La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió el pasado 3 de julio que los eventos meteorológicos extremos se intensificarán en todo el mundo por la llegada de El Niño. Este fenómeno climático natural se presenta cada dos a siete años y suele extenderse entre 9 y 12 meses. Celeste Saulo, Secretaria General de la OMM, resaltaba en ese momento que: “Ya se observan condiciones características de un episodio de El Niño, y se prevé que se intensifiquen rápidamente hasta convertirse en un episodio fuerte”. Pero, ¿cuál será su impacto? La experta determinaba que aumentarán “las probabilidades de sequías y lluvias intensas, así como el riesgo de olas de calor terrestres y marinas en muchas regiones del mundo”.
Menos de veinte días después, los efectos se han empezado a observar en el continente europeo. Por ejemplo, en Francia se ha sufrido una dura ola de calor con restricciones severas de agua potable y la peor cosecha de maíz en décadas. Aunque esto mismo ya se pudo ver con la primera ola de calor del año el pasado mes de junio, con cada episodio se incrementan las pérdidas y las restricciones. En este contexto, el doctor Micha Werner, de IHE Delft, destaca para Euronews que la sequía “afecta a los sistemas alimentarios, a la producción de energía, a las economías, a los ecosistemas y al bienestar humano”.
De forma paralela, las vías fluviales europeas han sufrido descensos históricos. Y es que el calor ha secado casi por completo alguno de los ríos más reconocidos, lo que amenaza el transporte fluvial y ha hecho que las casas flotantes de Nimega en Países Bajos, se sostengan en barro, en lugar del agua característica de sus canales. Esto sucedió justo cuando el país declaró el nivel 2 por escasez de agua extrema. Una situación que no se repetía desde el 2 de agosto de 2022; aunque no ha sobrepasado el nivel 3, definido como “crisis hídrica”, desde 2003. En resumen, Jan Verkade, del Instituto neerlandés de investigaciones en Delft, resume: “Las sequías son las nuevas inundaciones”, según lo que recoge la CNN.
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Países Bajos no descarta que “la situación evolucione hacia una escasez de agua más grave”
Países Bajos es uno de los países europeos más azotados este verano por las sucesivas olas de calor, que están secando sus ríos y amenazando el suministro de agua. La climatóloga Hannah Cloke asegura que “esto no es una cuestión de mala suerte”, responde a la CNN. Por eso insiste en que debemos concienciarnos de que “el calor seca el suelo, reduce el caudal de los ríos y al mismo tiempo aumenta la demanda de agua. Esa es la huella de un clima cambiante”.
Marjolein Mens, experta del Instituto de Delft, coincide en que la crisis se acelera. “Todo indica que estamos llegando a ese punto mucho antes de lo que pensábamos… realmente encaja con el peor escenario previsto para la crisis climática”, augura. Por lo que la predicción que comparten los expertos determina que “este año volverá a ser una llamada de atención”. Ante la grave situación hídrica que vive el país, un portavoz del Ministerio de Infraestructura y Gestión del Agua (IenW) explica que: “Si las temperaturas se mantienen altas y las precipitaciones siguen siendo escasas, no podemos descartar que la situación evolucione hacia una escasez de agua más grave”.
Por este motivo, desde el ministerio han detallado medidas excepcionales de coordinación regional para regular el consumo de agua subterránea y limitar la frecuencia de operación de las esclusas. La agencia Rijkswaterstaat, órgano ejecutor de estas indicaciones, ya ha comenzado con los bombeos de emergencia y del complejo de presas y esclusas de Hagestein para reconducir el agua dulce y frenar la salinización de los ríos occidentales de los Países Bajos.
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Los mercantes no pueden navegar por los ríos europeos
La crisis fluvial también golpea a Alemania. El Rin sufre un estrangulamiento logístico crítico. Aunque las lluvias recientes en el suroeste del país trajeron un ligero aumento del agua, la persistente escasez hídrica ha reducido la profundidad del río a 45 centímetros, dejando al estrecho de Kaub innavegable, según Reuters.
Esto ha obligado a los buques mercantes a navegar a menos del 20% de su capacidad, requiriendo distribuir la carga —como carbón, minerales, menas y productos derivados del petróleo— en varias embarcaciones. Como consecuencia, los costes de flete desde Róterdam hasta Karlsruhe se han disparado hasta situarse en 110-120 euros por tonelada, frente a los escasos 45 euros de finales de junio. La gravedad de la situación ha quedado patente cuando un crucero de pasajeros encalló a mediados de julio en la ciudad de Bonn y debió ser remolcado durante varias horas.
Pero en Europa del Este la situación no es muy diferente. En Rumanía, el caudal del Danubio ha caído a su nivel más bajo desde 1996. Y es que el caudal de entrada se ha desplomado a apenas 1.700 metros cúbicos por segundo un domingo de julio, muy lejos de su media habitual de 4.700 para estas fechas.
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Esta drástica reducción ha expuesto largas lenguas de arena en la frontera con Bulgaria, forzando la suspensión de ferris y dejando inactivas a las barcazas de cereales, lo que supone un golpe directo para uno de los mayores exportadores de grano de la Unión Europea. Para mitigar el impacto, las autoridades han impuesto restricciones de riego a los agricultores del sureste y han regulado los embalses para asegurar los niveles mínimos de agua necesarios para la refrigeración de los dos reactores de la central nuclear estatal Nuclearelectrica.
¿Qué hay de España?
En cambio, la situación hídrica en España, según el informe de junio de 2026 de la Confederación Hidrográfica del Júcar, muestra un escenario general de normalidad, pero con focos de preocupación severa en el este peninsular. En cuanto a la escasez coyuntural, es decir, la dificultad para atender las demandas, la mayoría de las unidades territoriales se encuentran en un estado de normalidad. No obstante, existen desequilibrios críticos: la Marina Baja se sitúa en un escenario de ‘escasez severa’ (alerta) con un índice de 0,27, debido a los bajos niveles en los embalses de Amadorio y Guadalest.
Asimismo, el Serpis permanece en ‘escasez moderada’ (prealerta) con un indicador de 0,47. El organismo de cuenca realiza un seguimiento constante para mitigar el impacto en el suministro. Por el contrario, en la categoría de sequía prolongada (origen meteorológico), ninguna unidad de la demarcación se encuentra actualmente en este estado, pues todos los índices se mantienen por encima del umbral de 0,30. Pese a esta relativa estabilidad, la llegada de sucesivas olas de calor extremo a la península, con previsiones de hasta 44 ºC, mantiene en alerta al país ante el previsible aumento del estrés hídrico.
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Esta situación se debe, como recuerda Cloke, a que “los ríos tienen una memoria muy larga”. Por este mismo motivo, el déficit que se observa en otros países de Europa “refleja meses de ausencia de lluvias, no solo dos semanas de calor” y “no puede solucionarse con unos pocos chubascos”. En resumen, lanza un último mensaje: “Veranos como este están convirtiéndose en parte de la nueva normalidad y seguirán empeorando mientras continuemos quemando combustibles fósiles. Esa es la simple física del problema”.