cual ya ha presentado denuncia, encontrándose actualmente de baja médica por las secuelas de la agresión.
PUBLICIDAD
Días más tarde, el martes 11 de agosto, hubo un segundo ataque en el Centro de Salud de Pilas. Un paciente exigió de forma agresiva que se le realizara una cura programada fuera de su horario de urgencias. Cuando el equipo de guardia le explicó que no era una emergencia no demorable, el usuario comenzó a insultar, alzar la voz y levantó sus muletas en actitud violenta. Ante el peligro, el personal pulsó el botón del pánico y alertó a las fuerzas de seguridad. Dos enfermeras y una celadora tuvieron que encerrarse en una consulta por seguridad, sufriendo cuadros de ansiedad. Los médicos denunciaron los hechos ante la Guardia Civil y cumplimentaron el parte de agresión (CATI).
La frustración no puede “descargarse sobre quienes están trabajando para atenderlos”
Estas agresiones han hecho que el sindicato exija “tolerancia cero frente a cualquier forma de violencia en los centros sanitarios y pedimos, una vez más, al Servicio Andaluz de Salud que tome medidas reales y eficaces para proteger a sus profesionales sanitarios”. Asimismo, el SMS ha denunciado “la deficiente gestión de la demora de la atención sanitaria en el sistema, que se convierte en autodemanda como urgencia de consultas que no lo son por parte de la población y pueden derivar en actitudes y conductas violentas”, lo que lleva a situaciones “vergonzantes como la vivida”, afirma en el comunicado.
Asimismo, desde la organización se enfatiza que las deficiencias del sistema no son excusa para acometer estos actos: “La presión asistencial, las demoras o la frustración de algunos usuarios nunca pueden descargarse sobre quienes están trabajando para atenderlos”. Además, advierten que “agredir, amenazar o insultar a un profesional sanitario no mejora la asistencia: la deteriora, genera miedo y pone en riesgo la calidad del servicio”.
PUBLICIDAD