Las personas nacidas antes de los años 90 pertenecen a la última generación que vivió su infancia y adolescencia sin teléfono móvil, redes sociales o internet. Según cada vez más psicólogos y sociólogos, esta experiencia les proporcionó una ventaja psicológica que hoy resulta menos habitual, que es la capacidad de prestar plena atención a la persona con la que hablan durante una conversación cara a cara. Sin embargo, los especialistas también recuerdan que estas diferencias no dependen únicamente del año de nacimiento, sino de factores como la educación, el entorno familiar y las experiencias de cada individuo.
El ningufoneo o phubbing es el acto de ignorar a otra persona en medio de una conversación o el entorno para prestar atención al teléfono, un término que ha nacido con el contexto de las nuevas tecnologías y el auge de las redes virtuales. Es precisamente un estudio de este fenómeno el que se ha publicado en la revista de Psicología Social Aplicada en el que investigan sobre cómo le afecta a las personas la interrupción en una conversación debido a un mensaje de texto.
Hace 30 años las conexiones y conversaciones se desarrollaban de una manera muy diferente a la actual. Las personas se sentaban a la mesa sin teléfono móvil y los niños no tenían una tablet con un repertorio de vídeos infinito. Pero no sólo esto, cuando se encontraban con un vecino en el ascensor saludaban o esperaban al autobús sin mirar el móvil. Esa ausencia de una posible notificación o la necesidad de mirar el móvil favorecía el afecto, las necesidades humanas y las conexiones reales.
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Los psicólogos destacan este comportamiento como un fenómeno social contemporáneo que merece ser estudiado en profundidad. Cuando hay atención en una conversación, las necesidades emocionales de conexión quedan satisfechas. Además se proporciona a la otra persona la escucha activa, una habilidad que deteriorada actualmente.
Mayor respeto hacia la otra persona
Según los profesionales de la salud mental, las generaciones que crecieron antes de la omnipresencia de la tecnología digital desarrollaron una mayor capacidad para tolerar la espera de noticias, el silencio o el aburrimiento sin sentir la necesidad de consultar una pantalla.
Por el contrario, muchos jóvenes viven con la presión constante de mantenerse conectado por el miedo a perderse información o conviven con el subidón de dopamina que da un ‘me gusta’. Este hábito fragmenta la atención y, en ocasiones, dificulta las interacciones cara a cara, lo que para la persona que cuenta una historia o habla de sus emociones también podría ser interpretado como una falta de respeto. El estudio liderado por Karen M. Douglas y Varoth Chotpitayasunondh abre camino a la investigación de cómo el phubbing empeora la calidad de las necesidades humanas y reduce el afecto.
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Los expertos destacan que las generaciones anteriores tenían más calidad en las conversaciones y satisfacción en sus relaciones. Más allá de la simple cortesía, los expertos recuerdan que la calidad de la atención desempeña un papel importante en el mantenimiento de relaciones sanas, la autoestima, la sensación de pertenencia y las experiencias significativas.
Por otra parte, merece la pena reflexionar sobre los estereotipos generacionales. Aunque es común asociar determinados rasgos a personas nacidas en una misma década, muchas de esas diferencias obedecen más bien a la etapa de la vida en la que se encuentran o al entorno social en el que han crecido. No existe una generación superior a otra, cada una ha desarrollado competencias específicas que responden a las adversidades y oportunidades de la época.