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Desde ejercicios personalizados a fisioterapia: alternativas para la estenosis lumbar más allá de la cirugía

En los últimos años, diversos estudios han demostrado que el tratamiento conservador más eficaz para esta afección médica no es el reposo, sino el movimiento

Persona sentada en una silla de oficina se lleva la mano a la espalda baja mientras trabaja. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El dolor de espalda que obliga a detenerse tras caminar unos pocos metros, se irradia a las piernas, da sensación de pesadez y debilidad y solo mejora al inclinarse hacia adelante, son síntomas típicos de la estenosis espinal lumbar, una de las principales causas de discapacidad después de los 60 años. Una afección que se prevé que sea cada vez más común a medida que la población envejece.

Para muchos pacientes, oír la palabra “estenosis” les hace pensar inmediatamente en cirugía. En realidad, no siempre es así. Las guías internacionales más recientes indican que, en las formas leves o moderadas y en ausencia de déficits neurológicos significativos, el enfoque inicial debe ser conservador, combinando ejercicio terapéutico, rehabilitación y estrategias personalizadas para reducir el dolor y mejorar la calidad de vida.

En los últimos años, estos estudios han demostrado que el tratamiento conservador más eficaz no es el reposo, sino el movimiento. Los programas de fisioterapia personalizados que fortalecen los músculos abdominales profundos, paravertebrales, glúteos y de las extremidades inferiores mejoran la estabilidad de la columna, reducen el dolor y permiten a muchos pacientes aumentar la distancia que pueden caminar. Además, trabajar el equilibrio, la postura y la movilidad articular también ayuda a reducir el riesgo de caídas, que es especialmente elevado en las personas mayores.

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Qué es la estenosis lumbar y cómo tratarla

La estenosis es un estrechamiento del espacio que alberga la médula espinal y las raíces nerviosas. Con la edad, los discos intervertebrales, las articulaciones y los ligamentos tienden a engrosarse y degenerarse, comprimiendo progresivamente las estructuras nerviosas. Los síntomas más comunes son dolor lumbar, ciática, hormigueo, pérdida de fuerza y, especialmente, claudicación neurogénica.

La importancia de la terapia manual ante los dolores lumbares. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por eso, además del ejercicio, hoy en día hay muchos más tratamientos que funcionan según los expertos. Uno de ellos es la fisioterapia, pero más allá de masajes o aplicaciones instrumentales. Este método se centra en la terapia manual, movilizaciones articulares, ejercicios de flexión, reeducación de la marcha, entrenamiento propioceptivo y la descompresión espinal no quirúrgica. Esta última es la que despierta mayor interés entre los pacientes, pues reduce temporalmente la carga sobre los discos y las articulaciones espinales posteriores.

Muchos otros pacientes utilizan plantillas en los zapatos, pero por sí solas no corrigen el estrechamiento del canal espinal, deben ir acompañadas de un programa de rehabilitación más amplio. Tampoco hay evidencia científica sobre la eficacia de la terapia con ondas de choque o de oxígeno y ozono. Lo que sí se puede considerar son las inyecciones epidurales con corticosteroides y anestésicos, pero el objetivo de estas, además de no ser permanentes, no es curar la estenosis, sino reducir la inflamación de las raíces nerviosas.

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Soluciones de cara al futuro

La investigación también mira más allá: se están desarrollando programas de rehabilitación asistidos por IA, sistemas portátiles para monitorizar la marcha, exoesqueletos para la recuperación motora, técnicas de neuromodulación del dolor y procedimientos mínimamente invasivos cada vez menos traumáticos. El objetivo es retrasar o evitar la cirugía en pacientes que aún pueden beneficiarse de un tratamiento conservador.

Un hombre se frota la parte baja de la espalda mientras se sienta en la cama, experimentando dolor o rigidez articular al despertar por la mañana en su dormitorio. (Freepik)

Sin embargo, hay situaciones en las que la cirugía no se puede posponer. La presencia de déficits neurológicos progresivos, pérdida significativa de fuerza, alteración del control de la vejiga o el intestino, síndrome de cauda equina o limitación funcional grave a pesar de meses de terapia conservadora son indicaciones bien establecidas para la descompresión quirúrgica.